Esa agradable sensación de satisfacción tras una comida copiosa puede desaparecer en cuestión de minutos cuando llega la hinchazón, la presión abdominal y los gases. Una situación habitual después de celebraciones, comidas familiares o excesos puntuales que, aunque común, resulta incómoda y a veces dolorosa. Frente a infusiones, posturas imposibles o resignación en el sofá, una doctora especializada en aparato digestivo tiene un consejo sorprendentemente sencillo: salir a caminar.
La sudadera de sherpa de Decathlon perfecta para salir a caminar en invierno. (Pexels/ Liza Summer)
Durante años, este consejo fue más una recomendación tradicional que una práctica respaldada por datos científicos. Sin embargo, a mediados de los años 2000, investigadores de Barcelona decidieron comprobarlo en laboratorio. En sus experimentos, voluntarios sanos realizaron ejercicio muy moderado, como pedalear a un ritmo equivalente a unos 11 kilómetros por hora, mientras se medía de forma precisa el gas presente y expulsado en el intestino. Los resultados fueron claros. En reposo, el gas tendía a acumularse. En cambio, tras breves periodos de actividad física suave, la cantidad de gas expulsada superaba incluso la que se había introducido de forma experimental. Es decir, el movimiento no solo ayudaba a eliminar el gas generado tras la comida, sino también el que ya estaba presente previamente. Después de caminar, el cuerpo estaba objetivamente “menos hinchado” que antes.
El efecto no se limita a personas sanas. En un segundo estudio, los investigadores analizaron a pacientes propensos a la hinchazón y al malestar abdominal, como quienes padecen síndrome del intestino irritable. En estos casos, el ejercicio leve redujo la cantidad de gas retenido y mejoró síntomas como la presión, la distensión y los ruidos intestinales. Todo ello medido con métodos tan precisos como poco glamurizados, que incluían dispositivos específicos para cuantificar el gas intestinal en condiciones controladas.
No es necesario caminar 10.000 pasos al día. (Pexels)
Además de caminar, la postura también importa. Pasricha recuerda que el gas intestinal se desplaza aproximadamente un 33 % más eficientemente cuando estamos sentados en posición vertical que cuando permanecemos tumbados. Por eso, aunque la tentación del sofá sea fuerte después de comer, tumbarse puede empeorar la sensación de hinchazón en lugar de aliviarla.
Conviene recordar que el cuerpo humano produce una cantidad considerable de gas cada día, alrededor de medio galón, generado tanto al tragar aire como por la fermentación de alimentos en el intestino. Aun así, gracias a mecanismos muy eficientes de expulsión y absorción, la cantidad de gas presente en el aparato digestivo suele ser mínima. El problema aparece cuando ese equilibrio se altera, algo frecuente tras comidas abundantes, ricas en fibra, grasas o ciertos azúcares. El paseo digestivo, además, tiene beneficios añadidos. Diversos estudios han demostrado que caminar unos 15 minutos después de comer ayuda a reducir los picos de glucosa en sangre, más incluso que hacerlo antes de la comida. Convertir este hábito en una rutina puede mejorar a largo plazo marcadores relacionados con la prediabetes y la diabetes.
Esa agradable sensación de satisfacción tras una comida copiosa puede desaparecer en cuestión de minutos cuando llega la hinchazón, la presión abdominal y los gases. Una situación habitual después de celebraciones, comidas familiares o excesos puntuales que, aunque común, resulta incómoda y a veces dolorosa. Frente a infusiones, posturas imposibles o resignación en el sofá, una doctora especializada en aparato digestivo tiene un consejo sorprendentemente sencillo: salir a caminar.