Cada vez más especialistas en comportamiento animal alertan sobre un error frecuente en la convivencia con perros: pensar que quererlos implica permitirles cualquier cosa. Así lo defiende Alan Peiró en una reciente entrevista concedida a Mundo Deportivo, donde aborda uno de los problemas más habituales entre los tutores: confundir el afecto con la ausencia de normas.
“La gente confunde el querer con malcriar”, afirma el adiestrador con rotundidad. Según explica, muchos conflictos en casa —desde ladridos constantes hasta problemas de obediencia— comienzan cuando no se establecen límites claros desde el principio. Para Peiró, permitir cualquier conducta no es una muestra de amor, sino una fuente de confusión para el animal.
Aunque evita comparar directamente a los perros con los niños para no fomentar la humanización, sí recurre a ejemplos cotidianos que invitan a la reflexión. Uno de los más comunes es el momento de la comida. “Hay gente que me dice: ‘Yo es que quiero mucho a mi perro, no le voy a decir que no a la mesa cuando estoy comiendo’”, relata. Ante esa situación, lanza una pregunta incómoda pero reveladora: “¿Con tu hijo no lo harías?”. La clave, sostiene, está en entender que las normas básicas ayudan a crear un entorno previsible y equilibrado.
A través de sus intervenciones públicas y de su actividad en redes sociales, el adiestrador insiste en un mensaje que cada vez comparten más profesionales: educar no es reprimir, sino ofrecer seguridad. Los perros necesitan coherencia, rutinas y normas comprensibles para desenvolverse con tranquilidad en un entorno humano.
Cada vez más especialistas en comportamiento animal alertan sobre un error frecuente en la convivencia con perros: pensar que quererlos implica permitirles cualquier cosa. Así lo defiende Alan Peiró en una reciente entrevista concedida a Mundo Deportivo, donde aborda uno de los problemas más habituales entre los tutores: confundir el afecto con la ausencia de normas.