Con el paso de los años, el cuerpo experimenta cambios que obligan a adaptar muchos hábitos cotidianos. La alimentación, el descanso o la actividad física suelen ser los aspectos que más se revisan cuando se llega a cierta edad, pero hay otro factor que también conviene tener en cuenta: la higiene. Aunque ducharse a diario se considera una rutina saludable en la edad adulta, algunos especialistas advierten de que, a partir de los 65 años, esta práctica podría no ser la más adecuada para la piel.
Diversos estudios apuntan a que el envejecimiento provoca transformaciones importantes en la estructura cutánea. Según investigaciones del Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale (INSERM), con el paso del tiempo la dermis pierde grosor y firmeza, se vuelve más sensible y queda más expuesta a los factores externos. Esto hace que la piel sea más vulnerable a la sequedad, la irritación o la aparición de pequeñas lesiones si se somete a lavados excesivos o a productos demasiado agresivos.
Las duchas abiertas son más accesibles. (Pexels/ Ron Lach)
Por este motivo, algunos expertos recomiendan reducir la frecuencia de las duchas completas en personas mayores. En muchos casos, ducharse cada dos días sería suficiente para mantener una correcta higiene corporal sin alterar el equilibrio natural de la piel. Esta pauta permitiría conservar mejor los lípidos protectores que actúan como barrera frente a la deshidratación y otros agentes externos, ayudando además a mantener la suavidad y elasticidad cutánea.
El uso frecuente de jabones perfumados o geles con ingredientes artificiales también puede agravar el problema. Estos productos tienden a eliminar los aceites naturales de la piel, provocando tirantez, enrojecimiento o picazón, síntomas que suelen intensificarse en zonas como los brazos y las piernas. Por ello, los especialistas recomiendan optar por productos más suaves y específicos para pieles sensibles, especialmente en personas de edad avanzada.
Geles de ducha recomendados por dermatólogos (Pexels)
En determinados casos, como personas con problemas articulares, movilidad reducida o enfermedades como la demencia, ducharse cada día puede resultar especialmente agotador. Además, algunos mayores experimentan incomodidad o estrés al necesitar ayuda para bañarse, ya que la pérdida de privacidad puede generar sentimientos de vergüenza o dependencia. Adaptar la rutina de higiene a cada situación personal puede contribuir a mejorar su bienestar físico y emocional.
Con el paso de los años, el cuerpo experimenta cambios que obligan a adaptar muchos hábitos cotidianos. La alimentación, el descanso o la actividad física suelen ser los aspectos que más se revisan cuando se llega a cierta edad, pero hay otro factor que también conviene tener en cuenta: la higiene. Aunque ducharse a diario se considera una rutina saludable en la edad adulta, algunos especialistas advierten de que, a partir de los 65 años, esta práctica podría no ser la más adecuada para la piel.