Borja Quiroga, nefrólogo, sobre beber agua para eliminar una piedra: "Se va a dilatar más el uréter y, por tanto, me va a generar más dolor"
El especialista advierte de que aumentar la ingesta puede empeorar el dolor, la clave está en la prevención, no en la reacción cuando el cálculo ya ha aparecido
El nefrólogo Borja Quiroga, médico del Servicio de Nefrología del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid. (Pódcast Comiendo con María)
Los cálculos renales son una afección más frecuente de lo que parece. Según la Real Academia Nacional de Medicina en España, alrededor de un 10% de la población experimentará algún episodio de este tipo a lo largo de su vida. Se trata de una dolencia que aparece cuando la orina se concentra en exceso y los minerales terminan cristalizando, formando pequeñas piedras que pueden provocar molestias intensas.
A pesar de su frecuencia, siguen existiendo ideas equivocadas sobre cómo actuar una vez aparecen. Una de las más extendidas es la creencia de que beber grandes cantidades de agua ayuda a expulsarlas más rápido. Sin embargo, el nefrólogo Borja Quiroga ha advertido que esta práctica no solo no ayuda, sino que puede empeorar la situación.
El nefrólogo Borja Quiroga. (YouTube: Comiendo con María)
Tal y como explica el especialista, médico del Servicio de Nefrología del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid, aumentar la ingesta de líquidos en pleno episodio no es recomendable. En su intervención en el pódcast ‘Comiendo con María’, el experto es tajante: “nunca se debe aumentar la ingesta de agua para eliminar una piedra”.
El motivo tiene que ver con la propia fisiología del problema. Cuando ya existe una obstrucción en las vías urinarias, introducir más líquido puede generar una mayor presión interna. En palabras del propio Quiroga, “si yo le enchufo más agua (…) se va a dilatar más el uréter y, por tanto, me va a generar más dolor”. Esta dilatación, lejos de facilitar la expulsión, incrementa las molestias asociadas al cálculo renal, que ya de por sí pueden ser muy intensas.
El error, según los expertos, está en confundir prevención con tratamiento. Beber suficiente agua sí es fundamental para evitar la formación de cálculos, pero no actúa del mismo modo cuando estos ya se han desarrollado.
Beber abundante agua para mantenernos hidratados. (Pexels)
Las recomendaciones preventivas incluyen una hidratación adecuada —entre dos litros y medio y tres al día—, junto a una dieta equilibrada con reducción de sal, consumo de calcio y alimentos cítricos. Estas pautas ayudan a evitar que los minerales se acumulen en la orina. Sin embargo, una vez aparece la piedra, el enfoque cambia por completo. El objetivo principal pasa a ser controlar el dolor mientras el cuerpo realiza su proceso natural.
Quiroga insiste en que, en la mayoría de los casos, el cálculo termina expulsándose por sí solo. Por ello, el tratamiento se centra en hacer ese proceso más llevadero. “La piedra va a terminar saliendo sola. Lo que hay que tratar es el dolor”, señala. Este enfoque pone el foco en el acompañamiento del proceso más que en intentar acelerarlo de forma incorrecta. Comprender esta diferencia puede evitar errores habituales que, lejos de ayudar, pueden agravar la experiencia del paciente.
Los cálculos renales son una afección más frecuente de lo que parece. Según la Real Academia Nacional de Medicina en España, alrededor de un 10% de la población experimentará algún episodio de este tipo a lo largo de su vida. Se trata de una dolencia que aparece cuando la orina se concentra en exceso y los minerales terminan cristalizando, formando pequeñas piedras que pueden provocar molestias intensas.