Alba Cardalda, psicóloga: "Cada uno interpreta bajo su prisma la conducta o los comportamientos del otro"
La psicóloga recuerda que una relación mejora cuando dejamos de reaccionar solo desde nuestra lógica y aprendemos a identificar qué necesita realmente la otra persona
La psicóloga habla sobre como los límites en una relación son necesarios (@albacardalda.psicologia)
Muchas fricciones en pareja, en familia o incluso entre amigos no nacen de una mala intención, sino de algo mucho más cotidiano: dar por hecho que el otro necesita lo mismo que necesitaríamos nosotros. La psicóloga Alba Cardalda pone el foco precisamente en ese error frecuente y recuerda que la empatía real no consiste en reaccionar como a uno le gustaría, sino en aprender a identificar qué espera o qué necesita la otra persona en ese momento.
Su reflexión parte de una idea sencilla, pero muy útil para entender muchos malentendidos. No todo el mundo se siente cuidado de la misma manera. Hay personas que, después de un mal día, necesitan hablar, desahogarse y sentir que alguien les pregunta qué les pasa. Otras, en cambio, agradecen justo lo contrario: silencio, espacio, una ducha tranquila y tiempo para recolocarse antes de compartir nada.
El problema aparece cuando uno responde automáticamente desde su propio patrón. Ahí, lo que se ofrece con buena intención puede no encajar en absoluto con lo que el otro está necesitando. Cardalda lo resume al señalar que cada uno interpreta la conducta ajena desde su propia forma de ver y sentir, y eso hace que un mismo gesto pueda leerse de maneras completamente distintas.
Por ejemplo, quien necesita una conversación puede sentir distancia o frialdad si la otra persona le deja espacio. Y, al revés, quien necesita silencio puede sentirse invadido si le insisten en hablar justo cuando está intentando calmarse. No es que uno quiera cuidar y el otro no; es que ambos están entendiendo el cuidado desde lugares diferentes.
Ahí está una de las claves de su planteamiento: la empatía no pasa por aplicar la misma fórmula a todo el mundo, sino por afinar la mirada. Es decir, dejar de pensar “yo en tu lugar querría esto” y empezar a preguntarse “tú, en tu lugar, qué necesitas realmente”. Ese pequeño desplazamiento cambia bastante la manera de relacionarse.
Cardalda plantea así una forma de vínculo más atenta y menos automática. No se trata solo de escuchar lo que el otro dice, sino también de aprender cómo funciona emocionalmente, qué le calma, qué le sobrecarga y qué tipo de respuesta le hace sentir acompañado de verdad. Cuidar mejor tiene mucho que ver con conocer mejor.
Red flags en las relaciones de pareja. (Pexels)
Su reflexión también ayuda a entender por qué a veces dos personas que se quieren terminan sintiéndose poco comprendidas. No siempre falta afecto; en muchas ocasiones falta traducción emocional. Cada uno está intentando hacer lo correcto, pero desde su propio idioma interno, sin detenerse a comprobar si ese lenguaje le sirve también al otro.
Por eso, uno de los gestos que más pueden mejorar una relación no es necesariamente hablar más, sino aprender a ajustar la respuesta. A veces será preguntar. Otras, esperar. A veces tocará acompañar de cerca y otras veces acompañar desde cierta distancia. La diferencia está en no imponer una única manera de estar para todos.
Muchas fricciones en pareja, en familia o incluso entre amigos no nacen de una mala intención, sino de algo mucho más cotidiano: dar por hecho que el otro necesita lo mismo que necesitaríamos nosotros. La psicóloga Alba Cardalda pone el foco precisamente en ese error frecuente y recuerda que la empatía real no consiste en reaccionar como a uno le gustaría, sino en aprender a identificar qué espera o qué necesita la otra persona en ese momento.