De la tiara de las Nueve Provincias a las perlas de Maud: los grandes looks de Matilde de Bélgica y Sonia de Noruega en la cena de gala en Oslo
El Palacio Real de Oslo se ha convertido en el escenario elegido para recibir a los Reyes de Bélgica con motivo de su visita al país escandinavo, en el marco del banquete celebrado en su honor
Las primeras horas del viaje de Estado de los reyes de Bélgica a Oslo han estado marcadas por el recibimiento oficial a su llegada. El príncipe Haakon acudió en solitario al aeropuerto para dar la bienvenida a Felipe y Matilde, tras lo cual se celebró la ceremonia oficial junto a los reyes Harald y Sonia. La sorpresa llegó después, cuando Mette-Marit, que no tenía previsto participar, reapareció públicamente durante una audiencia, retomando así su agenda oficial tras casi dos meses alejada por motivos de salud.
Sin embargo, la princesa heredera no pudo asistir al acto principal de la jornada: la cena de gala celebrada en el Palacio Real de Oslo. Una cita que, como marca el protocolo, exige una estricta etiqueta. Mientras que los hombres deben vestir esmoquin, ellas optan por vestidos largos hasta el suelo, combinados con zapatos de tacón alto, bolso de mano y joyas elegantes.
Este tipo de eventos suele convertirse en el escenario perfecto para desplegar algunos de los mejores estilismos, como ocurrió en esta ocasión con anfitriona e invitada. Matilde, fiel a su estilo siempre impecable, recuperó uno de sus vestidos más aclamados: un diseño a medida de Armani en delicado encaje dorado. De mangas largas y silueta recta, ligeramente entallado en la cintura, cae con fluidez hasta los pies y presenta un escote cerrado que refuerza su elegancia clásica y sofisticada.
No era la primera vez que lo lucía. La reina consorte belga lo estrenó en 2019, durante la entronización del emperador Naruhito de Japón, una ceremonia que reunió a numerosas casas reales, entre ellas la de doña Letizia o Máxima de Holanda. Como entonces, completó el conjunto con la tiara de las Nueve Provincias, su elección habitual en visitas de Estado, una imponente pieza de diamantes con superestructura sobre la diadema.
Por su parte, Sonia de Noruega se decantó por un diseño mucho más clásico, sin renunciar a la elegancia. Eligió un vestido en tono rosa empolvado con encaje gris plateado superpuesto. Al igual que Matilde, no se trataba de un estreno, ya que lo ha lucido en anteriores cenas de este tipo.
Una noche noche en la que Sonia de Noruega ha lucido la histórica tiara de perlas de la reina Maud, una pieza creada en 1896 como regalo de los entonces príncipes de Gales, futuros Eduardo VII y la reina Alejandra. Elaborada con perlas naturales en forma de perilla y dispuestas en degradado desde el centro, refleja el gusto por las joyas historicistas de finales del siglo XIX. Tras permanecer décadas sin aparecer en público tras la muerte de Maud, la Reina la recuperó a finales de los años 60, y hoy continúa formando parte esencial del joyero real, aunque la pieza original fue robada en 1995 durante una restauración y sustituida por una reproducción extremadamente fiel que es la que se conserva y se utiliza en la actualidad.
Las mesas del Gran Comedor están dispuestas para 184 comensales y la lista de invitados reúne a representantes de las autoridades noruegas, así como a destacadas figuras de la sociedad, la empresa y la cultura de Noruega y Bélgica. Sin embargo, todas las miradas se centran en Haakon, que ha acudido en solitario ante la ausencia de Mette-Marit, marcada por su delicada situación personal y de salud.
Las primeras horas del viaje de Estado de los reyes de Bélgica a Oslo han estado marcadas por el recibimiento oficial a su llegada. El príncipe Haakon acudió en solitario al aeropuerto para dar la bienvenida a Felipe y Matilde, tras lo cual se celebró la ceremonia oficial junto a los reyes Harald y Sonia. La sorpresa llegó después, cuando Mette-Marit, que no tenía previsto participar, reapareció públicamente durante una audiencia, retomando así su agenda oficial tras casi dos meses alejada por motivos de salud.