Un estudio relaciona levantarse a la misma hora (incluso los fines de semana) con una mejor calidad del sueño
Más allá de las horas que se duermen, la forma en que se organizan los horarios empieza a ganar protagonismo en las recomendaciones de los expertos en sueño
Todo es un ciclo: más dificultad para dormir, más inflamación, más estrés… y el ciclo se repite (iStock)
Dormir bien no depende únicamente de acostarse pronto ni de alcanzar una cifra concreta de horas cada noche. La higiene del sueño también tiene que ver con la estabilidad de los horarios, especialmente con la hora a la que una persona se despierta. Aunque muchas veces se intenta compensar el cansancio acumulado durmiendo más durante el fin de semana, los expertos advierten de que alterar demasiado la rutina puede acabar jugando en contra del descanso.
La razón está en el funcionamiento del reloj circadiano, el sistema interno que ayuda al organismo a organizar sus ciclos de actividad y reposo. Cuando una persona se levanta cada día a una hora parecida, el cuerpo recibe una señal estable. Esa referencia facilita que otros procesos, como el estado de alerta durante el día o la preparación para dormir por la noche, se ajusten con mayor facilidad.
Dormir pocas horas de forma habitual puede afectar al rendimiento durante el día. (Freepik)
Uno de los puntos que más destacan los especialistas es la exposición a la luz por la mañana. Al despertarnos y recibir luz natural, el cerebro interpreta que empieza el día. Si ese momento cambia mucho entre semana y fin de semana, el cuerpo puede desajustarse y aparecer esa sensación de cansancio o torpeza típica del lunes, incluso aunque se hayan dormido más horas.
La importancia de esta regularidad aparece recogida en la revisión científica ‘Sleep regularity and health: A systematic review’, publicada en Sleep Medicine Reviews. Este trabajo analizó la relación entre horarios irregulares de sueño y distintos indicadores de salud, y observó asociaciones con peor bienestar mental, metabólico, cardiovascular y cognitivo. Es decir, la irregularidad no solo puede afectar a cómo dormimos, sino también a cómo se comporta el organismo durante el día.
A esta línea se suma el consenso de la National Sleep Foundation, publicado en Sleep Health bajo el título ‘Sleep regularity: A neglected component of healthy sleep’. El planteamiento de los expertos es que la regularidad debería considerarse una parte esencial del buen descanso, igual que la duración o la continuidad del sueño. Dormir mucho un día y poco al siguiente no siempre compensa si el patrón general es caótico.
Por eso, la recomendación no pasa por renunciar al descanso del fin de semana, sino por evitar grandes diferencias de horario. Si una persona necesita recuperar sueño, puede ser más útil acostarse antes que retrasar demasiado la hora de levantarse.
No es práctica para muchos adolescentes la recomendación de dormir 8-10 horas diarias (Pexels).
También ayuda exponerse a la luz natural al empezar el día, ya sea saliendo a caminar, desayunando cerca de una ventana o simplemente abriendo las persianas. Mantener una hora de despertar relativamente constante, incluso sábados y domingos, puede convertirse en una herramienta fácil y realista para mejorar la calidad del sueño sin necesidad de transformar por completo la rutina diaria.
Dormir bien no depende únicamente de acostarse pronto ni de alcanzar una cifra concreta de horas cada noche. La higiene del sueño también tiene que ver con la estabilidad de los horarios, especialmente con la hora a la que una persona se despierta. Aunque muchas veces se intenta compensar el cansancio acumulado durmiendo más durante el fin de semana, los expertos advierten de que alterar demasiado la rutina puede acabar jugando en contra del descanso.