La mejor aliada para el verano es la sandía. (iStock)
Una de las grandes ventajas de la sandía es que aporta volumen sin resultar pesada. Esto ayuda a calmar la sed y también a generar cierta saciedad, algo muy útil cuando el calor reduce el apetito o apetece comer más ligero.
Además de agua, contiene vitaminas, minerales y antioxidantes como el licopeno, responsable de su característico color rojo. Este compuesto también está presente en otros alimentos de tono rojizo y forma parte de una dieta variada y rica en productos frescos.
Perfecta para refrescar e hidratar. (iStock)
Lo ideal es conservar la sandía en la nevera y cortarla justo antes de consumirlapara mantener mejor su frescura. Puede tomarse sola, en dados, en brochetas con otras frutas o en ensaladas con queso fresco, menta o pepino. Su alto contenido en agua ayuda a recuperar sensación de frescor, mientras que su dulzor natural la convierte en una opción apetecible incluso cuando hace mucho calor.
Al final, la sandía reúne todo lo que se busca en una fruta de verano: hidrata, refresca, es ligera y resulta fácil de incorporar a cualquier momento del día. Por eso, frente al melón o el melocotón, la sandía se consolida como una de las grandes aliadas para cuidar el bienestar cuando suben las temperaturas.