vacaciones de verano

San Juan de Luz y Hendaya: 10 razones para viajar hasta la frontera (y cruzarla)

Un castillo junto al mar, dos rocas gemelas, un casino de los años dorados, casas pintorescas, barcos de colores, olas gigantes, talasoterapia y restaurantes para chuparte los dedos. Un lujo

Foto: La playa de Hendaya es una de las mejores de Francia. (Foto: Turismo Hendaya)
La playa de Hendaya es una de las mejores de Francia. (Foto: Turismo Hendaya)

Hendaya y no digamos San Juan de Luz lo tienen todo. Están en otro país, con todo lo que eso significa, pero casi en este (es la ventaja de las fronteras). Allí donde el País Vasco se pone aún más sibarita si cabe y se afrancesa, entre el mar y la montaña, para no elegir, y con balnearios, excelsa gastronomía y rollo surf, para dejar claro su amor al buen vivir. Son elegantes y deportistas a la vez. Pescadoras y surferas, tradicionales y muy 'belle époque', históricas pero cool. Te decimos 10 razones por las que deberías llegar a la frontera, pasando por San Sebastián, a poder ser, y cruzarla. Estos son, oh cielos, los Pirineos Atlánticos. ¡La Aquitania!

Volando sobre el fuerte Sokoa en Ciboure. (Foto: Turismo San Juan de Luz)
Volando sobre el fuerte Sokoa en Ciboure. (Foto: Turismo San Juan de Luz)

1. Están a un tiro de piedra. La primera razón es, sin duda, la cercanía, porque Hendaya está tan cerca de nuestro Irún e incluso de San Sebastián que casi se puede tocar. Solo hay que dejar atrás el fronterizo pico Larrún, donde viven los pottoks, esos caballos de un metro treinta que habitan estas laderas desde hace 12.000 años en semilibertad (lo mejor para verlos es hacer la excursión desde Biriatou a Mont Calvaire) para ponerse en situación. A solo cinco horas en coche de Madrid y a seis desde Barcelona, y a otras tantas en tren desde los mismos destinos y con enlaces después a los ferrocarriles franceses. Eso por no hablar de los vuelos directos (desde 250 euros) al aeropuerto de la ciudad donostiarra y, claro, si estás veraneando allí, junto a la Concha, o alrededores, podrás ir andando, en bicicleta o en barco. Y una vez en destino echar a volar (practicando el flyboard). Esto sí que son vacaciones.

El castillo de Abbadia, otra de las joyas de Hendaya. (Foto: Turismo Hendaya)
El castillo de Abbadia, otra de las joyas de Hendaya. (Foto: Turismo Hendaya)

2. Esas emociones históricas... Tales como visitar la casa donde nació el compositor Maurice Ravel, el del 'Bolero', o donde vivió el pintor Henri Matisse, que se alzan en Ciboure, en la misma bahía de San Juan de Luz, un lugar de una belleza excepcional. También te dejará sin palabras el imponente castillo de Abbadia, un château del siglo XIX en Hendaya sobre un acantilado que fue residencia del científico Antoine d'Abbadie. Además, aquí se casó el Rey Sol en 1660 y aquí están esas mansiones... que le dan un sabor antiguo, soberbio y muy principal. Son las de los armadores que hicieron fortuna en el siglo XVII y que adornan el camino que va del puerto hasta el casco histórico. Es todo tan novelesco... Y en otro orden de cosas, el puerto pesquero desde donde los antiguos marineros vascos salían a pescar (ballenas); palabras mayores.

Así es el perfil de San Juan de Luz.
Así es el perfil de San Juan de Luz.

3. Playas de arena fina. Los tres kilómetros de los que presume Hendaya. Y luego dicen del Caribe... Además del escenario marítimo norteño, está el telón de fondo de las casas neovascas, de gran interés cultural, que la hacen muy pintoresca, y las dos rocas gemelas, Les Deux Jumeaux, que avivan la postal. Es la sexta playa más bella de Francia y está considerada como la pista verde del surf, ideal para principiantes, y también para el 'stand up padle', con un remo y sobre una tabla de surf (unos 13 euros la hora). Igualmente es un reclamo para el buceo. Aquí el mar rara vez se enfurece. Y esto quiere decir paseo en kayak. La aventura, como ves, te está llamando a gritos.

Surfear aquí es como el comer. Al fondo, las rocas gemelas. (Foto: Turismo Hendaya)
Surfear aquí es como el comer. Al fondo, las rocas gemelas. (Foto: Turismo Hendaya)

4. Como en Baden-Baden. Pero en Francia, en vez de en Alemania y la Selva Negra, porque esto también es territorio termal, de balnearios y talasoterapia. De hecho, la región está considerada como la meca francesa de talasoterapia o 'la perla', en honor a San Sebastián, que tanto sabe de esto. Uno se puede sentir como un Caracalla (pacífico), por lo de las termas, en el Loreamar del Grand Hôtel o Thalazur en San Juan de Luz, o en Serge Blanco en Hendaya. Los tratamientos naturales no solo utilizan agua de mar, sino también barro y algas.

Guéthary es tierra (y mar) de poetas.
Guéthary es tierra (y mar) de poetas.

5. El verano quiere mar. Aquí, por mucha tierra adentro que haya y muy fascinante que sea, el que manda es el mar. De hecho, el puerto de Hendaya, en la desembocadura del río Bidasoa, es el número dos de Aquitania y es referencia para los amantes de la vela. En cuanto al surf, entre Hendaya y Urrugne, verás una de las olas más grandes de Europa, en la Belharra, que es un arrecife. Si estuviste en Tarifa, este puede ser tu próximo destino, lo que se dice de punta a punta. Cenitz, Sainte-Barbe, Erromardie, Mayarco y Lafitenia son puntos de referencia para los surfistas, entre Guéthary, un pueblo realmente encantador, muy de artistas, y San Juan de Luz.

6. A bordo. Aquí es lo que pide el cuerpo (y la mente). Coger un barco, que puede ser la réplica del ballenero San Juan, un galeón de 1563, con el que vivirás una jornada a toda vela con patrón por 140 euros por persona. Un lujo. Lo mismo que ver los fuegos artificiales de San Juan de Luz y Ciboure el 14 de julio desde el mar (con EVI Náutica). O pasar una jornada marinera con la tripulación del Ordagna, desde la salida del puerto hasta la descarga del pescado (40 euros por persona o 60 para dos).

El puerto de San Juan de Luz con la Casa de la Infanta al fondo. (Foto: Turismo San Juan de Luz)
El puerto de San Juan de Luz con la Casa de la Infanta al fondo. (Foto: Turismo San Juan de Luz)

7. Un puerto de barcos multicolores. El ideal para componer la estampa marinera de San Juan de Luz, al pie de la Casa de la Infanta (acogió a la futura reina de Francia, María Teresa de Austria, infanta de España), y a donde llegan la anchoa, la merluza y el atún, que no es un puerto de recreo. Aquí echan el ancla 40 embarcaciones, con 130 marineros y pescadores, que capturan 10.000 toneladas de pescado. Y entre ellos, una mujer: Anne-Marie Vergez, que todos los días a las cinco de la mañana pone rumbo con su tripulación a la fosa de Capbreton y es la gran defensora de la pesca sostenible y artesanal.

8. Hacer camino al andar. Nos hemos puesto machadianos para invitarte a hacer la ruta de la Cornisa, que discurre entre nuestras dos villas protagonistas y que está hecha de acantilados, a lo largo de un litoral maravillosamente preservado donde, por fortuna, no se puede edificar y con el Atlántico y los Pirineos como protagonistas. Para saber más sobre la riqueza geológica de la zona y semejante paisaje, hay que dirigirse a la Maison de la Corniche, un centro de interpretación, y dejarse llevar.

Haciendo la ruta de la Cornisa, de acantilado en acantilado. (Foto: Turismo Hendaya)
Haciendo la ruta de la Cornisa, de acantilado en acantilado. (Foto: Turismo Hendaya)

9. Una gastronomía de altura. Esto sigue siendo el País Vasco (francés), así que lo de comer bien pero bien está más que asegurado. No importa donde vayas y no hace falta que haya en el firmamento estrellas Michelin, como le pasa al Kaïku, en una de las casas más antiguas de San Juan de Luz, o a L'Océan, en el Grand Hôtel, en cualquier taberna te tratarán gastronómicamente a cuerpo de rey (L'Ephémère en Ciboure o Ferme Lizarraga en Urrugne, dos ejemplos). No te olvides de probar los kanougas (bombones de caramelo y chocolate) o los mouchous, que no son macarons aunque lo parezcan, de la Maison Pariès, el salchichón vasco del cerdo negro del Valle de los Aldudes o el famosísimo pimiento de Espelette. Un paseo por mercados y lonjas dará buena cuenta de todo lo que pare esta tierra. Para beber, el sagarno, la bebida más antigua del País Vasco. O sea, la sidra.

El Grand Hôtel, soberbio frente al mar de San Juan de Luz.
El Grand Hôtel, soberbio frente al mar de San Juan de Luz.

10. Hotelitos (y hotelazos) con vistas al océano. El Bellevue ofrece habitaciones panorámicas con vistas a la bahía de Txingudi y un pack que incluye una noche, el desayuno, una clase de surf con monitor titulado y el equipo completo desde 90 euros. También en Hendaya el hotel Valencia hace de mirador sobre el océano y España con habitaciones dobles desde 70 euros. El Grand Hôtel Talasso & Spa, en San Juan de Luz, te hablará de los años dorados de la costa vasca, tan art nouveau (desde 280 euros). Otra opción más rural es quedarse en la Casa de Tartea, en Ainhoa. Una casa del siglo XVII con piscina en plena naturaleza (desde 90 euros).

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