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El Rompido, un paraíso en Huelva: por qué tienes que ir a bañarte a la playa de la Flecha

Imagínate una lengua arenosa que sigue el curso del río Piedras buscando el ancho mar frente a un encantador pueblo pesquero con dos faros como dos soles. Así de maravilloso es este lugar

Foto: La vista del paraje natural del río Piedras desde el hotel Fuerte El Rompido. (Foto: Cortesía)
La vista del paraje natural del río Piedras desde el hotel Fuerte El Rompido. (Foto: Cortesía)

A veces el paraíso está a la vuelta de la esquina, lo tenemos más a mano de lo que nos creemos y no hay que irse al Caribe a disfrutar de arenas harinosas y paisajes para soñar, aunque, como ya te contamos aquí, siempre es un buen plan hacerlo con tus amigas (el viaje caribeño) al estilo de 'Sexo en Nueva York'. Decíamos que la vida te da sorpresas, ay, Dios, y que de repente uno se encuentra con que en Huelva hay un lugar donde se puede ver una de las mejores puestas de sol y que tiene todas las de ganar en cuestión de conquistas viajeras. Un pintoresco pueblo pesquero y un paraje natural de excepción de los que uno acostumbra a ir a buscar más allá, estando acá, ni siquiera en Portugal. Nos referimos al El Rompido y esa otra Manga que es su Flecha, una lengua de tierra arenosa y virgen que te resultará la mar de especial y en cuyas aguas te querrás dar el gran baño del verano. Ya lo verás. Empezamos.

1. La llamaban la Costa de la Luz. Y con razón. Se ve nada más hacer acto de presencia en el golfo de Cádiz, que va desde el Guadiana hasta Tarifa. Cuando llegues al último bastión andaluz, atravesado ya el Guadalquivir, cruzado Doñana, dejando atrás Punta Umbría, pero antes de tomar Isla Cristina y muy cerquita del famoso Lepe, te encontrarás con un tradicional pueblo de pescadores de los de postal y casi diríamos de colección para los trotamundos. Y no solo por la villa blanca en sí, de encantadoras calles estrechas, plagada de bares de tapitas y cosas de esas, sino por sus alrededores. Aquí más que nunca hay que seguir la flecha. Estamos en el municipio de Cartaya, en el paraje natural de las Marismas del Río Piedras y Flecha del Rompido.

El muelle, el río, la Flecha y el mar. (Foto: Hotel Fuerte El Rompido)
El muelle, el río, la Flecha y el mar. (Foto: Hotel Fuerte El Rompido)

2. Una Manga en el río Piedras. Lo que tendrás ante tus ojos es un espectáculo natural: una auténtica flecha de arena entre el río Piedras, después de haber dibujado el estuario, y las aguas atlánticas del citado golfo. Está el pueblo, el río, la península y el mar. Un laberinto paisajístico que le hace a uno vibrar de emoción. Cruzar el puente, coger el barco, caminar entre las aguas, tal cual... Y la cosa puede ir a mayores porque esto sigue siendo territorio surfero, kitesurfero, windsurfero, de trekking -naturaleza manda- y navegación. Aquí es fácil sentirse un Colón, por lo de conquistador-descubridor y porque este es su territorio: el Muelle de las Carabelas, el monasterio de la Rábida..., en el vecino Palos de la Frontera.

Así es La Flecha. (Foto: ElRompido.info)
Así es La Flecha. (Foto: ElRompido.info)

3. La Flecha del Rompido. Parece el nombre de un superhéroe de cómic, pero es el de este territorio paradisiaco, esta Manga -por la del Mar Menor- sureña. Un apéndice de tierra de 12 km de longitud que cambia constantemente de forma, lo cual nos deja en manos del filósofo (¿Heráclito?): nadie se baña dos veces en el mismo río... ni en la misma Flecha, añadimos. La cosa es que hay una zona activa de influencia mareal que ocupa hasta el 23% de su superficie, con lo que esto significa en cuestión de altibajos: baja la marea, sube la marea. Y luego están las dunas móviles, que siguen existiendo a pesar de la colonización de la retama, que hace de sujeción y está contribuyendo a la fabulosa formación de colinas. La Flecha viene a recordarnos que no siempre la tierra fue así. Ella misma no existía hace 200 años. Fue en el siglo XIX cuando las islas que había frente a la costa empezaron a unirse al continente.

4. Una playa paradisiaca. Esta docena de virginales kilómetros alberga una de las mejores playas de España. La de Nueva Umbría se despliega por toda la fachada litoral con una anchura media de 50 metros y cinco kilómetros de playa oficialmente nudista. A ella te llevará una pasarela de madera desde la que podrás observar la flora y la fauna del paraje natural, “como si hicieras un safari en plena naturaleza de una manera sostenible para el medio ambiente”, nos dicen desde Flechamar. Y ya lo decíamos: nunca visitarás la misma playa, porque la Flecha crece por obra y gracia del océano y el viento al ritmo de treinta metros por año.

El Caribe también está en Huelva: la Flecha. (Foto: Hotel Fuerte El Rompido)
El Caribe también está en Huelva: la Flecha. (Foto: Hotel Fuerte El Rompido)

5. Un pueblo (otro) con encanto. Calles recoletas, casas de pescadores, edificios nobles, fachada marítima... y dos faros como dos soles (solo uno en funcionamiento). Además, el puente de la Tavirona, de hierro, por el que antes pasaba el tren cubriendo la línea Huelva-Ayamonte y ahora se puede transitar ya sea caballo, en bici o a pie; el castillo de San Miguel de Arca de Buey, cuyos restos forman parte del hotel Fuerte El Rompido, y los pilares mudéjares, una instalación de los siglos XV y XVI que servía para la captación y conducción de agua. No hemos citado aún su playa, junto al estuario del río y flanqueada por un hermoso puerto pesquero, ni la playa Caño de la Culata, con dunas y pinares e increíblemente bella; la de San Miguel, también fantástica, o la de Nuevo Portil, donde todo sigue siendo soprendentemente virgen. De alucinar.

Estampa del pueblo con sus dos faros. (Foto: Hotel Fuerte El Rompido)
Estampa del pueblo con sus dos faros. (Foto: Hotel Fuerte El Rompido)

6. Por imaginar que no quede. Como los tiempos adelantan que es una barbaridad, hay que echarle imaginación para ver la Flecha habitada. En el Real de la Almadraba de Nueva Umbría, un poblado levantado junto al Rompido, del que solo quedan ruinas, llegaron a vivir, al parecer, doscientas personas, que llegaban a ser mil en plena temporada del atún. Hubo incluso una escuela mixta. Hoy la habitan, turistas aparte, la retama, la espartina, el enebro, el pino piñonero, el protegidísimo tomillo carnoso o la adelfa, además del insigne camaleón común, de ojos saltones y vestido, ya se sabe, de camuflaje.

7. Un viaje en barco. Es obligado. No para hacer las Américas, sino para reconocer el terreno como se merece. La empresa Flechamar ofrece un servicio diario de ferry a la playa de la Flecha todos los días de la semana hasta octubre. Puedes desembarcar en la pasarela 2, que es la Casa del Palo, después de un trayecto de 10-15 minutos. Y también en la pasarela 3, frente a El Rompido. Esta vez en un servicio disponible hasta septiembre y un miniviaje de 4-8 minutos. En ambos casos desembocarás en las dunas tras atravesar un entorno único. Hay otras excursiones por la ría, un barco-taxi a disposición y rutas privadas para salir, por ejemplo, a mar abierto.

La pasarela que te llevará a este paraíso natural. (Foto: Hotel Fuerte El Rompido)
La pasarela que te llevará a este paraíso natural. (Foto: Hotel Fuerte El Rompido)

8. La Virgen tambien navega. Aviso a navegantes: el 16 de julio, próximo domingo, es la festividad de la Virgen del Carmen que, como es sabido, es la patrona de los marineros. Y como donde hay patrón no mandan estos, pues este fin de semana se avecina jaleo jaleo (del bueno, eso sí). Los rompieros llevan a su Virgen en barco por las aguas del río Piedras como manda la tradición, acompañada de otras embarcaciones en procesión que van haciendo sonar sus bocinas hasta llegar a la desembocadura para la ofrenda de flores. Es el canto (y demás) de la tripulación. Todo un ritual.

El restaurante Aguamarina.
El restaurante Aguamarina.

9. Pescado fresco y ese jamón de Jabugo... En los bares de tapas que dan tanto sabor a El Rompido mandan los productos del mar y de la tierra onubense. A saber: gambas blancas y otros mariscos, pescado fresquísimo, jamón de Jabugo, queso de la sierra, carne de caza y las legendarias fresas. Para beber, los vinos de los zampuzos de Lepe, donde aún se sirve el mosto que se llevó al Nuevo Mundo Cristóbal Colón. Nada como dejarse caer por el restaurante Aguamarina: podrás comer una corvina recién pescada cocinada con las últimas técnicas, el choco a la plancha con mojo verde, las almejas, un arroz marinero y hasta un arroz de rabo de toro y gurumelos. De postre, se veía venir: fresas maceradas.

10. Dormir en el viejo castillo frente al mar. Si te quedas en el hotel Fuerte El Rompido estarás en el antiguo emplazamiento del castillo de San Miguel. Se trata de un resort en toda regla con habitaciones con vistas, spa, zona infantil y cinco piscinas. Puro lujo en un lugar maravilloso. Precio: en agosto, desde 186 euros. En temporada baja, desde 86.

El hotel Fuerte El Rompido, con piscinas, vista a los faros y junto al mar.
El hotel Fuerte El Rompido, con piscinas, vista a los faros y junto al mar.

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