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FAMILIA REAL ESPAÑOLA

Ya llegó el momento: la princesa Leonor pide paso

Si en 1981 se oficializó el compromiso de un príncipe con España, este fin de semana se ha escuchado a una adolescente que abría el corazón de su casa como heredera de la Corona

Foto: El hoy rey Felipe VI, durante su primer discurso público que pronunció en el acto de entrega de la primera edición de los Premios Príncipe de Asturias. (EFE)
El hoy rey Felipe VI, durante su primer discurso público que pronunció en el acto de entrega de la primera edición de los Premios Príncipe de Asturias. (EFE)

La cronología de la historia es así. Caprichosa, sorprendente, inoportuna… ¡O no! En todo caso, inapelable.

Han transcurrido tan solo cinco años desde su proclamación y en el domicilio del Rey ya ha habido movimiento de papeles. La princesa Leonor pide paso. Y este fin de semana nos hemos enterado de que tenía muchas ganas de ello. Estaba deseando protagonizar su ‘puesta de largo’, su entrada en el escenario institucional.

En este tipo de cuestiones, como es bien sabido, nada es casual. Los acontecimientos se desarrollan en el momento previsto. Los monarcas han querido dar ‘su tiempo’ a la princesa Leonor y a la infanta Sofía. Y aún seguirán a buen recaudo de las cámaras durante años. Pero menos.

El rey Felipe guarda en su retina, y en su corazón, momentos emocionantes de su infancia que no ha querido para su hija Leonor. Entre ellos, el de su proclamación como Príncipe de Asturias en el santuario de Covadonga, cuando tan solo tenía nueve años.

“Ni un minuto de descanso, ni el temblor del desfallecimiento”

Con la Cruz de la Victoria sobre su pecho, aquel 1 de noviembre de 1977 escuchó a su padre unas palabras impresionantes: “Esa Cruz significa también tu cruz. Tu cruz de Rey. La que debes llevar con honra y nobleza, como exige la Corona: ni un minuto de descanso, ni el temblor del desfallecimiento, ni una duda en el servicio a los españoles y a sus destinos…”.

Los monarcas entendieron que ese capítulo corresponde a una época muy distinta y evitaron el probable exceso de responsabilidad en enero de 2018, cuando el Rey hizo entrega a la princesa Leonor del Toisón de Oro que ya le había concedido dos años antes, con motivo de su décimo cumpleaños.

El rey Felipe VI besa a la princesa Leonor después de imponer a la Princesa de Asturias el collar del Toisón de Oro. (EFE)
El rey Felipe VI besa a la princesa Leonor después de imponer a la Princesa de Asturias el collar del Toisón de Oro. (EFE)

Y la retórica fue muy distinta, claro, como la de este fin de semana pasado en Asturias, con motivo de la entrega de los Premios Princesa de Asturias, en el que la adolescente Leonor se ha estrenado con sus dos primeras intervenciones públicas con mensaje propio, al margen de su participación —hace un año— como lectora de la Constitución.

El rey Felipe VI no habla de ‘cruces’, sino de ejemplaridad

El rey Felipe no ha hablado de cruz, sino de compromiso, de responsabilidad, de servicio a España y a los españoles, de esperanza para las nuevas generaciones, de ejemplaridad… Ejemplaridad entendida como un ideal inalcanzable, utópico. Como una propuesta de perfección en un mundo imperfecto, parafraseando al profesor Gomá.

Porque, en definitiva, dijo el Rey, el acto anual de entrega de los premios de la Fundación Princesa de Asturias es precisamente eso, un “homenaje y tributo a la ejemplaridad”.

Adiós al lenguaje ‘ca-si-cas-tren-se’

Lógicamente, muchos analistas habían desempolvado días atrás el primer discurso del rey Felipe, siendo príncipe, como texto de referencia para comprender el mensaje de la princesa Leonor. El mismo escenario, la misma edad y el mismo destino, 38 años después.

El rey Felipe VI y su hija, la princesa Leonor, durante la ceremonia de entrega de los premios Princesa de Asturias 2019. (EFE)
El rey Felipe VI y su hija, la princesa Leonor, durante la ceremonia de entrega de los premios Princesa de Asturias 2019. (EFE)

Y no ha defraudado la comparación. El mismo mensaje, el mismo compromiso, en una prosa radicalmente distinta. Si los invitados de 1981 escucharon, durante poco más de un minuto, el compromiso de un adolescente con España en términos ca-si-cas-tren-ses, los del pasado viernes interrumpieron en dos ocasiones con sus aplausos los poco más de cuatro minutos de alocución de una adolescente que abría el corazón de su casa —y el suyo— para explicar por qué quiere ponerse al servicio de los españoles como heredera del papel que hoy desempeñan sus padres.

La Princesa desvela que estaba deseando acudir al Campoamor

Con la lección bien aprendida, los nervios a flor de piel y mirando frecuentemente al auditorio, la Princesa desveló que estaba deseando estar en este acto, porque “desde muy pequeña he visto el cariño y la emoción con que mis padres vienen cada año al Principado para presidir esta ceremonia…”.

Y abrió, así, una pequeña ventana a la intimidad familiar para contar que ‘en casa’ se habla muchas veces de Asturias (“Yo llevo sangre asturiana”, recordó) y que sus padres “nos han enseñado sobre todo a querer y a admirar a los asturianos”. Y para afirmar que “en casa, las palabras España y Asturias siempre están unidas con la misma fuerza con que las ha unido la historia: así lo siento en mi corazón”.

En este tono de intimidad verbalizó su compromiso futuro con España, al referirse al título que ostenta como heredera de la Corona: “Es un título que me compromete con la entrega y el esfuerzo de servir a España y a todos los españoles”.

Algunas licencias a la calculada improvisación

Una prosa sencilla, directa, en la que se quiere advertir la pluma de la reina Letizia, que hizo dos concesiones a la improvisación —en absoluto improvisada— y un reconocimiento expreso a la figura de su abuela la reina Sofía.

Introdujo la primera ‘improvisación’, tras confesar el cariño y la admiración por los asturianos que les han transmitido sus padres: “Estoy pensando ahora —dijo— en todo lo que vivimos durante nuestra visita a Covadonga el año pasado”.

Los reyes Felipe VI y Letizia y la infanta Sofía aplauden a la princesa Leonor, tras su discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2019. (EFE)
Los reyes Felipe VI y Letizia y la infanta Sofía aplauden a la princesa Leonor, tras su discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2019. (EFE)

Y la segunda, al referirse a los premiados de esta edición, cuando introdujo una frase en inglés agradeciendo su presencia y su trabajo en favor de un mundo mejor, con una excelente pronunciación, cuyo contenido ni siquiera figura en el texto oficial publicado.

¿Por qué homenajeó en público a su abuela la reina Sofía?

Más significado tiene su referencia a la reina Sofía, que levantó la cabeza con sorpresa mientras seguía el acto desde el palco, con su habitual sonrisa y muy emocionada. “Ella sabe lo importante que es para mí su presencia en esta ceremonia…”.

Un agradecimiento público muy especial, que probablemente no responda tanto a la famosa escena del posado en la catedral de Mallorca, como se ha sugerido, sino a la especial relación de una nieta con la abuela que sigue dedicando gran parte de sus jornadas al cuidado de la familia.

La reina Sofía ha estado presente en la entrega de los premios desde 1981, aunque este año se especuló con su ausencia, por problemas de agenda. Es cierto que debía asistir el jueves, 17, al estreno de la obra ganadora del Premio Reina Sofía de composición musical en el Monumental de Madrid. Y que, además, debía viajar el sábado a Mallorca, a la boda de Rafa Nadal. Pero ni un compromiso ni el otro impedían su presencia en Oviedo, el viernes 18.

Su ausencia, en todo caso, hubiera sido por causa mayor. Por ejemplo, quizás, si hubiera tenido conocimiento de la decisión —tan radical como sorprendente— de evitar cualquier referencia, aunque fuese de aliño, al rey Juan Carlos, que con frecuencia deja de existir en esta segunda etapa de nuestra monarquía constitucional.

Sus razones habrá, seguro. Aunque en algún momento podrían figurar en algún rincón de la pestaña ‘Transparencia’ que tan acertadamente se abrió en la web de la Casa del Rey.

Tras el discurso, la Princesa buscó con urgencia la aprobación de su padre

La joven Leonor se estrenó con éxito, sí. Con nervios, claro. Afloraron, sobre todo, durante los minutos previos al inicio del acto. Incluso, cuando entró en el escenario del Campoamor, no pudo evitar esos pequeños temblores —que regala el pánico escénico— mientras se acomodaba en la silla, sobre el cojín que dispone el protocolo para disimular la diferencia de altura entre los presentes en la mesa presidencial.

Minutos después, la Princesa afrontó su intervención con un cierto dominio y más aplomo. Aunque no pudo evitar trastabillarse de vez en cuando en su alocución. Y al final de su discurso, antes incluso de que sonara el largo aplauso de los asistentes, Leonor se volvió con urgencia hacia su padre, buscando un gesto de aprobación, que no encontró hasta pasados unos segundos… (¡unos segundos eternos!), hasta que por fin recibió el beso y el abrazo del Rey, de su madre y de su hermana.

Bien sabía el Rey cómo se sentía su hija en esos momentos

Bien sabe el rey Felipe cómo pudo sentirse su hija en esos momentos. Y a ello se refirió al final de su intervención final, recordando cómo vivió su ‘puesta de largo’ en el Campoamor: “Sé muy bien lo que sientes en este momento, porque estoy seguro de que es lo mismo que yo sentí: responsabilidad, emoción y también nervios, muchos nervios. Pero, sobre todo, mucha, muchísima ilusión”.

Aunque también habrá recordado otras cuestiones, quizás menos trascendentes, como la pelea que él mantuvo con el famoso cojín que colocan siempre en el asiento de los más jovencitos.

La primera vez que ocupó un escaño en la presidencia de las Cortes, con motivo de la apertura de la primera legislatura (9 de mayo de 1979), lo que más llamó la atención, según las crónicas, fue el enorme cojín que se había colocado en su escaño… Era una norma de protocolo.

El rey Felipe y su hija, la princesa Leonor, en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2019. (EFE)
El rey Felipe y su hija, la princesa Leonor, en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2019. (EFE)

Pero fue precisamente hace 38 años, en el almuerzo que se celebró tras su primer acto en el Campoamor, cuando advirtió que también habían colocado un cojín en su asiento... No le gustó nada, aunque reprimió su enfado. Simplemente se dirigió a uno de los camareros: “Por favor, ¿pueden retirar el cojín de mi silla?” (A partir de esa fecha ya no pusieron cojín alguno en su asiento).

La Princesa disfrutó en Asiegu, a pesar del orbayu

Muy distinto fue el estado de ánimo de la princesa Leonor en Asiegu, la pequeña localidad de Cabrales que ha recibido este año el premio Pueblo Ejemplar.

Fue el sábado, 29, en un ambiente de fiesta popular, en el que participaron los poco más de 80 vecinos de Asiegu, muchos de los que suelen ir de vacaciones, algunos de los que viven muy lejos (una familia viajó desde México para asistir al acto) y vecinos de localidades próximas que no quisieron perderse la visita de la familia del Rey al completo.

Allí, bajo el paraguas para protegerse del orbayu —en ocasiones chaparrón—, la Princesa se mostró relajada, natural. Casi con prisa por pronunciar su segundo discurso y elogiar la iniciativa de los escasos vecinos de esa pequeña localidad, como ejemplo de la lucha contra la España despoblada.

Allí dio la mano a muchos de los niños, jóvenes y mayores que abarrotaron las estrechas calles de Asiegu, siempre sonriente y siempre junto a su hermana Sofía, que —por cierto— se mostró en todo momento desinhibida, incluso con cierto desparpajo.

Leonor en Asiegu. (Limited Pictures)
Leonor en Asiegu. (Limited Pictures)

Y allí, en fin, tuvo su pequeño momento de protagonismo la reina Letizia, cuando se acercó a saludar a uno de los periodistas de la televisión asturiana (TPA) y este lamentó en directo los inconvenientes de la climatología… “Así es Asturias, con lluvia”, dijo la Reina ante el micrófono de la TPA.

Lástima de lluvia, en fin. Tampoco en esta ocasión tuvo oportunidad la Princesa de pisar el verde, a los pies de los Picos de Europa. Ni siquiera, al menos, de asomarse al mirador bautizado con el nombre del alpinista bilbaíno Pedro Udaondo, para contemplar la majestuosidad del Urriellu… “Tendremos que volver —dijo, en su última improvisación—, porque hoy la lluvia no nos deja”.

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

www.ferminjurbiola.com o en Facebook o en Twitter

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