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JOYEROS REALES

Las 5 joyas más impresionantes que hemos visto en Japón (y su curiosa historia)

Las damas reales europeas sacaban la artillería pesada para la entronización de Naruhito y posterior cena de gala, echando mano de algunas de las piezas más valiosas de sus joyeros

Foto: La reina Letizia y el rey Felipe, en la cena de gala. (Reuters)
La reina Letizia y el rey Felipe, en la cena de gala. (Reuters)

Tanto la ceremonia de entronización del emperador Naruhito de Japón como la cena de gala supusieron un auténtico despliegue de los joyeros de las damas reales europeas. El Palacio Imperial se convirtió en un escaparate de tiaras, pendientes, collares y pulseras, muchas de ellas de gran valor histórico y económico.

1. Los chatones

Una de las piezas que más nos llamaba la atención era el collar de chatones que la reina Letizia lucía por primera vez. Es una joya que data de 1906, ya que fue un regalo de Alfonso XIII a Victoria Eugenia con motivo de su enlace. Tras la boda, siguió regalándole chatones para añadirlos al collar, hasta que quedó una pieza tan grande que la reina decidió dividirlo en dos partes. Una de ellas la heredaría don Juan de Borbón, su hijo mayor; la otra, más pequeña, sería para don Jaime. Pasaron los años y doña Sofía recibió todas las joyas de pasar cuando se convirtió en reina consorte, incluyendo el collar grande de chatones. La pequeña fue subastada por la segunda esposa de don Jaime, aunque alguien de la Casa Real la adquirió en 1982, devolviéndola así al joyero real. Es uno de los collares que más ha lucido doña Sofía y en una cita como la de este martes, doña Letizia también ha querido imponerse con esta joya de gran valor para los Borbón.

La reina Letizia, con el collar de chatones. (EFE)
La reina Letizia, con el collar de chatones. (EFE)

2. Los chokers

Máxima de Holanda ha sacado la artillería pesada tanto por la mañana como por la noche, con un collar choker para cada uno de los actos. Aunque el de por la mañana era más sencillo, para la cena de gala la vimos con el conjunto de tiara, gargantilla y brazalete que es una de las piezas más icónicas de los Orange. Fue realizado en 1888 por la joyería Mellerio por encargo del rey Guillermo III como regalo para su esposa, la reina Emma. El conjunto lleva casi mil piedras preciosas, 385 en la tiara, 425 en el collar y 135 en la pulsera. Máxima no se ha dejado ninguna pieza en el joyero y también ha lucido el broche realizado a partir de la pieza central del collar, que eliminó la propia reina Emma por considerarlo demasiado ostentoso.

Máxima y Guillermo de Holanda, llegando a la cena de gala. (Reuters)
Máxima y Guillermo de Holanda, llegando a la cena de gala. (Reuters)

3. La tiara subastada

La tiara de Mary de Dinamarca es, quizá de todas las piezas de las que estamos hablando, la menos valiosa tanto histórica como económicamente, pero sí la que tiene una historia más curiosa detrás, ya que es una pieza que ella misma compró para incorporarla a su joyero. Se trata de una joya elaborada en oro y plata de 14 quilates con pequeños rubíes redondos, diamantes y espinelas, un mineral de color rojizo. Además de la tiara, la princesa heredera también compró los pendientes a juego. El conjunto completo se vendió por 30.000 coronas danesas, unos 4.000 euros. Aunque en un principio se pensaba que había sido un regalo del príncipe Federico, finalmente se confirmó que era la propia Mary la que la había adquirido para incorporarla a su joyero, ya que hasta entonces solo eran tres las tiaras que podía lucir, puesto que el resto de piezas pertenecientes a la colección real están destinadas solo a la reina del país.

Federico y Mary de Dinamarca, en la cena de gala. (Getty)
Federico y Mary de Dinamarca, en la cena de gala. (Getty)

4. La 'corona de laurel'

Victoria de Suecia escogía para la cena de gala una de sus tiaras más preciadas, perteneciente a su joyero personal. Realizada en diamantes, oro y plata, es conocida como la 'corona de laurel' y tiene más de un siglo de historia, ya que fue un regalo de bodas de la reina Sofía a la princesa Margarita de Connaught por su enlace con el príncipe heredero Gustavo Adolfo en 1905. Años más tarde, la heredó el príncipe Bertil, quien se la regalaría su esposa, la modelo británica Lillian Craig. Fue ella quien la legó años más tarde a la princesa Victoria, quien la ha convertido en una de sus joyas favoritas.

La princesa Victoria, con la 'corona de laurel'. (EFE)
La princesa Victoria, con la 'corona de laurel'. (EFE)

5. La Flor de Lis

Y si por la mañana su collar daba que hablar, la tiara que la reina Letizia lucía por la noche tampoco pasaba desapercibida. Y además, curiosamente, tienen el mismo origen, ya que la tiara Flor de Lis fue otro regalo del rey Alfonso XIII a la reina Victoria Eugenia por su boda, también encargándosela a la joyería Ansorena. En su testamento, Victoria Eugenia incluyó la tiara en el lote de joyas denominadas 'de pasar', adjudicándosela primero a don Juan de Borbón y posteriormente pasando al rey Juan Carlos. No fue hasta 1983 cuando la reina Sofía la lució por primera vez, durante la visita que los reyes de Suecia hicieron a nuestro país.

La reina Letizia, con la tiara Flor de Lis. (EFE)
La reina Letizia, con la tiara Flor de Lis. (EFE)

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