La emperatriz Sissi y su asesinato: la nueva teoría sobre su muerte más de 120 años después
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La emperatriz Sissi y su asesinato: la nueva teoría sobre su muerte más de 120 años después

El atentado contra la aristócrata de Baviera continúa, más de un siglo después, generando interés a historiadores y escritores

placeholder Foto: Retrato de la emperatriz Sissi en 1864 de Franz Xaver Winterhalter. (Sisi Museum-Hofburg Wien)
Retrato de la emperatriz Sissi en 1864 de Franz Xaver Winterhalter. (Sisi Museum-Hofburg Wien)

A menudo analizamos el impacto sociocultural que han tenido los fallecimientos de personajes muy conocidos de la realeza en las últimas décadas, especialmente cuando recordamos a royals como la princesa Diana de Gales o Grace Kelly.

Sin embargo, mucho antes de ellas, hubo una aristócrata que se convirtió en leyenda. Nos referimos a Isabel de Baviera (donde se crio en una zona de campo pesar de nacer en la ciudad de Múnich), Sissi, la emperatriz del Imperio austrohúngaro (entre otros títulos). Su vida fue siempre motivo de análisis, teorías y mitificación desde el mismo momento en que se anunció su boda con el emperador Francisco José en 1854.

placeholder Retrato de la emperatriz Sissi, de Georg Raab. (Sisi Museum-Hofburg Wien)
Retrato de la emperatriz Sissi, de Georg Raab. (Sisi Museum-Hofburg Wien)

A lo largo de los últimos 100 años, los periódicos y revistas de la época, y después las novelas y películas, nos han narrado una versión más edulcorada o más realista de Sissi. Una mujer, como explican sus biografías actuales, con problemas de salud mental que sufrió numerosas tragedias en su vida.

A pesar de los privilegios económicos de la corte, casi nunca fue feliz por diversos episodios como la pérdida de dos de sus cuatro hijos, Sofía con dos años y el heredero Rodolfo de Habsburgo con 31 años.

El eterno mito de Sissi

Una vida que podría analizarse desde diferentes puntos de vista, estudiando su increíble fama, el impacto en la política europea por su papel en Hungría, los cambios de protocolo en la rígida corte de Viena que impulsó o por su impacto en el mundo de la moda y la belleza.

Además de cómo supo anticiparse a los cambios sociales que se iniciaron a finales del siglo XIX, mucho antes que la mayoría de monarquías, como se reflejan en libros como 'La sombra de Sissi', de María Pilar Queralt, o 'Elisabeth, emperatriz de Austria-Hungría: la verdadera historia de Sissi', de Ángeles Caso. Sin embargo, hoy nos queremos centrar en un aspecto concreto de su vida, su fallecimiento, que al igual que todo lo que la rodeaba estuvo cubierto de un halo de leyenda mediático.

Su último viaje a Ginebra

Todo comenzó en los primeros días de septiembre de 1898, cuando la emperatriz Sissi decidió viajar hasta Suiza. Sus salidas de Austria eran constantes desde su boda, habiendo recorrido desde su juventud Portugal, España, Marruecos, Egipo Grecia o Italia para ayudarla a superar sus periodos de bulimia nerviosa, depresión y ansiedad lejos de la corte del palacio de Hofburg.

Así, el día 8 de septiembre llegó a la ciudad del lago Lemán acompañada por unas 12 personas de un séquito real formado por doncellas, secretarios, chambelanes, militares y ayudas de cámara. Allí se alojó en una de las suites del Grand Hotel Beau-Rivage, bajo el nombre de la condesa Hohenems (uno de sus alias más habituales para pasar desapercibida).

placeholder La emperatriz regaló este cuadro a su marido, quien lo tuvo colgado en su habitación toda su vida, de Carl Theodor von Piloty y Franz Adam. (Sisi Museum-Hofburg Wien)
La emperatriz regaló este cuadro a su marido, quien lo tuvo colgado en su habitación toda su vida, de Carl Theodor von Piloty y Franz Adam. (Sisi Museum-Hofburg Wien)

Dos días después, la emperatriz y sus acompañantes pusieron rumbo a otra localidad suiza Montreaux, hasta donde llegarían en un barco que cruza el famoso lago. Tras organizar su partida, Sissi decidió aprovechar sus últimas horas en Ginebra antes de que zarpara la embarcación para visitar una tienda de música con su amiga la condesa húngara Irma Sztaray.

Por desgracia, en el camino de vuelta al embarcadero donde se encontraba su ferri, un joven chocó con ella como de forma accidental. Ambas mujeres pensaron que se trataba de un ladrón, que habría intentado robarle el reloj que lucía la emperatriz bávara en la zona del pecho prendido como broche.

Una pequeña herida cerca del corazón

Tras levantarse del suelo, donde había caído tras lo que pensaba que era un fuerte puñetazo, consiguió caminar unos metros. Desmayándose instantes después en brazos de su amiga. Entonces, la condesa Sztaray la quito el velo que le cubría la cara (y que solía llevar como luto tras la muerte de su hijo unos diez años antes) y le desabrochó el corpiño para ayudarle a respirar. Dándose cuenta de que tenía una pequeñísima herida en la zona central del pecho que no dejaba de sangrar.

Sin conseguir parar la hemorragia, como se narra en la biografía de la emperatriz que encontramos en los archivos históricos de su Museo del Palacio de Hofburg en Viena, la condesa dio la voz de alarma revelando la verdadera identidad de la herida.

placeholder Grabado en blanco y negro de cómo fue el atentado real. (Sisi Museum-Hofburg Wien)
Grabado en blanco y negro de cómo fue el atentado real. (Sisi Museum-Hofburg Wien)

A pesar de ser trasladada a su hotel de forma inminente y de ser atendida muy rápidamente por un equipo de médicos de la zona, la emperatriz Sissi falleció a causa de una hemorragia interna causada por un arma blanca muy afilada y fina, estilo estilete que el exsoldado italiano Luigi Lucheni le clavó intentando darle en el corazón. Por pocos milímetros no consiguió su diana, pero aun así, la herida resultó fatal.

Tras su golpe mortal, Lucheni corrió por las calles aledañas al puerto, perseguido por dos cocheros de caballos que habían presenciado el ataque a una entonces desconocida dama. Al conseguir pararle, le trasladaron a la comisaría más cercana al muelle, donde se enteraron de la muerte de Sissi.

"Me robaron la felicidad"

Una noticia a la que, según recogieron medios de entonces como los españoles 'La Correspondencia de España' y 'El Siglo Futuro', el italiano respondió: "No hay más remedio que entregar el alma cuando te atacan con una arma como la mía".

Además, cuando le preguntaron por qué había cometido el crimen en el juicio, donde le condenaron a cadena perpetua aunque murió supuestamente suicidándose 10 años después, contestó: "Esas gentes me robaron la felicidad", como reflejo de la extrema pobreza en la que vivía frente a la opulencia de la realeza.

placeholder Retrato al óleo de Sissi en 1864 de Franz Xaver Winterhalter, con una creación del famoso modista Worth. (Sisi Museum-Hofburg Wien)
Retrato al óleo de Sissi en 1864 de Franz Xaver Winterhalter, con una creación del famoso modista Worth. (Sisi Museum-Hofburg Wien)

Relacionándose este asesinato para los expertos e historiadores con los atentados anarquistas que sufrieron miembros de la realeza y de la alta burguesía a finales del siglo XIX y principios del XX, como también le ocurría a Alfonso XIII en España.

Sin embargo, al igual que todo lo que rodea a la emperatriz Sissi, su muerte también ha estado repleta de teorías, especulaciones y supuestas conspiraciones. Al nivel de John Fitzgerald Kennedy, Grace Kelly o Diana de Gales. Más allá de posibles motivos secretos o de desconocidos planes, lo que sí está claro es que una nueva hipótesis cobra fuerza sobre esta muerte.

Parece, como revelan diferentes expertos o encontramos en libros, que el asesinato de la emperatriz tuvo una causa social detrás, pero también mucho de casualidad. Así lo podemos leer en el libro 'Grandes venganzas de la Historia: El verdadero conde de Monte Cristo y otros ajustes de cuentas memorables', de Gonzalo Ugidos. El autor explica como tras volver de la guerra de Italia y Abisinia (Etiopía) solicitó en varias ocasiones el empleo estatal al que tenía derecho como exmilitar.

"Tendrán que recordarlo a él también"

Siempre obteniendo negativas, lo que le llevó a una situación muy crítica en la que incluso Lucheni llegó a decirle a un amigo cercano: "Me gustaría matar a alguien, pero tendría que ser alguien muy importante para que hablaran de mí los periódicos". "Todos aquellos que la aman tendrán que recordarlo a él también", analiza también la escritora en Allison Pataky en 'Sissi, emperatriz rebelde'.

La primera posible víctima del italiano habría podido ser precisamente el rey que le había llevado a combatir en África, Humberto I de Italia. Al que además odiaba por la durísima represión que había tenido contra los obreros en Milán en mayo de ese mismo de 1898, y que conllevó la muerte de más de 100 trabajadores.

Su segunda posible víctima

Sin embargo, tras viajar (muchas veces llegando andando) por Italia, Francia y Suiza buscando trabajo, Lucheni no contaba con el dinero suficiente como para regresar a Roma, por lo que cometer su venganza en Ginebra, lugar de recreo de numerosos nobles, no le parecía un mal plan.

Ya con sus ganas de venganza preparadas en el país alpino, el principal candidato era el príncipe de Orleans, Luis Felipe Roberto; pretendiente al trono de Francia como Luis Felipe III. Aunque, como se recoge en diversos artículos de la web de la Biblioteca Nacional de Austria, este decidió a última hora adelantar su regreso a París.

Una decisión que le salvó la vida, pero que dejó sin plan maestro al exsoldado italiano. Al menos eso parecía... porque caminando por Ginebra se reencontró con un antiguo compañero del Ejército que le comentó que la famosa emperatriz Isabel de Austria había llegado a Ginebra para visitar a la poderosa familia Rothschild.

placeholder Ficha policial de Luigi Lucheni y página del periódico 'The Herald' de Los Ángeles. (Archivo suizo)
Ficha policial de Luigi Lucheni y página del periódico 'The Herald' de Los Ángeles. (Archivo suizo)

Un dato aún desconocido por la prensa y la mayoría de lugareños que le llevó a poder vigilar con tranquilidad los movimientos de la aristócrata, siempre velada por su mantilla negra de luto, ya que "tenía que asegurarme de que era ella, no hubiera podido soportar matar a una criada inocente".

De nuevo citando al escritor Gonzalo Ugidos recogemos cómo se cree que Lucheni le clavó el arma casera (un alambre duro afilado) y le dijo: "Los que no trabajan, no comen". Así, a los 61 años de edad, Sissi, la emperatriz, moría en Ginebra tras una vida larga y muy intensa en lo bueno y en lo malo.

"Hermoso, tranquilo y grandioso"

Su final fue "hermoso, tranquilo y grandioso, con vistas a su gran naturaleza amada, indolora y pacífica; solo al mundo le pareció horrible", escribió sobre este asesinato su íntima amiga la reina de Rumanía Isabel de Wied (conocida novelista bajo el pseudónimo de Carmen Sylva).

Mientras, su hija menor, la princesa Marie Valerie, narró en una carta: "Ha sucedido como siempre quiso, rápido, sin dolor, sin consultas médicas, sin largos y ansiosos días de preocupación por sus seres queridos".

placeholder Retrato de Sissi por el pintor de la corte Franz Joseph. (Sisi Museum-Hofburg Wien)
Retrato de Sissi por el pintor de la corte Franz Joseph. (Sisi Museum-Hofburg Wien)

Una historia que terminó ese mes de septiembre a orillas del lago Lemán, pero que dio comienzo a una leyenda que aún genera mucho interés y que no deja de investigarse. Así pues, no descartamos que en apenas unas semanas descubramos nuevas historias sobre ella.

Lo reflejó de fábula el escritor Mark Twain, que precisamente se encontraba en Ginebra en ese momento, en una carta a un amigo en Estados Unidos: "Ni siquiera el asesinato de César (en referencia al emperador romano) conmovió tanto al mundo como el de Elisabeth".

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