La historia de la Stuart, la tiara de 'quita y pon' de Máxima de Holanda
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La historia de la Stuart, la tiara de 'quita y pon' de Máxima de Holanda

Es una de las piezas más originales y valiosas, no solo del joyero de los Van Oranje, sino de toda la realeza europea, y une de cierta forma a dos casas reales

Foto: La reina Máxima, este lunes en Berlín. (EFE)
La reina Máxima, este lunes en Berlín. (EFE)

Muchas veces hablamos de cómo la reina Máxima de Holanda hace honor a su nombre en lo que a estilismos se refiere. Maxicollares, pendientes XXL, enormes pamelas y tocados... Una personalidad que está mostrando en su viaje de Estado a Alemania junto al rey Guillermo. Si este martes lucía uno de los tocados más comentados de su armario, que estrenaba hace ahora dos años en las carreras de Ascot, el lunes por la noche se convertía en la primera reina en llevar una tiara después de más de 20 meses, haciéndonos ver más cerca la llegada de la nueva normalidad en las agendas reales. Y claro, no podía escoger cualquier diadema. La elegida fue una de las piezas más significativas y emblamáticas de su joyero. Hablamos de la Stuart, una tiara con una larga historia detrás y que podemos considerar de 'quita y pon', por una curiosa característica, que ahora veremos.

Como decimos, la elección no pudo ser fruto de la casualidad. Máxima de Holanda dispone de muchas y muy variadas tiaras en el joyero real, pero escogió la Stuart, aunque lo hizo en su versión reducida. Como tantas otras tiaras que poseen las monarquías europeas, se puede modificar para formar otras piezas. Y la argentina lo ha hecho en las tres ocasiones en las que se la ha puesto, versionándola según la ocasión. Pero es que ha ido más allá y, gracias a la particularidad de los diamantes y piezas que componen la diadema, ha podido lucir pendientes procedentes de la propia tiara de diversas formas. Como si de un 'Mr. Potato' compuesto de piedras preciosas se tratara, la tiara puede presentar diferentes aspectos según la pieza que se ponga o se quite.

placeholder Máxima de Holanda, en Luxemburgo en 2018. (Cordon Press)
Máxima de Holanda, en Luxemburgo en 2018. (Cordon Press)

Máxima la lucía por primera vez en mayo de 2018, durante una cena de gala ofrecida por los grandes duques de Luxemburgo a los reyes de Holanda, con motivo de su visita de Estado al país. No llevó entonces la versión completa de la tiara, ya que faltaban su piedra principal, de la que más adelante hablaremos, además de varios diamantes redondos que esa noche llevó a modo de pendientes. Es una versión parecida a la que ha lucido este lunes en la cena de gala que ofrecía el presidente federal de Alemana en su honor, salvo con algunos matices. Porque además de esos diamantes redondos que faltaban la primera vez, también faltaban otros más pequeños, que la argentina unía a los anteriores para hacer unos pendientes más grandes y colgantes.

placeholder La reina Máxima, con la tiara Stuart y los pendientes procedentes de ella. (EFE)
La reina Máxima, con la tiara Stuart y los pendientes procedentes de ella. (EFE)

Pero es la versión que lució entre una y otra la más interesante de las tres, puesto que es la más completa. Fue también en 2018, pero seis meses después de su estreno, para una cena en el palacio de Buckingham. Todo lo que llevaba Máxima esa noche quedó en total segundo plano por la joya de la corona -literalmente- de esta tiara, ya que su pieza principal es un diamante de color azul pálido, casi 40 quilates y un tamaño considerable. De hecho, la tiara toma su nombre de él. Estamos muy lejos de ser expertos gemólogos, pero con estas tres características, que hacen a esta piedra única, está claro que es de un enorme valor económico. De hecho, se dice que es la pieza más valiosa del joyero de los Van Oranje. Tanto que las damas de la familia real de Holanda apenas la lucen. Máxima solo lo ha hecho una vez y no aparecía en público desde tiempos de la reina Juliana, la abuela del actual rey Guillermo, ya que la princesa Beatriz nunca la llevó durante sus años de reinado.

placeholder La reina Máxima, con el diamante Stuart en 2018. (Reuters)
La reina Máxima, con el diamante Stuart en 2018. (Reuters)

Y como casi todas las piezas que se guardan en los joyeros reales, tiene su historia. La primera referencia que se tiene de esta imponente piedra preciosa es de 1690, cuando fue comprada por los reyes Guillermo III -príncipe de Orange- y María II, de la dinastía Stuart -o Estuardo, como la conocemos más comúnmente-. Como el diamante era bastante grande, los joyeros reales le recomendaron a María dividirlo en dos partes, pero ella se negó. El diamante permaneció en Inglaterra hasta la muerte de ambos reyes y como no tuvieron descendencia, pasó a formar parte de la colección privada de la casa Van Oranje, aunque la hermana de María, la reina Ana de Inglaterra, luchó sin éxito por él.

Hasta 1897 fue utilizado como gargantilla y broche, y ese mismo año se incorporó en una tiara que la reina Guillermina, bisabuela del actual rey, encargó para su investidura, con el resultado que conocemos hoy en día. La diadema tiene 900 diamantes y fue creada por Eduard Schürmann & Co., junto a un collar a juego y un espectacular broche en forma de lazo, que Máxima también lució esa noche en Buckingham y este lunes en Berlín, volviendo a mostrar la opulencia y esplendor de su joyero familiar.

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