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FINAL DE LA SERIE

George R.R. Martin ('Juego de tronos'): dos esposas, origen humilde y una boda 'friki'

El creador de la ya mítica serie de televisión sigue residiendo en Santa Fe (Nuevo México). Se crió en una vivienda social donde no permitían tener ni gatos ni perros

Foto: George R. R. Martin con su esposa, Parris McBride, en Los Ángeles. (Getty)
George R. R. Martin con su esposa, Parris McBride, en Los Ángeles. (Getty)

Si la tensión por saber quién resultaría victorioso en 'Juego de tronos' se comparara con los Oscar, George R.R. Martin sería el equivalente al premio honorífico: el único de la noche que ya estaba dado. Y es que el escritor de la famosa saga hace tiempo que ha resuelto su porvenir y ha construido su millonario e indiscutible trono: el del nuevo rey de la literatura fantástica. De hecho, tal y como ha confirmado él mismo, él es el único que no se verá afectado por el siempre polémico desenlace y seguirá escribiendo nuevas historias y personajes, por no hablar de la recién publicada precuela 'Fuego y sangre'. ¿Quién dijo fin?

Por alguna razón, para subirse a este trono fantástico parece necesario tener nombres compuestos, pues Martin sigue la tradición de J.R.R. Tolkien (del que es fiel admirador), C.S. Lewis y, si me apuran, J.K. Rowling. Él hizo relativa trampa y, aunque ya nació en Bayonne (New Jersey) con el nombre de George Raymond Martin en 1948, decidió sumar otra 'r' más con su nombre de confirmación: Richard. Pero aunque este dato pueda indicar lo contrario, su exuberante universo propio no viene alimentado por la iconografía religiosa que sí inspiró al autor de 'El Señor de los Anillos', católico férreo, ni se ha acabado rindiendo a las creencias en la madurez como hiciera el creador de 'Las crónicas de Narnia'. Él, pese a haber recibido los sacramentos, no es practicante ni creyente. Su vida tampoco pasó por grandes guerras, como se puede ver ahora en el biopic Tolkien, ni grandes traumas de pérdidas, como la viudedad que retrataba la película 'Tierras de penumbra', basada en la vida de Lewis. Tampoco su literatura llegó como desquite a un divorcio, como le sucedió a la escritora de Harry Potter, aunque sí se decidió a escribir a tiempo completo tras la muerte de su amigo y colega Tom Reamy.

George R.R. Martin da una rueda de prensa en San Petersburgo. (EFE)
George R.R. Martin da una rueda de prensa en San Petersburgo. (EFE)

Daenerys y las tortugas

Lo que sí fue Martin siempre es un friki de libro (bueno, más bien de cómic de Marvel) que, antes de la crisis de los cincuenta, sembró la semilla inesperada de un gigantesco éxito tardío que llegaba después de años pasando bastante desapercibido. De hecho, cuando le preguntaron en el show de Stephen Colbert por el inicio de su universo, lo desmitificó diciendo que estaba en las tortugas que tenía por mascotas. Como niño de clase baja de New Jersey, vivía en una vivienda social donde no permitían tener ni gatos ni perros. Y día tras día veía cómo esas tortugas morían muy rápidamente (seña de identidad de su famosísima saga), en una lucha por subirse al pequeño castillo que había en el centro de la isla de su humilde recipiente. ¿Quién podría imaginar que Daenerys y John Snow tendrían un origen tan prosaico?

La vida de Martin, en general, tampoco ha estado marcada por la épica. Con su aspecto de marinero irlandés inadaptado en tierra firme, sigue viviendo en Santa Fe (Nuevo México), adonde se trasladó en los años 70 tras haber estudiado con buenísimas notas en una humilde universidad de Illinois y haber dado clases como profesor en Iowa. Aunque ahora su fortuna está valorada en 65 millones de dólares y la serie se emite en 170 países, sus causas son locales y modestas: los animales (financia una reserva de lobos), la recuperación del cine antiguo Jean Cocteau y el impulso de las artes en su lugar de residencia.

Fotograma de 'Juego de tronos'. (EFE)
Fotograma de 'Juego de tronos'. (EFE)

Es cierto que se ha manifestado a favor de la acogida de refugiados de Siria y siempre ha sido claro sobre su vocación demócrata. Y es que si Pablo Iglesias le regaló con retintín al rey Felipe VI los libros de 'Juego de tronos' (cuyo título literario real es 'Canción de hielo y fuego'), en Estados Unidos resulta también un clásico que ante las feroces campañas electorales se le consulte a él sobre estrategia y poder. La vida, en cambio, no sigue sus reglas.

Trump, el rey inmaduro

Apoyó a Hillary Clinton solo después de haber asumido la derrota del que era su candidato favorito en las primaras, Bernie Sanders. Cuando ganó Donald Trump las elecciones, reconoció su sorpresa. “Realmente esperaba que Estados Unidos fuera mejor que esto. Pero parece que no”, dijo, aunque pronto cambió al tono de sus libros y dijo: “Winter is coming. Os lo dije”, en referencia al primer episodio de la serie, y comparó al presidente de Estados Unidos con Joffrey Baratheon, el rey adolescente, inmaduro y megalómano de Westeros.

Daenerys Targaryen, una de las protagonistas principales de 'Juego de tronos'.
Daenerys Targaryen, una de las protagonistas principales de 'Juego de tronos'.

Las diferencias entre vida y obras de Martin no acaban allí. De hecho, aunque sus novelas han generado la serie más exitosa del momento por obra y gracia de HBO, su vuelta tardía a la escritura (la primera entrega de 'Canción de hielo y fuego' se publicó en 1996), llegaba tras su decepción con el mundo de la televisión. Había formado parte del equipo de 'Twilight Zone' y de la versión televisiva de 'La Bella y la Bestia' durante los ochenta, pero había fracasado con los episodios piloto de sus apuestas más personales.

También es destacable que, pese a la alta carga erótica y los líos de alcoba que definen su corpus creativo, su vida sentimental ha sido bastante tranquila. Se casó en 1975 con la también escritora Gale Burnick, de la que se divorció pacíficamente en 1979, y poco después empezó una relación con Parris McBride, con la que no decidió casarse hasta 2011. Tras una ceremonia íntima en Santa Fe, el gran sarao fue rodeado de nerds en la Convención Mundial de Ciencia Ficción de ese mismo año en Reno (Nevada). Pero quizá la paradoja final sea que, al contrario que su infinita saga literaria, la saga familiar de George RR Martin termina en él, pues nunca tuvo descendencia.

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