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tras ser desestimado un caso de acoso sexual

Kevin Spacey: lo que el #MeToo se llevó

¿Sería capaz el público de resetear su mente y volver a verlo en una película sin sentir rechazo? Las leyes del mercado hace tiempo que sentenciaron a muerte la carrera del actor

Foto: Kevin Spacey en una imagen de archivo. (Cordon Press)
Kevin Spacey en una imagen de archivo. (Cordon Press)

El juicio contra Kevin Spacey en Massachusetts acaba de ser desestimado. El actor estaba en el banquillo por un presunto caso de acoso sexual contra el hijo de la presentadora de televisión Heather Unruh, sucedido en un bar de Nantucket, y el proceso ha quedado interrumpido por falta de pruebas. El demandante confesó que había perdido el móvil en el que, presuntamente, estaban las conversaciones que podían incriminar al actor y la Fiscalía ha abandonado la investigación. Es decir: Spacey sale con la etiqueta de inocente de este litigio. ¿Demasiado tarde? ¿Demasiado sospechoso?

No es el único juicio que el genial actor (y presuntamente depredador sexual sistemático) tiene abierto, pero sí era el más avanzado. Y, como en todo lo que rodea al #MeToo en el plano judicial, cabe preguntarse qué parte del linchamiento público fue justo o injusto con el acusado y cómo se está aplicando la presunción de inocencia en estos casos. Se abren ahora dos caminos opuestos después de este giro judicial. El primero: esperar a que otros juicios consigan cazarle. Que el destino de Spacey sea el mismo que el de Bill Cosby: parece improbable que las decenas de presuntas víctimas estén conchabadas en una calumnia colectiva.

Spacey en 1992. (Cordon Press)
Spacey en 1992. (Cordon Press)

Sin embargo, parémonos a pensar, por un momento, que realmente Kevin Spacey sea inocente como, por el momento, la ley dice. ¿Sería capaz el público de resetear su mente y volver a verlo en una película sin sentir rechazo? Las leyes del mercado, mucho menos prudentes que los cauces judiciales, hace tiempo que sentenciaron a muerte la carrera del actor y la resurrección económica quizá sea tan imposible como la carnal. Netflix, por ejemplo, no querrá saber nada de un intérprete que le ha hecho perder 38 millones de dólares, según Fox News. Es un cálculo aproximado sumando el dinero gastado en los episodios de 'House of Cards' grabados y nunca emitidos con su personaje, el político sin escrúpulos Frank Underwood, más el saldo negativo tras el fracaso que la nueva temporada, en la que Robin Wright Penn asume el protagonismo después matar precipitadamente al que era el alma de la serie.

Además, la misma plataforma era la productora de Gore, el biopic sobre Gore Vidal que el actor protagonizaba y que acababa de rodarse en el momento de la eclosión de las acusaciones. Recordemos que la mecha ardió cuando el actor de 'Star Trek' Anthony Rapp dijo que, con solo 14 años, había sido acosado por Spacey. El intérprete de 'American Beauty', aunque se disculpó, se coronó saliendo del armario como homosexual asumiendo que resultaría un atenuante en el escarnio público. Pero le salió el tiro por la culata y la comunidad LGTBI se le tiró al cuello.

Netflix decidió dejar en el cajón la película, en la que además había una escena erótica con un jovencito, algo que no sucedió con el filme de Ridley Scott. Todo el dinero del mundo, en la que Spacey había hecho una interpretación alabada por aquellos que vieron cómo se realizaba -y de la que quedó como testimonio un tráiler inicial-, pero que fue sustituida para salvar los muebles por un Christopher Plummer que rodó todas las escenas a toda pastilla y por ello llegó a ser nominado al Oscar. Esto no quitó para que la cinta se gafara en la taquilla. Pese a que se invirtieron 10 millones de dólares más (de los 40 iniciales que había costado) para eliminar a Spacey, el filme fue un fracaso económico, con solo 25 millones recaudados en Estados Unidos. Aunque para batacazo, el de 'El club de los jóvenes millonarios', la única película con Kevin Spacey en los créditos que tuvo el valor de salir a las salas de cine y pagó la osadía con un fracaso estrepitoso: solo 126 dólares en el fin de semana de estreno. Las críticas fueron también inmisericordes.

Spacey en 'La vida de David Gale'. (Cordon Press)
Spacey en 'La vida de David Gale'. (Cordon Press)

Está claro: Hollywood y el público ha cerrado filas contra Spacey y en IMDB no figura ningún proyecto con su nombre. Solo el director maldito Paul Schrader reconoció que quería haber trabajado con él para su película 'El reverendo', pues le parecía que, pese a todo, era el mejor actor que podía interpretar el personaje, pero los productores se negaron en redondo. Incluso tuvo que borrar en Facebook el post en el que lo confesó y finalmente fue Ethan Hawke el que interpretó al sacerdote en la aclamada película.

Con esta condena profesional y pública de un actor al que la justicia todavía no ha podido 'cazar', ¿pierde el espectador también la oportunidad de seguir disfrutando de uno de los mejores intérpretes de cine y televisión de los últimos 30 años? ¿Acabará encontrando, como ha sucedido con Woody Allen, un productor que anteponga el arte a la moral de sus artistas? ¿O los juicios pendientes -al menos uno en Los Ángeles y una investigación de Scotland Yard alrededor de sus abusos en el Old Vic de Londres- que acabarán previsiblemente en condena? Como reflexionaba 'The Atlantic' en un amplio artículo tras la desestimación del juicio titulado “Kevin Spacey no ha sido reivindicado”: “Inevitablemente, la destestimación del caso de Spacey será retratada como un revés para el #MeToo y algunos fans del actor dirán que ha sido reivindicado. Pero la verdad es que el caso, y las docenas actuaciones contra Spacey, demuestran por qué el #MeToo es no solo –o no principalmente- una batalla judicial”. ¿Significa esto que es o no es una batalla justa?

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