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Está acusado de acoso sexual

Kevin Spacey, pendiente del teléfono en el juicio que llega tarde

El actor no ha tenido que presentarse ante el juez al tratarse de una vista preliminar. Sus abogados han logrado ganar una pequeña batalla

Foto: Proceso legal contra Kevin Spacey en Nantucket. (EFE)
Proceso legal contra Kevin Spacey en Nantucket. (EFE)

Kevin Spacey no tenía el lunes que estar presente ante el juez. Solo tenía que estar disponible en el teléfono por si se requería su testimonio. No fue necesario. Tampoco era un juicio, sino una vista preliminar por los cargos presentados contra el actor por acoso sexual a William Little, un joven de 18 años, hijo de una presentadora de televisión, en un bar en el estado de Massachussets. Y el resultado de la vista en la corte de Nantucket tampoco daba para grandes titulares: los abogados de Spacey consiguieron permiso legal para acceder a los datos del teléfono del denunciante de los 18 meses posteriores a la noche de autos, un avance frente a los 6 meses acordados el pasado enero. Eso fue todo.

Sin embargo, no deja de ser llamativo que por fin estemos hablando de cauces legales en un caso que parece ya más que cerrado, donde las partes implicadas indirectamente ya han tomado posiciones y en el que incluso el propio actor decidió compartir la más absurda de las declaraciones a través de un video en el que recuperaba a su último gran personaje, Frank Underwood de 'House of Cards'. En él decía que si no había pagado por crímenes cometidos, no pensaba pagar por los no cometidos. Se refería, precisamente, al caso más reciente, el que ahora se dirime ante los tribunales y el único que ha llegado tan lejos. ¿Estaba reconociendo entonces todos los anteriores? El juego de realidad-ficción hace que, a estas alturas, no se sepa a qué juicio está dirigiéndose: al popular de las redes sociales (y de ahí su vídeo-meme) o al oficial.

A pesar de que parece claro, por la cantidad de voces acusadoras en cada una de sus diferentes etapas, que Kevin Spacey es un repulsivo depredador que abusó a diestro y siniestro de su poder tanto en sus años de juventud como en su reinado en Hollywood o su etapa al frente del teatro del Old Vic de Londres, el acorralamiento judicial contra él es, todavía y ciñéndose a la legalidad, bastante reducido. Las autoridades de Los Ángeles desestimaron las acusaciones en Hollywood por exceder los límites geográficos de su jurisdicción, las investigaciones de Scotland Yard en Londres todavía no han desembocado en conclusiones y el informe interno de Old Vic quedó en, precisamente eso, una investigación interna y por tanto no vinculante. El de Nantucket es, en consecuencia, el único que ha llegado a buen puerto y acaba de empezar, cuando la carrera de Spacey se terminó oficialmente a finales de 2017.

No ha sido todavía condenado como Bill Cosby, no se ha declarado culpable como Harvey Weinstein. Pero en una época en la que las empresas tienen más poder que los gobiernos, parece lógico que sus condenas sean más fuertes (y mucho más inmediatas) que las de la propia justicia: desligarse de todo aquello que dañe la imagen de marca y romper todo contrato, volver a rodar todo personaje y dejar vía libre para el escarnio público. El cliente siempre tiene la razón.

Kevin Spacey es escoltado por la policía a su llegada al tribunal de Nantucket. (EFE)
Kevin Spacey es escoltado por la policía a su llegada al tribunal de Nantucket. (EFE)

Daños colaterales a la comunidad LGTBIQ

Kevin Spacey parece merecer todo eso: decidió salir del armario al saberse las primeras acusaciones (provenientes de un joven de 14 años) sin pensar en el daño que hacía a la comunidad gay, que lleva décadas intentando desvincular homosexualidad y pederastia. Nunca se declaró culpable, sino que pidió disculpas en el caso de que esos hechos que no recordaba hubieran sucedido (pero que tampoco pareció descartar tajantemente). Y de nuevo buscó atenuantes en la adicción al sexo al recluirse en Arkansas, empezando un tratamiento de presunta rehabilitación. Mientras, su personaje de Paul Getty en la película 'Todo el dinero del mundo' de Ridley Scott se rodó de nuevo con Christopher Plummer, y la Academia nominó al Oscar al voluntarioso veterano que salvó una película que, en la taquilla, se estrelló igualmente.

No hay ninguna sentencia todavía y los cargos son de insinuaciones y tocamientos

La cinta que tenía rodada, 'El club de los jóvenes multimillonarios', para cuando por fin decidió estrenarse, recaudó en Estados Unidos poco más de 1.000 dólares. 'House of Cards' siguió sin él y no hay nadie en Hollywood ahora mismo que se atreva a contratar al considerado uno de los mejores actores de su generación, galardonado con dos Oscar por 'Sospechosos habituales' -del también ensombrecido por las acusaciones de acoso sexual Bryan Singer- y 'American Beauty'. Todo eso sin un veredicto judicial, pues el debate dejó, en algún momento, de ser moral y hablar de la presunción de inocencia para convertirse en una cuestión meramente económica. Otros artistas que han intentado dar matices a la cuestión, desde Morrisey a muy recientemente Ian McKellen, se vieron en la picota.

Por eso, aunque no se prevén sorpresas en el juicio, conviene recordar que no hay ninguna sentencia todavía, a fecha de marzo de 2019, y que los cargos son de insinuaciones y tocamientos, por lo que es probable que, en el peor de los casos -un máximo de cinco años de prisión-, la sentencia parezca decepcionante en comparación con la ya aplicada de manera no oficial.

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