Es noticia
Menú
Alec Baldwin, foguearse con la muerte
  1. Celebrities
MATAR Y MORIR EN VIDA

Alec Baldwin, foguearse con la muerte

Hay un nivel superior de desasosiego tras ser causa de una muerte. ¿Dónde puede llegar tu vacío existencial si le añades que a la pobre que has finado era además una amiga?

Foto: Ilustración de Alec Baldwin. (Jate)
Ilustración de Alec Baldwin. (Jate)

Querer matar es terrible, pero no sé si tanto como matar sin querer a alguien. Cuando se busca la muerte de otro se hará, supongo, desde el desprecio total de la existencia. La de los demás y la tuya. Debe ser esa mezquindad, ese minúsculo valor de la pérdida, la que atenúa la conciencia y transige con la circunstancia de haber sido tú quien borre a una persona del planeta. No ocurre eso en un accidente. Tiene que ser peor cuando, sin voluntad de matar a nadie y consciente del valor de la vida, cometes un error, fatal o insignificante, que manda un alma a otra parte y deja en tierra una máquina inánime y vacía.

Foto: Alec Baldwin, en una imagen de archivo. (Reuters)

Sin ir más lejos, vi morir un motorista. Sin ir más lejos que unas calles hasta la maldita M-30 donde un coche embistió una moto a cinco metros de mi vista. Saltaron por los aires, en terrible cámara lenta, y en bucle desde entonces en mi memoria, moto y motorista en posición inversa. Cayeron de esa guisa a la dureza del suelo. Demasiado peso encima del aplastado motero. De riguroso y premonitorio negro tan quieta la moto tras el impacto, como el mono y el casco negro.

placeholder Alec Baldwin. (Getty)
Alec Baldwin. (Getty)

Frenazos, esquives, volantazos y rodeos improvisaron un ruedo de coches con el yaciente en el centro. La quietud desvencijada del pobre hombre en el suelo contrastaba aún más con los gritos desesperados de la mujer de manos en la cabeza que acababa de cambiar de carril sin pensárselo dos veces. Sin intermitente que valga. Y desde luego sin remedio. Como en fatal entreacto durante medio minuto pareció no pasar nada. Lo que siguió no lo cuento. Ver ese cuerpo luchando por aferrarse a su alma es algo que no recomiendo, ni quiero verbalizarlo. Descanse en paz el motorista, cosa que no sé si hará la que con el simple fallo de no mirar a los lados desencadenó la tragedia que no me gustaría estar contando.

Hay un nivel superior hablando de desasosiego tras ser causa de una muerte. Matar sin error ninguno. Ahí, ¿qué le dices a tu mente? ¿Qué le dirá Alec Baldwin al pobre que apretó el gatillo? Y, ¿dónde puede llegar tu vacío existencial si le añades que a la pobre que has finado era además una amiga?

placeholder ASet de rodaje donde se produjo la tragedia de Alec Baldwin. (Reuters)
ASet de rodaje donde se produjo la tragedia de Alec Baldwin. (Reuters)

Lo pienso y el escalofrío me hace dudar sobre a qué lado de la escena me hubiera gustado estar. Si apuntando con la cámara o detrás de la pistola. El resultado de muerte me suena más definitivo pero ese medio limbo en el que se puede quedar tu alma tras comprender lo ocurrido también suena un poco a muerte. A muerte de toda una vida. Todo perdió ya importancia en la vida de Alec Baldwin. Nunca más una entrevista será pensando en otra cosa. Ninguna de sus películas destacará por la trama. Destacará en la taquilla más bien a causa del drama. Ese es el morbo que manda. Y el que paga.

Y es en esa deriva de lo que quiere el que paga que no para de haber víctimas. Otra película con armas. Otras mil muertes en pantalla. Otro western, otra guerra. Da igual si mundial o de galaxias. Otro asesino en serie, otro defendiendo a su pueblo, otro matando vampiros, otro haciendo el justiciero. ¿Nos dan de lo que pedimos o escogemos entre lo que nos ofrecen? Audiencias y productores se hablan y retroalimentan. Repaso eso de los diez más vistos y hasta un calamar nos dispara. Sangre y tiros explicitan con demasiado detalle lo fácil de terminar con la vida, lo natural de matarla. Son todo heridas abiertas en ese mundo indoloro de detrás de las pantallas. Es un, no sé por qué, estar a muerte con las armas. Y tenemos demasiadas y nos gusta manejarlas o verlas en manos de otros.

Si el cine marca tendencia, las series juegan a muerte, los guionistas a lo fácil y nadie se pone en serio, no hará falta ningún virus que llene de zombis la tierra para que vayamos todos parapetados por las calles detrás de nuestras escopetas.

placeholder Imagen de archivo de una mujer disparando. (EFE)
Imagen de archivo de una mujer disparando. (EFE)

Demasiadas en el mundo. Reina el miedo entre nosotros. Tenemos que defendernos. Seiscientos treinta y nueve millones de armas ligeras registradas. Ligeras son por su peso pero también por su uso. Ciento ochenta y dos mil muertos al año, que se sepan, parecen aún no pesarnos. Setecientos mil heridos parecen aún no sangrarnos. Dos mil al día también son coste. Sentimental, sanitario. Guerras, robos y venganzas. Conquistas, odios y doctrinas. Todas alimentan el mundo y colonizan infiernos o cielos dependiendo, una vez más, de a qué lado del cañón de la pistola te encuentres. En suma perversidad también alimentan familias. El tres por ciento del PIB, de todo lo que producimos en nuestro disparatado y disparado mundo, lo hacemos para matar. Y no veo remordimientos. Ni solución a corto plazo. Ni voluntad para hacerlo.Más bien todo lo contrario.

No hay película sin tiros ni telediario sin sangre. No hay héroe que no dispare. No hay hombre que quiera serlo que no se defienda a lo bestia. Solo el tonto esgrime argumentos, se bate con la palabra, desdeña la violencia. Quizá porque somos muchos e intuimos competencia, la arrogancia, la intensidad de la afrenta, están alcanzando unos niveles donde hasta las palabras matan. Se dispara hasta con Twitter. Hay que revisar las redes con un chaleco antibalas.

placeholder Alec Baldwin. (EFE)
Alec Baldwin. (EFE)

En el caso de Alec Baldwin ya hay ejércitos de anónimos que pasaron hace días al otro lado de la raya. Hay quien lo defenestra, quien pide su detención, quien amenaza a su hija. Lo más loco y perverso lo ha escrito una congresista neoconservadora hablando de justicia divina por parodiar a su jefe. Baldwin imitaba a Trump. A mí me mataba de risa. Y si bloquearla fuera matar yo mataría a esa tipa.

A lomos de la tragedia viajan nuestras noticias. Que mañana sean otras no borrará de mi mente la imagen del motorista, la angustia de la señora, la mala suerte de Baldwin, la violencia creciente, ni las armas que hay en el mundo. Tampoco puedo dejar de pensar, llevo tres noches en vela, en lo cabalístico o próximo que pueda ser, o estar, mi partida. Ojalá tenga mi destino aún mil balas de fogueo y como armero a su lado un buen ángel de la guarda que esté un poco más atento. Y me siga fogueando con el devenir de la vida hasta que me acostumbre a la muerte para mi definitiva.

Querer matar es terrible, pero no sé si tanto como matar sin querer a alguien. Cuando se busca la muerte de otro se hará, supongo, desde el desprecio total de la existencia. La de los demás y la tuya. Debe ser esa mezquindad, ese minúsculo valor de la pérdida, la que atenúa la conciencia y transige con la circunstancia de haber sido tú quien borre a una persona del planeta. No ocurre eso en un accidente. Tiene que ser peor cuando, sin voluntad de matar a nadie y consciente del valor de la vida, cometes un error, fatal o insignificante, que manda un alma a otra parte y deja en tierra una máquina inánime y vacía.

El redactor recomienda