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Vuelos, extensiones, cashmere foils y más de 10.000 dólares: todas las claves del icónico rubio de Carolyn Bessette-Kennedy
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Vuelos, extensiones, cashmere foils y más de 10.000 dólares: todas las claves del icónico rubio de Carolyn Bessette-Kennedy

Todo ese proceso tiene un precio. Y no es precisamente bajo. Según el propio Moe, recrear el look completo superó con facilidad esa cantidad. Entre color, extensiones, horas de trabajo y mantenimiento

Foto: Fotograma de 'Love Story: John Kennedy y Carolyn Bessette'. (Disney)
Fotograma de 'Love Story: John Kennedy y Carolyn Bessette'. (Disney)

Cuando Ryan Murphy Productions lanzó la primera imagen de Sarah Pidgeon caracterizada como Carolyn Bessette-Kennedy para la serie 'Love Story', las redes sociales se volvieron locas. Y no para bien. El problema no era el vestuario ni la ambientación noventera: era el pelo. La peluca que llevaba la actriz no convencía a nadie. Demasiado rubia, demasiado plana, demasiado artificial. Nada que ver con esa melena maravillosa rubia mantequilla que convirtió a Bessette-Kennedy en un icono de estilo en los años noventa.

La reacción fue tal que la producción retiró las imágenes y decidió replantear el enfoque. Según cuenta la revista Allure, ese momento marcó el inicio de un cambio radical en el departamento de belleza de la serie. Llegó un nuevo equipo, al que internamente llamaron “Team CBK”, con una misión clara: recrear el pelo de Carolyn Bessette-Kennedy sin recurrir a una peluca.

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El hairstylist Barry Lee Moe, que ya había trabajado en transformaciones televisivas tan comentadas como la de Lily James en 'Pam & Tommy', fue uno de los responsables de ese giro. “Sabíamos que la peluca no iba a transmitir la energía del personaje”, explica. El objetivo era otro: que pareciera su propio pelo. Porque parte del mito de Carolyn Bessette-Kennedy era precisamente ese aire de lujo relajado, de melena perfecta pero sin esfuerzo aparente.

El problema es que el punto de partida no tenía nada que ver con ese ideal noventero. Sarah Pidgeon llegó al proyecto con un bob moreno y además teñido, algo que complica mucho cualquier proceso de aclarado intenso. Aun así, el equipo decidió trabajar con su propio cabello. El rodaje duraría seis meses y necesitaban que el resultado fuese realista, saludable y adaptable a distintas etapas de la historia.

placeholder Sarah Pidgeon (Getty Images)
Sarah Pidgeon (Getty Images)

Ahí entró en juego la colorista Kari Hill. Su misión era transformar el cabello oscuro de Pidgeon en ese rubio luminoso que Bessette-Kennedy llevaba en muchas de sus fotos más conocidas. Pero no bastaba con conseguir un rubio cualquiera. El equipo trabajaba con referencias fotográficas concretas de la época, intentando replicar matices específicos.

“Como colorista nunca sabes al cien por cien cuál será el resultado hasta que empiezas”, explica Hill en Allure. El proceso fue largo: dos días completos en el salón, más de 24 horas de trabajo en total. Solo el color ocupó alrededor de veinte horas, utilizando decoloración Schwarzkopf Blondeme y un sistema de tonalización Igora Vibrance aplicado con una técnica de mechas que Hill denomina “cashmere foils”.

placeholder Un fotograma de la serie de Disney (EFE Kurt Iswarienko FX)
Un fotograma de la serie de Disney (EFE Kurt Iswarienko FX)

Barry Lee Moe recuerda aquellas jornadas como auténticos maratones capilares. “El primer día estuvimos casi 14 horas. El segundo, unas 12”, cuenta.

Pero el color era solo una parte del cambio. La melena de Bessette-Kennedy también tenía longitud y movimiento, algo que Pidgeon no tenía al empezar el rodaje. Para solucionarlo, el especialista en extensiones Alex Pardoe diseñó un sistema a medida con unas 400 extensiones microbonded K-tip.

No eran extensiones cualquiera. Pardoe utilizó cabello eslavo virgen de 22 pulgadas, en cuatro o cinco tonos distintos de rubio para conseguir ese efecto natural y multidimensional. Además, modificó las mechas para que cada una pesara menos de lo habitual y se integrara mejor con el pelo natural de la actriz.

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Cada pequeña extensión se unía a un mechón equivalente de cabello natural mediante queratina, creando una proporción prácticamente perfecta. “Si compras extensiones ya preparadas suelen venir en mechones de un gramo. Yo las cortaba en tres partes, de unos 0,3 gramos”, explica. Así conseguía que la actriz no notara peso extra.

El mantenimiento tampoco fue menor. Durante el rodaje, Hill volaba regularmente desde Los Ángeles para revisar el color. Al principio hacía retoques cada seis semanas, sobre todo para mantener una raíz ligeramente crecida que reflejara el estilo más relajado que llevaba Bessette-Kennedy antes de su boda con John F. Kennedy Jr.

placeholder Una de las citas de la serie (Disney+)
Una de las citas de la serie (Disney+)

Más adelante, cuando la serie avanzaba hacia la etapa más conocida del personaje, esos retoques se volvieron más frecuentes. El equipo pasó a revisar la raíz cada tres semanas para lograr un acabado más pulido, más “Kennedy”, como lo describen ellos mismos.

El estilismo diario también requería estrategia. Para integrar el cabello natural con las extensiones, Moe hacía que Pidgeon durmiera con trenzas. Al día siguiente aplicaba un spray desenredante hidratante antes de peinar. Después utilizaba herramientas de ondas y rizadores, pero sin buscar un acabado demasiado perfecto.

La clave era lo contrario: romper la uniformidad. Añadía ondas aleatorias, algo de textura y, en ocasiones, incluso pulverizaba un poco de agua para deshacer el peinado y darle ese aspecto ligeramente desordenado que caracterizaba a Carolyn.

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Todo ese proceso tiene un precio. Y no es precisamente bajo. Según el propio Moe, recrear el look completo superó con facilidad los 10.000 dólares. Entre color, extensiones, horas de trabajo y mantenimiento, el coste total se acercó bastante a lo que suele pagarse en televisión por dos pelucas hechas a mano.

“Estoy acostumbrado a gastar entre 8.000 y 15.000 dólares en una peluca personalizada para un rodaje”, explica. “Lo que hicimos aquí fue más o menos equivalente, aunque el mantenimiento también suma”.

El resultado, al menos esta vez, parece haber convencido a los fans más exigentes. Y quizá no podía ser de otra manera: cuando se trata de recrear el pelo de Carolyn Bessette-Kennedy, uno de los iconos de belleza más reconocibles de los noventa, el listón está inevitablemente alto.

Cuando Ryan Murphy Productions lanzó la primera imagen de Sarah Pidgeon caracterizada como Carolyn Bessette-Kennedy para la serie 'Love Story', las redes sociales se volvieron locas. Y no para bien. El problema no era el vestuario ni la ambientación noventera: era el pelo. La peluca que llevaba la actriz no convencía a nadie. Demasiado rubia, demasiado plana, demasiado artificial. Nada que ver con esa melena maravillosa rubia mantequilla que convirtió a Bessette-Kennedy en un icono de estilo en los años noventa.

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