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Hablamos con Johanna Ortiz: la diseñadora que ha reunido a la créme de la créme en Madrid en un desfile inolvidable
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Hablamos con Johanna Ortiz: la diseñadora que ha reunido a la créme de la créme en Madrid en un desfile inolvidable

"Me emociona que las españolas puedan descubrir que Johanna Ortiz no es solo una marca, sino un estilo de vida que encaja naturalmente con el estilo de vida europeo", explicaba. Hoy lo han hecho

Foto: Mercedes-benz fashion week madrid
Mercedes-benz fashion week madrid

La Semana de la Moda de Madrid ha arrancado hoy con una sensación poco habitual: la de estar empezando algo. Más allá del calendario o de la primera jornada, había ambiente de cambio, de impulso. Y para abrir, una invitada que no pasa desapercibida: Johanna Ortiz.

La diseñadora colombiana no llegaba en frío. La entrevistamos días antes del desfile y ya dejaba clara la intención: “Sofisticado, instintivo y libre. Es una elegancia sin restricciones. Ese instante en el que estás en paz contigo misma y el glamour se vuelve natural”. No era solo una declaración de intenciones; era prácticamente un resumen de lo que iba a pasar después en el Círculo de Bellas Artes.

placeholder Una modelo durante el desfile de Johanna Ortiz. (A. Pérez Meca / Europa Press)
Una modelo durante el desfile de Johanna Ortiz. (A. Pérez Meca / Europa Press)

El lugar jugaba a favor. Columnas imponentes, luz cálida, ese aire ligeramente teatral que convierte cualquier desfile en algo más que una sucesión de looks. Y una moqueta negra cubierta de flores, con uno de sus estampados, que funcionaba como pista visual desde el primer momento: el estampado iba a ser protagonista.

Ortiz también insistía en el significado de presentar en Madrid. “La cultura española es una fuente inagotable de inspiración. Desde las obras de Velázquez y Goya, pasando por Dalí, Picasso y Miró, hasta la arquitectura majestuosa de Madrid y el universo tan auténtico de Gaudí. Me fascina Almodóvar, —¿sabía ella que minutos antes estaba en el mismo edificio?— y todas las mujeres que han formado parte de sus películas. También me conmueve el flamenco y sobre todo esa manera de vivir la calle: una celebración cotidiana de la vida.”. Esa idea de puente se ha visto durante todo el desfile. No como mezcla forzada, sino como algo bastante orgánico.

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Su universo esta tarde ha estado ahí: vestidos largos, movimiento, sensualidad controlada. Pero esta vez había un desplazamiento interesante. Ella misma lo adelantaba: hacer invierno desde una mirada tropical. Y eso se traduce en una colección donde el tejido pesa más, donde entran capas, abrigos, pieles, donde el cuerpo se cubre más de lo habitual en su trabajo.

En pasarela, ese giro se ve claro desde los primeros looks. Faldas de lentejuelas en tonos cobre combinadas con piezas de pelo voluminosas, blusas con caída más estructurada, siluetas que no buscan tanto el aire como el peso. Hay una inspiración que remite a paisajes más fríos —esa estepa rusa de la que hablaba— pero siempre pasada por su filtro.

El otro gran eje es España. En la entrevista nos hablaba de sus referencias: “las vestimentas tradicionales, las sevillanas, los bordados de los trajes de luces…”. En el desfile eso se traduce en chaquetillas ajustadas, en ciertos cortes que recuerdan al traje taurino sin serlo, en una paleta donde mandan los negros, los rojos profundos y los tonos tierra.

placeholder Una modelo durante el desfile de Johanna Ortiz (A. Pérez Meca / Europa Press)
Una modelo durante el desfile de Johanna Ortiz (A. Pérez Meca / Europa Press)

También en la noche. Ortiz decía que esta colección era “una celebración de la mujer que sale de noche en Madrid y disfruta la ciudad con libertad”. Y eso se entiende especialmente en los looks más oscuros: vestidos con bordados, capas amplias, piezas que tienen algo más urbano, más de calle nocturna que de postal.

El estampado, como era de esperar, sigue siendo uno de sus puntos fuertes. Flores grandes, casi tapiz, que dialogan directamente con la moqueta. No es un detalle menor: hay momentos en los que las modelos parecen formar parte del espacio. Todo está pensado para que encaje.

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Una modelo durante el desfile de Johanna Ortiz(A. Pérez Meca / Europa Press)

A eso se suman las joyas, inspiradas en el Museo del Oro de Bogotá. Collares largos, dorados, bastante contundentes, que aportan ese punto de identidad colombiana sin romper el discurso más europeo de la colección.

Y luego está el boho, que en Ortiz nunca es descuidado. Aquí se mantiene, pero más afinado. Es ese equilibrio que ella maneja bien: feminidad clara, pero sin caer en lo obvio.

Una convocatoria excepcional

"Hay muchas personalidades españolas que admiro profundamente y, por supuesto, me haría mucha ilusión ver en el front row a muchas de las amigas en Madrid que nos han acompañado desde nuestros inicios", nos explicaba Joha, como la llaman sus amigas. El front row confirmaba ese cariño y ayudaba a reforzar esa idea de mezcla. En un lado, perfiles más profesionales, profesionales de la moda que venían directas de la oficina; en el otro, nombres como Isabel Preysler, Amparo Corsini, Laura Vecino, Renata Collado y Sofía Palazuelo. Apellidos como Hannover, Kennedy o Windsor compartiendo banco con influencers internacionales como Sofía Achaval, Alex Rivière, Inés de Cominges o Filippa Abreu. "Somos mujeres fuertes sin perder la feminidad. Mujeres con carácter que entendemos la moda como una expresión festiva y de identidad", definía así a sus seguidoras españolas hoy presentes.

Entre las modelos, Almudena Cañedo, de negro, discreta, muy alineada con una parte importante de la colección. Porque, aunque Ortiz trabaje mucho el color, el negro tiene bastante peso aquí. Y funciona.

En pasarela, algunos looks resumen bien el conjunto. Un vestido negro con bordados claros y capa amplia, con mucho movimiento, que equilibra dramatismo y ligereza. O los conjuntos estampados más ajustados, combinados con botas, que llevan el universo Ortiz a un terreno más urbano.

También hay repetición, eso es verdad. Tiene su propia fórmula, combinaciones que ya hemos visto en otras colecciones. Pero no parece que le preocupe demasiado. Más que reinventar, está afinando. Y eso, en una marca que funciona, tiene sentido.

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Una modelo durante el desfile de Johanna Ortiz (A. Pérez Meca / Europa Press)

Hay otro dato que ayuda a entender el resultado: el equipo. Ortiz hablaba de las más de 470 personas que sostienen la firma. Y se nota. No tanto en el espectáculo como en la ejecución. Las prendas están bien resueltas, hay coherencia y una sensación clara de marca sólida.

El cierre refuerza la idea de invierno que planteaba al principio. No un invierno literal, sino uno reinterpretado, más estético que funcional. Un invierno visto desde alguien que viene de otro clima y que no quiere renunciar a su identidad.

Al final, la sensación es doble. Por un lado, un desfile potente, bien construido, con una diseñadora que sabe lo que hace. Por otro, un arranque de semana de la moda que, al menos hoy, ha conseguido algo importante: generar interés real. Y eso no siempre pasa.

La Semana de la Moda de Madrid ha arrancado hoy con una sensación poco habitual: la de estar empezando algo. Más allá del calendario o de la primera jornada, había ambiente de cambio, de impulso. Y para abrir, una invitada que no pasa desapercibida: Johanna Ortiz.

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