Logo El Confidencial
MENÚ CROMÁTICO

Seis bares a todo color que te alegrarán el día

Esta cromoterapia tiene toda la pinta de surtir tanto efecto como los cuadros del mejor Chagall. Los siguientes bares están subiditos de tono. Huye si buscabas una clásica en blanco y negro.

Foto: El KesSalao, en Bonn, está diseñado por el estudio valenciano Masqueespacio
El KesSalao, en Bonn, está diseñado por el estudio valenciano Masqueespacio

Esta cromoterapia tiene toda la pinta de surtir tanto efecto como los cuadros del mejor Chagall. Los bares que vamos a ver a continuación están subiditos de tono. Huye si buscabas un clásico en blanco y negro, porque estos, más o menos modernos, son a todo color. La alegría también puede ser un lugar.

El Mendrugo, en Madrid. Chueca por aquí, Chueca por allá, hasta calar hondo en este bar de pareo y chanclas en el Madrid sin playa (C/ Colmenares, 5). Vaya, El Mendrugo exhibe con descaro la gastronomía mediterránea de nuestra dieta predilecta con una fachada de cruzar los dedos y que haya suerte; es amarilla. Las explicaciones, en el interior: a base de sándwich de polenta relleno de queso y tomate seco, chipirones rellenos (no de la forma tradicional), coca de sardinas ahumadas, risotto de codorniz o codillo en salsa de canela y chocolate. Como guinda, la tarta de manzana y hojaldre a su manera, y los rulos de membrillo y queso.

Bar 68, en Barcelona. Presume de ambiente “simpático, alternativo y ecléctico” en medio del ya de por sí díscolo barrio del Raval (C/ Sant Pau, 68). Este club 68 parece tener las medidas de los diletantes y náufragos que ven islas en estos antros que también saben ser sofisticados, y donde se subliman las tapas y la coctelería de autor por igual, que el estómago hay que tenerlo lleno. Un bar canalla de esos para pernoctar que acostumbran a tener no clientes sino fans.

Foto: Wolf-Dieter Grabner
Foto: Wolf-Dieter Grabner

Galería Cosmo, en Barcelona. Lo que tiene ser galería de arte con nutrida programación, además de café, es que la decoración no siempre es la misma. Ahora, por ejemplo, son los ‘cosmomurales’ de Amaia Arrazola, sus ‘big tótems’, los que animan este cotarro en la vía que no hay que saltarse del callejero barcelonés (Enrique Granados, esta vez el número 3). Además, comerse una magdalena como dioses proustianos o ingerir a conciencia (tranquila) el último batido supervitaminado mientras se engulle la misma dosis de arte es más de lo que podíamos pedir en una barra que se hace acompañar con un sofá azul Mediterráneo, taburetes rojos, lámparas de todos los colores y flores, muchas y frescas. Todo un Cosmo(s).

Siniqual, en Madrid. Este restaurante que practica la soleada gastronomía mediterránea en el gourmet barrio de Salamanca (C/ Ortega y Gasset 73) es, decoración mediante, todo un parchís: sillas, servilletas y grandes lienzos en la pared se visten de rojo, amarillo o azul, según, mientras los platos se llenan de delicias como el milhojas de berenjenas con tomate, mozzarella, parmesano y albahaca, el lomo alto de vaca confitado en carpaccio a la pimienta negra y sal maldón, o la juliana de espinacas frescas con calabaza, anchoas del Cantábrico, avellanas y manzanas starking. Un menú por 12 euros y la que llaman ‘la mesa de la casa’, para cenas privadas, son dos razones más para ir al Siniqual.

Combarro, en Madrid. Este ilustre gallego donde curarse la morriña a fuerza de tradición que es además un caladero donde pescar lo mejor del finisterre en mitad de Madrid (C/ Reina Mercedes, 12) tiene un salón comedor que podría haber servido de telón de fondo a Henri Matisse, a pesar de hacer gala de unos dorados muy de Dalí. Y como no solo de frutos del mar vive el hombre (camarones, nécoras y centolla de la Ría), ni siquiera en el centro neurálgico de una bendecida marisquería, también se sirven carnes de vacuno y un generoso surtido de hortalizas y verduras de aquellas tierras.

KesSalao, en Bonn. Si tus pies y la sirena que canta tus tentaciones te llevan hasta la ciudad alemana que es cuna de Beethoven (C/ Bonner Talweg, 88), déjate caer por este bar que arrostra cierta extravagancia de parque infantil. En KesSalao te sentirás de cumpleaños -huelga decirlo-, así que celébralo con una ensalada, algo de pasta y un batido de frutas; todo muy fresco y natural. El diseño también te alimentará. Este take away tan mediterráneo (otra vez) tenía que ser de un estudio de decoración valenciano, Masqueespacio. Por cierto, su logo es una gota de aceite de oliva, y los asientos y macetas son de rafia. Esos pequeños detalles. 

 

Ocio

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios