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VIAJES GASTRONÓMICOS

Experiencia 3 estrellas: El Cenador de Amós, la excusa perfecta para volver a Cantabria

No solo promete una experiencia gastro de altos vuelos, sino que se aloja en un palacio con fachada barroca que es igualmente gourmet. Y luego están los alrededores, que son la crème de la crème

Foto: El Cenador de Amós es una casona dieciochesca donde además se come de lujo. (Cortesía)
El Cenador de Amós es una casona dieciochesca donde además se come de lujo. (Cortesía)

Ya no es porque se haya convertido en el nuevo restaurante triestrellado en el cielo Michelin, que también, sino porque El Cenador de Amós, el templo del chef Jesús Sánchez, está en ese punto de nuestra geografía donde la tradición -pongamos el muy royal palacio de la Magdalena- ha terminado por dar cobijo a la modernidad -el ultimísimo Centro Botín, una nueva incursión del arquitecto genovés Renzo Piano-, y esto es solo Santander, la capital. Y porque, además, el restaurante es en realidad una casona-palacio (siglo XVIII) de las que tanto abundan por aquí. Esta, en Villaverde de Pontones. No te lo pienses. El Cenador de Amós es la excusa que necesitabas para escaparte de nuevo a Cantabria. Nos vamos.

El Cenador de Amós, más que un restaurante

Lo decíamos: a la experiencia de probar la excelsa cocina de uno de nuestros grandes, se suma la emoción de cruzar el umbral de un edificio que data de 1756, la Casa-Palacio Mazarrasa, que presume de fachada barroca, consta de cuerpo central en forma de torre, con decoración geométrica, y dos cuerpos laterales. Más madera: el comedor principal del Cenador, que al fin y al cabo es a lo que vamos, está nada menos que en el antiguo patio reservado a los coches de caballos (¡qué tiempos!). Y hay otros dos comedores, llenos de luz natural e igualmente, según ellos mismos destacan (y damos fe), encantadores. Amós era el abuelo, un hombre navarro, “campechano y popularísimo (…) que cocinaba sopas de pimiento por la noche”, en palabras del chef.

Espíritu dieciochesco y un toque de diseño

A sus muros de piedra, sus elementos arquitectónicos originales, que siguen ahí (hablamos de las puertas de época, los arcos de piedra, la ebanistería de pinotea, castaño y roble), hay que sumarle el aire minimalista que le han dado sus interioristas a través de los suelos pulidos, las paredes y las vigas teñidas de blanco blanquísimo y los objetos de diseño. De todo esto resulta una suerte de decoración 'modest fashion' que nos encanta, desnuda, pensada, con cierta solemnidad y algo conventual. Una delicia, y aún no hemos llegado a los menús.

Y en la mesa: los delirios del chef

Jesús Sánchez, que ha pasado a formar parte de ese olimpo en el que están Arzak, Subijana, Dabiz Muñoz, Ángel León, Martín Berasategui y pocos más, los tres estrellas Michelin de nuestra geografía, resume lo suyo en tres menús degustación: Esencia (137 euros), Memoria (114 euros) y Experiencia (167), que son de huerta, tierra y mar, “proponiendo un viaje a través de formas creativas y alcanzando así sabores únicos”, leemos. Hay que dejarse llevar/sorprender.

Todo comienza por la anchoa de Santoña, sigue con la visita a la bodega y a la panadería, donde elaboran sus propios panes (ecológicos), continúa en la antesala con tres aperitivos y termina en la mesa donde ya se despacha el menú elegido con el broche de oro de los petit fours. Entre tanto desfilan manjares como la ensalada de bogavante con coral o la tortilla en texturas. A cargo de la sala, Marián Martínez, esposa del chef. Esta aventura gastro empezó en 1993.

El pueblo, Villaverde de Pontones

Todo esto pasa en Villaverde de Pontones, que es una pequeña localidad cántabra en medio de un paisaje embaucador, verde que te quiero verde, regado por el río Pontones, y perteneciente a Ribamontán al Monte, comarca de Trasmiera, que fue cuna de afamados canteros que dieron a estas tierras insignes ejemplos de arquitectura tardogótica, clásica y barroca. Se ve en la iglesia del propio Villaverde y también en las de Santa María de Toraya, en Hoz de Anero, o la de San Juan Bautista, en Pontones. Abundan también aquí y allá las casonas y palacios. En Villaverde, además del que aloja al Cenador de Amós, está la Casona de Cagigal (XIX) y el Palacio de Arco-Agüero (XVIII). Para los amantes de la prehistoria, la Cueva de la Garma en Omoño, con pinturas.

Dónde dormir: hotel El Montero

Si das un paso más allá e incluso si tienes en mente esquiar, al ladito de la estación de Brañavieja, en el Alto Campoo (con cumbres que superan los 2.200 metros), término de Soto, para ser más exactos, está el hotel El Montero, un refugio que te sorprenderá no solo por su cuidada decoración, sino también por el excelente trato y sus increíbles precios (desde 64 euros). Se está, se duerme y se come de maravilla.

Así es el hotel El Montero. (Foto: Ohlalalaia)
Así es el hotel El Montero. (Foto: Ohlalalaia)

Son 18 coquetas habitaciones en un edificio de los años veinte que fue lugar de retiro en este valle. A tener en cuenta: está a solo cinco kilómetros del Centro de Interpretación del Románico, dentro de la iglesia de Santa María la Mayor de Villacantid; tienes el Parque Natural de Saja-Besaya a tus espaldas, con la aldea de Bárcena Mayor como ejemplo de arquitectura montañesa; Comillas, que siempre es un destino preferente, a 60 escasos kilómetros; los Picos de Europa al este esperándote… Y en fin, tanto para ver.

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