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Comillas, el pueblo modernista y señorial donde podrás vivir una experiencia royal

Esta villa es así por culpa de un marqués que hizo las Américas, un indiano de pro que dejó su huella al lado del Cantábrico con la ayuda incluso del gran Gaudí. No sabemos si es más de cuento o de novela

Foto: En Comillas también Gaudí hizo de las suyas. (Archivo Gráfico del Capricho de Gaudí)
En Comillas también Gaudí hizo de las suyas. (Archivo Gráfico del Capricho de Gaudí)

Si te gustan las villas aristocráticas y jugar a contar casonas y palacios con los dedos, la noble y muy ilustre Comillas, en Cantabria, es tu destino. Porque no hay mejor sitio en toda España que este, y que nos perdone la bella Easo (San Sebastián), para vivir una experiencia royal. Aquí se podrían celebrar muchos Bailes de la Rosa. Y todo, o en gran parte, se lo debemos a Antonio López y López, ese indiano que emigró a Cuba, fundó la compañía naviera La Trasatlántica y fue nombrado por Alfonso XII, un amigo, marqués (de Comillas).

Era la época del gran esplendor, finales del XIX, principios del XX. Se transformó en una villa digna de reyes. Por todo esto, y muchísimo más, este pueblo podría ser nombrado el más bonito de España. Como Úbeda, Zafra, Combarro o Frigiliana. No le falta ni la huella de Gaudí. Un capricho. Ah, es muy marinero y muy verde.

Una villa con ángel...

No lo decimos solo por el encanto, sino por la escultura modernista que preside el cementerio con vistas al mar, que se levanta sobre las ruinas de una iglesia del siglo XV, y que es obra de Llimona: el Ángel Exterminador, esta vez nada que ver con Buñuel. Todo en Comillas es así. Monumental, ilustre, novelesco y un pelín fantasmal (solo hay que ver la Casa del Duque, donde se han rodado películas de terror, tan victoriana ella). Una plaza vieja, una iglesia parroquial, casas que son dieciochescas y mucho casoplón de estremecer a lo largo y ancho de un núcleo urbano a resguardo de su colinas. No todo es modernismo.

... y un marqués (amigo de Alfonso XII)

Ya hemos nombrado al insigne Antonio López y López, toda una celebrity (¿o habría que decir influencer?) para la época, puesto que su tirón, ese pedigrí de quien ha hecho con gloria las Américas, atrajo a reyes (Alfonso XII y María Cristina se alojaron en la Casa Ocejo, por supuesto también del marqués), miembros de la Corte y Gobierno. Y lo demás fue rodado: el marqués, en una de esas vacaciones reales, cuentan los cronicones, hizo instalar el primer alumbrado público. El marqués levantó el magnífico palacio de Sobrellano. Y a expensas del marqués se erigió la soberbia universidad que el Papa rápidamente hizo pontifica, sobre una colina e impresionante panorama marítimo. Sí, el noble está hasta en la sopa. En cuanto a la villa, no solo fue refugio de la burguesía y aristocracia, sino también cuna de arzobispos. No le falta de nada. Si hasta fue un referente en el turismo de baños de ola y gozó del primer campo de golf de España.

… y un sueño de los que tuvo Gaudí

El autor del Parque Güell también imaginó un palacio orientalizante, inspirado en India, Persia y Japón, así como en nuestro mudéjar y nazarí, cuajado de azulejos (atención a sus mosaicos de girasoles), remates en forma de templetes y arcos mitrales, a la medida del esplendor de Comillas. Y se hizo realidad como El Capricho (www.elcaprichodegaudi.com), una de sus escasas obras fuera de Cataluña, muy de cuento. Esta vez por encargo de otro indiano, Máximo Díaz de Quijano, por descontado emparentado con el marqués. Está en el barrio de Sobrellano, junto al fastuoso palacio del mismo nombre, con salón del trono y todo. Hay que verlos, los dos.

Encima presume de playa y montaña

Una playa de arena fina, la de Comillas, no lejos del puerto pesquero, que fue ballenero, el más pequeño del mundo, y a lo largo de una costa con acantilados como los de la Garita o del Cabrero que está incluida en el Parque Natural de Oyambre. Porque esta playa, que es la más salvaje y hermosa de la región, con dunas y gran riqueza ecológica, empieza aquí aunque luego se hace larga en territorio de Valdáliga. Por cierto, no hay que perderse este pueblo, por sus construcciones montañesas y sus palacios de estilo barroco-montañés, ni el bosque de Monte Corona, donde habitan los castaños.

Dónde comer y dormir

Como suele suceder es la plaza, la del Corro, el mejor lugar para darse a los placeres de la buena mesa, por ejemplo, en La Terrazuca (en el número 2). Otra opción es dejarse caer por La Gilda (C/ Joan Martorell Montells, 1), que presume de jardín, o llegar al Muelle y entrar en La Lonja de Comillas, todo muy marinero: te servirán albóndigas de calamar. Para dormir, el hotel Las Dunas de Oyambre (www.dunasdeoyambre.como), que está muy cerca del mar y con los impresionantes Picos de Europa como telón de fondo (desde 66 euros).

Así es el hotel Las Dunas de Oyambre. (Cortesía)
Así es el hotel Las Dunas de Oyambre. (Cortesía)

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