Circlassica: uno de esos sueños que comparten niños y mayores
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Circlassica: uno de esos sueños que comparten niños y mayores

'El sueño de Miliki' es una historia que nos devuelve a la infancia y en 120 minutos ayuda a que tus pequeños y tú veáis con los mismos ojos

Foto: 'Circlassica. El sueño de Miliki'. (Cortesía)
'Circlassica. El sueño de Miliki'. (Cortesía)

Ante la pregunta: "¿Cómo están ustedes?". La respuesta siempre es: "Bien". Aunque después de vivir el espectáculo 'Circlassica. El sueño de Miliki', yo diría: "Muy bien".

Las claves de este nuevo show de Productores de Sonrisas son las que uno busca y no suele encontrar cuando hace un plan infantil, y es que padres y niños salgan contentos. Normalmente, cualquier sábado o domingo, después de vivir con ellos cualquiera de los inventos habidos y por haber para no estar encerrados en casa, solemos suspirar y decir: "Ha valido la pena por ellos". Pero en este caso vale la pena por toda la familia. A los mayores nos permite redescubrirles aquel mundo bondadoso que nos mostraron los payasos de la tele, nos invita a susurrar todas las canciones que escuchábamos de pequeños y que formen parte de la melodía vital de la vida de los nuestros, reencontrarnos con el niño que llevamos dentro. Y a ellos descubrir un mundo diferente, darles en vida esa herencia que vale la pena: los valores.

placeholder 'Circlassica. El sueño de Miliki'. (Cortesía)
'Circlassica. El sueño de Miliki'. (Cortesía)

La historia está protagonizada por un niño, Miliki, de 7 años, que sueña con ser payaso. Tiene mensajes muy actualizados. Que los sueños solo se logran a través del trabajo y el esfuerzo, y que la fama por la fama es el mayor enemigo del alma. Miliki sueña toda la obra, con viajar, con hacer reír a la gente, con componer canciones, y en ese proyecto se encuentra a dos personajes requetefinos y medio chiflados: Don Pepito y Don José, que le darán los trucos para conseguir cumplir su deseo, una ansiada nariz de payaso. Pero, como en la vida, el pequeño encontrará un par de obstáculos, aunque en esta ocasión tienen nombre propio: Astracán y Tosca, que intentarán mostrarle el camino erróneo.

Emotividad, emoción, espectáculo, circo, pero del bueno... Todos los ingredientes para que los niños al salir de la carpa de Ifema pidan repetir el año que viene y que a los padres no nos importe hacerlo.

Detrás de todo este cóctel cargado de sentimentalidad, está la dirección creativa de Emilio Aragón. Y es parte del secreto, un conocimiento propio de los orígenes de todas las historias que reúnen a Susanita, a Don Pepito, Don José y un largo etcétera de personajes de la factoría Aragón. También es el responsable de la música y se nota.

La puesta en escena con orquesta en directo y todo tipo de números de malabares de artistas (algunos muy valientes) llegados de diferentes partes del mundo hacen que las onomatopeyas sean una constante en la banda sonora que compone el público.

Merece mención especial el vestuario, aunque parte de los básicos conocidos por todos como la camiseta roja hasta los pies, los zapatos de punta redonda y enormes, la gorra a cuadros y el acordeón que siempre le acompañaban. En el resto de personajes evoluciona de una forma elegante y cuidadísima hasta erigirse como una de las claves de la belleza de las dos horas de historia (que los niños disfrutan minuto a minuto sin queja).

Reconcilia a los que hemos sido menos amantes del circo con todos sus aspectos, y el objetivo de Productores de Sonrisas de "posicionar las artes del circo como un elemento más de la cultura de nuestro país, buscando propuestas innovadoras para un público cada día más exigente y realizando espectáculos llenos de elegancia y originalidad, donde su máxima es ofrecer momentos únicos que generen en el espectador una experiencia inolvidable", se consigue 100%.

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