Casas de famosos: Una joya de saldo y la ruina familiar: lo que hay detrás del incendio del palacio de Osuna
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está en aranjuez y se incendió el domingo

Una joya de saldo y la ruina familiar: lo que hay detrás del incendio del palacio de Osuna

El fuego, aún no controlado, de una de las propiedades emblemáticas de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad nos ha llevado a bucear en la historia de los dueños del inmueble

Foto: Incendio en el palacio de Osuna, de Aranjuez. (EFE)
Incendio en el palacio de Osuna, de Aranjuez. (EFE)

El domingo pasado, Aranjuez, en Madrid, amaneció con uno de sus edificios más emblemáticos en llamas, situado junto al Jardín del Príncipe. Se trata del palacio que data de 1751 del conocido cantante italiano Carlo Broschi, Farinelli, y que posteriormente fue adquirido por el duque de Osuna (1787), y de este propietario toma su nombre. La falta de novios -se ofreció incluso a la Universidad Complutense- ha hecho que este inmueble catalogado de Bien de Interés Cultural se fuera convirtiendo en una ruina, ahora pasto de las llamas. Todo apunta a unos okupas que vivían en el inmueble, aunque no se descarta ninguna hipótesis.

En 2012, parte del palacio del que fue el cantante castrado más famoso del siglo XVIII salió al mercado por 4,2 millones de euros y, actualmente, un portal de viviendas oferta el inmueble por 1,5 millones. En el anuncio, que se recrea en la historia del lugar, se destacan sus diez habitaciones y su localización: “En un radio de 300 metros se encuentran el Palacio Real, el Palacio de Godoy y el del Nuncio”. Además, se indica que la propiedad tiene múltiples usos: residencial, hotelero, comercial e incluso religioso.

El palacio de Osuna, en Aranjuez.
El palacio de Osuna, en Aranjuez.

El castrado, el noble y los promotores

Para entender el declive de este lugar hay que bucear en la historia de sus propietarios. El palacio, que alojó y recibió a los principales artistas, músicos, literatos y políticos de la corte de Felipe V y de Fernando VI y Bárbara de Braganza, no solo fue hogar de Farinelli, que, por cierto, fue desterrado por Carlos III y que le reintegró el coste de la casa como indemnización a los duques de Osuna.

Pero la historia de este lugar es aún más apasionante. En 1787 fue adquirida por los novenos duques de Osuna -pintados por Goya-, Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Mª Josefa Alonso Pimentel. Según detallan desde la Asociación Hispania Nostra, el duque encargó su ampliación a Juan de Villanueva entre 1787 y 1795. Los Osuna, que fueron mecenas de artistas y literatos, se hospedaban en este palacio cuando la familia real estaba en Aranjuez.

"El palacio continuó en manos de los duques hasta finales del XIX, cuando el XII duque, nieto de Pedro y Josefa, Mariano Téllez-Girón, famoso por sus derroches que le llevaron a la ruina, tuvo que venderlo. Es en este momento cuando se divide el inmueble en dos partes. La planta baja o principal la adquiere Juan Richer Turión, por aquellas épocas alcalde de Aranjuez. Esta parte del inmueble fue lugar de residencia de los Richer durante varias generaciones hasta hace pocos años", aclaran desde esta entidad no lucrativa que tiene como objetivo la defensa, salvaguarda y puesta en valor del patrimonio cultural y natural español y que tenía este lugar en su lista roja.

Fachada del palacio de Osuna de Aranjuez, antes del incendio.
Fachada del palacio de Osuna de Aranjuez, antes del incendio.

De ahí, parte del palacio ahora arrasado por las llamas pasó a la familia Cristóbal, unos empresarios inmobiliarios de Aranjuez, dueños de Prominar, que subieron y cayeron con la burbuja inmobiliaria. El nombre de esta familia está asociado al desarrollo urbanístico de la ciudad y a una zona llamada Ciudad de las Artes-Nuevo Aranjuez. Los Cristóbal, unos enamorados de la historia de la ciudad, tenían el 50 por ciento de la propiedad y en un principio la familia quería comprar el resto para rehabilitarlo y construir un hotel con encanto para organización de eventos. Algo que nunca se llevó a cabo.

La parte del edificio que tenían en venta era la más emblemática del inmueble. Se trata de los 535 metros cuadrados construidos en la planta baja y el jardín de más de 500 metros que da a la calle de la Reina, además del Patio de la Parra de 134 metros en proindiviso. En planta alta, el edificio disponía de más de 850 metros cuadrados. Y en el sótano destacaba un espacio abovedado de unos 70 metros cuadrados. Este medio se ha puesto en contacto con uno de los herederos, Pedro Cristóbal, que ha rehusado hacer declaraciones. Actualmente el palacio sigue a la venta en varias webs rusas con distintos precios, nunca inferiores a 3 millones de euros.

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