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ÓRDAGO A LA GRANDE

Alejandro Agag, príncipe en España, rey en el mundo

Si aceptan la oferta que ha hecho esta semana de 600 millones por el control total de la Fórmula E, el empresario se convertirá en uno de los hombres más poderosos del deporte

Foto: Alejandro Agag, en Santiago de Chile. (Getty)
Alejandro Agag, en Santiago de Chile. (Getty)

"Hubo momentos muy difíciles por el camino, así que estoy muy orgulloso de que estemos haciendo algo bueno por la humanidad". Alejandro Agag no oculta estos días su satisfacción. Según datos de la FIA, los jóvenes de 13 a 17 años han aumentado su interés (digital) por la Fórmula E en un 347 % desde el año pasado; entre los de 18 a 24 años de edad el dato es menos espectacular (un 54%), pero igual de alentador. El éxito, según el empresario, fundador y CEO de la Fórmula E, se debe "a una mezcla de cosas". "La gente espera disfrutar de una buena carrera, pero también van a ver en juego a una nueva tecnología, donde hay que saber administrar el gasto de la batería. Es algo diferente", explica Agag en una entrevista publicada por 'Forbes' la semana pasada. En España, conseguir una entrevista con Agag para una sección que no sea de Deportes es imposible. Así lo advierte él mismo a Vanitatis.

Eso, aunque haya motivo. El yerno del expresidente José María Aznar se ha marcado esta semana un órdago a la grande. Quiere tomar el control de la competición de monoplazas eléctricos, para lo cual ha puesto 600 millones de euros sobre la mesa. No literalmente. De momento es una propuesta que ha hecho al consejo de administración de la sociedad que explota la competición y de la que él mismo es consejero delegado, Formula E Holdings. El objetivo final es tener el control total sobre la competición de coches eléctricos que él mismo fundó y que cada temporada ha logrado sumar patrocinios, inversores y marcas de automóviles participantes.

Quizá se acuerde ahora de su primer coche, un Opel que le robaron exactamente tres días después de salir del concesionario. "Recuerdo que estaba en los Alpes franceses en la semana de Año Nuevo cuando mi madre vino a decirme que me habían robado el coche", contó en una entrevista. "Lo había comprado con mis propios ahorros, entonces llevaba un bar".

Agag charla con Paris Hilton durante una cena en México. (Getty)
Agag charla con Paris Hilton durante una cena en México. (Getty)

La licencia de la competición eléctrica le costó un poco más, 18 millones de euros en concreto. Dinero bien invertido a juzgar por los resultados. Ahora quiere doblar la jugada y rascarse un poco más el bolsillo para convencer al resto del consejo de que le unjan como rey de la competición. Por un lado, está el gigante de los medios y propietario en exclusiva de la Fórmula 1, Liberty Media, que ha sido accionista desde el inicio y en 2016 reforzó aún más su posición comprándole un 25% al promotor inmobiliario Enrique Bañuelos. Por otro están Discovery Communications, la suiza Julius Baer, el piloto Nico Rosberg y la entidad china CMC Capital Partners.

Si lo consigue, Agag habrá culminado el sueño por el que muchos le llamaron loco en su vida. Incluso Bernie Ecclestone, el emperador del automovilismo. Y sobre todo, podrá sacudirse de una vez y para siempre el sambenito de 'yerno de' con el que es conocido en España. En una entrevista a 'How to spend it', el suplemento de lujo y glamour del 'Financial Times', el exeurodiputado recorrió con la revista sus locales favoritos alrededor del mundo salpicando las anécdotas de nombres propios. "Al principio, nadie creía en la Fórmula E, así que tuve que hacer mucha labor de persuasión, la mayor parte en restaurantes", comenzaba. "...en Nueva York, donde cené con Leo Di Caprio...; en Hong Kong, donde hicimos negocios con Lawrence Yu, presidente de la Hong Kong Automobile Association...; en Buenos Aires, para impresionar al equipo de Mauricio Macri... ;en Madrid, donde un amigo me invitó a cenar con el presidente Clinton...".

El mes pasado, Agag estuvo enseñándole las bondades de la competición eléctrica al mismísimo Papa. La citada entrevista en 'FT' dibujaba el perfil de un hombre de éxito, con un nivel de relaciones estratosférico, un triunfador. El marido de Ana Aznar Botella (doctora en Psicología y madre de sus cuatro hijos) es el 'alma mater' de esta nueva Fórmula Uno ecológica, un espectáculo que mueve millones de euros y que podría decirse que ha aniquilado absolutamente su pasado político.

La familia se mudó a Londres hace cinco años, donde tienen su base de operaciones en una preciosa casa en el barrio residencial de Richmond. Ana Aznar es profesora del departamento de Psicología de la Universidad de Winchester desde 2016. En su currículo, la esposa de Agag explica su especialización: "En general, estoy interesada en cómo los niños aprenden a través de las interacciones de cada día con los otros, tanto en conversaciones con sus padres como con sus pares". Aznar estudió en la Universidad de Kingston y realizó el doctorado en la Universidad de Surrey.

Checking out a race that has been around since 1711. Future and heritage #royalascot @alonaznarbotella

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Con la mudanza se consumó la transformación de los Agag Aznar en celebrities internacionales. En España, Alejandro se había labrado un camino en la política como asesor del expresidente Aznar y como eurodiputado del Partido Popular. Pero después dio un giro a su vida y entre sus múltiples negocios vislumbró uno que podía cambiarle la vida a él y a la humanidad, un concepto algo rimbombante que sin embargo repite machaconamente cuando se le pregunta qué es lo más emocionante de haber 'parido' la Fórmula E. "No es solo un deporte, es que la tecnología que está usando la FE va a cambiar la forma de desplazarse de la humanidad", recordaba en 'Forbes'.

Alejandro Agag e Irina Shayk, en una gala en Los Ángeles. (Getty)
Alejandro Agag e Irina Shayk, en una gala en Los Ángeles. (Getty)

Las pocas veces que Ana Aznar y Agag se dejan ver como pareja es siempre en los ámbitos más selectos y rodeados de nombres propios. Son íntimos de Valeria Mazza, de Flavio Briatore, de Ecclestone, y podría decirse que de todo el mundo. Aún así, los amigos que aún conservan en España insisten en la "normalidad" de un matrimonio que hace encaje de bolillos con sus profesiones. "Él está continuamente viajando, así que es ella quien está más encima de los niños, nada que no pase en una familia de hoy en día".

Agag a veces encuentra tiempo para ir con sus hijos al parque de Battersea, cercano a su casa, o al de Richmond. "Estoy trabajando continuamente, pero tengo la suerte de tener una gran mujer y unos hijos fantásticos. Tienen mucha paciencia" (y esta es de las pocas concesiones personales que ha hecho el expolítico en una entrevista). A veces es Ana la que se desplaza con él para pasar más tiempo juntos.

"Son una familia normal", dicen. Todo lo normal que puede ser si eres el próximo rey del automovilismo.

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