Isabel Preysler, una marquesa de Griñón que no fue bien aceptada
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SU DIFÍCIL SITUACIÓN

Isabel Preysler, una marquesa de Griñón que no fue bien aceptada

La hoy pareja del nobel Mario Vargas Llosa llevó el título que ha heredado su hija Tamara durante siete años, el tiempo que duró su matrimonio con Carlos Falcó

placeholder Foto:  Isabel Preysler. (Getty)
Isabel Preysler. (Getty)

Isabel Preysler fue marquesa de Griñón durante siete años, el tiempo que duró su matrimonio con Carlos Falcó. El 15 de julio de 1985, la pareja firmaba un comunicado conjunto donde anunciaban su separación. Miguel Boyer ya había entrado como un huracán en la vida de la aristócrata consorte, pero hasta ese día no fue oficial la ruptura.

La revista 'Tiempo' ya había adelantado una portada en la que aparecían Isabel y Miguel en la discoteca Joy Eslava, en el transcurso de una fiesta en la que Griñón recibía un premio. Una foto de los dos saludándose con un beso bajo el titular "A Boyer le tocó la china". Este reportaje le costó a Julián Lago, director del medio, que desapareciera la publicidad institucional del Ministerio de Economía y Hacienda, del que era cabeza visible el que se convertiría en tercer marido de Preysler.

Ahora el título ha recaído por deseo expreso del fallecido Carlos Falcó en Tamara, la segunda de sus hijas y la que tiene una vertiente social muy parecida a la de su madre. Mientras que a la ganadora de 'MsterChef Celebrity' la nobleza no le pondrá peros, sí lo hicieron algunos miembros de la Diputación de la Grandeza que consideraban a Isabel una advenediza.

placeholder Tamara Falcó, en una imagen de archivo. (Getty)
Tamara Falcó, en una imagen de archivo. (Getty)

Algunas amistades de la duquesa de Montellano tampoco aceptaron al principio a la nueva marquesa y su perfil mediático. Según estas señoras, iba en contra de la discreción que había marcado de siempre la vida de la familia Montellano. El padre de Griñón, Manuel Falcó Escandón, había muerto cinco años antes de que su hijo se casara con Isabel y, por lo tanto, fue la madre, Hilda Fernández de Córdoba, la que tuvo que aplacar a sus amistades y a las de sus hijas.

Criticaban su manera de ganarse la vida. No les parecía bien que mercantilizara su nueva posición. Olvidaban que gracias a sus exclusivas y contratos publicitarios llegó a prestar 21.237.850 pesetas (cerca de 130.000 euros) al marqués para afrontar sus problemas de liquidez. Junto con los papeles de divorcio firmaron un documento privado en el que se reconocía la deuda con un interés del 14 por ciento y un plazo de liquidación de dos años.

Este acuerdo no sentó muy bien a la que había sido familia política, que llegó a decir: “Si no le hace falta el dinero, si ella lo saca de debajo de las piedras”. Las cuñadas, Hilda y Rocío, pasaron por varias etapas. La primera de susto, la segunda de aceptación y una tercera, cuando llegó el complicado y público divorcio, de apoyo al hermano y sobrinos.

placeholder Isabel besa a Boyer en presencia de Carlos Falcó. (Del libro 'Isabel Preysler. Reina de corazones')
Isabel besa a Boyer en presencia de Carlos Falcó. (Del libro 'Isabel Preysler. Reina de corazones')

Si a Isabel le llegaron estos comentarios poco agradables, tampoco le importaron demasiado. El día de la boda en la finca Casa de Vacas acudieron parientes de Griñón. Su hermano Fernando, marqués de Cubas, los duques de Arión, los marqueses de la Puente y los marqueses de Manzanero, entre otros. Al ser una celebración íntima, el número de invitados se redujo y la duquesa de Montellano regaló el pastel de boda realizado por Embassy, la pastelería preferida, que se encontraba muy cerca del domicilio familiar. A partir de ese 23 de marzo de 1980, Isabel Preysler pasó a ser marquesa consorte de pleno derecho y así figuraba y figura en el organigrama genealógico de los Falcó y Fernández de Córdoba.

Tres meses después, la flamante marquesa de Griñón causaba sensación el 23 de junio, fiesta de San Juan, en la recepción organizada en el palacio de Oriente. De esa celebración, una de las imágenes más repetidas y que apareció en toda la prensa fue el saludo de la aristócrata consorte a los reyes Juan Carlos y Sofía. Vestía un traje de gasa blanco con lunares y escote palabra de honor que adornaba con un 'collier de chien' de perlas. Fue el atractivo de la festividad real.

Isabel Preysler, a diferencia de lo que hacía Jesús Aguirre, duque de Alba, que en todas sus pertenencias figuraba el escudo de la Casa, solo llegó a encargar que en sus sobres y papel de cartas de color azul figurara impresa una pequeña corona, signo del marquesado de su marido. Nunca utilizó el título en su vida personal y parece que esta decisión no gustaba a Carlos Falcó.

placeholder Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa. (Getty)
Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa. (Getty)

Al poco de casarse, la pareja se desplazó a Filipinas para que la familia de Isabel conociera al marqués. Y no fue el título aristocrático el que sirvió para que la presidenta Imelda Marcos les recibiera en el palacio de Malacañang. Gracias a las influencias de la tía Mercy Arrastia, hermana de la madre de Isabel, el matrimonio cenó con la primera dama. Al día siguiente, la prensa se ocupó de dar la noticia, en la que se destacaba el papel importante de la marquesa en la vida social de España. Hubo algún medió que sustituyó al marqués de Griñón por una foto de Julio Iglesias, que ya era un ídolo en el país de su exmujer.

En aquellos tiempos, nadie podía imaginar que llegaría un divorcio, un tercer matrimonio con uno de los hombres con más influencia en la política de España, un cuarto noviazgo con un nobel y una hija que heredaría el título que la protagonista no necesitó utilizar. Si al final Isabel Preysler se casa con el escritor, se convertiría en marquesa de Vargas Llosa. Título que fue creado por Real Decreto en el 3 de febrero de 2011 y que el rey Juan Carlos concedió por la extraordinaria contribución de don Jorge Mario Vargas Llosa, apreciada universalmente, a la literatura y a la lengua españolas.

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