Así era Quique San Francisco: de un director hasta el maître de su hotel, hablan sus amigos
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Así era Quique San Francisco: de un director hasta el maître de su hotel, hablan sus amigos

Fiel siempre a sí mismo, poco le importaron las críticas de los que no entendieron su elección de vida, en alguna ocasión cercana a un peligroso precipicio del que supo salir

Foto: Quique San Francisco, en una imagen de archivo. (EFE)
Quique San Francisco, en una imagen de archivo. (EFE)

La muerte de Quique San Francisco este pasado 1 de marzo a los 65 años ha teñido de luto el mundo del espectáculo y ha invadido de tristeza a miles de personas. Admiradores, amigos, compañeros y familiares han lamentado profundamente la pérdida del actor, que falleció a causa de una neumonía bilateral severa tras más de 40 días ingresado en la UCI del hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Quique San Francisco destacó, además de por su enorme trayectoria profesional, por una peculiar manera de ser en la que lo políticamente incorrecto y el sentido del humor se entremezclaban de manera genuina.

Fiel siempre a sí mismo, poco le importaron las críticas de los que no entendieron su elección de vida, en alguna ocasión cercana a un peligroso precipicio del que supo salir a tiempo. En cualquier caso, su curioso universo, desordenado pero atrayente, no dejó de incluir a buenos amigos que lo quisieron tal y como era hasta el final.

Foto: Lolita, en el tanatorio Norte de Madrid. (Cordon Press)

Son muchos los actores de primera línea o nombres muy reconocidos del panorama artístico que se han deshecho en elogios ante Quique San Francisco al conocer la noticia de su muerte. Algunos lo conocían de toda la vida. Las anécdotas que dejó por el camino eran interminables.

placeholder El actor Quique San Francisco. (Telecinco)
El actor Quique San Francisco. (Telecinco)

“Era, antes que nadie, un caballero. Elegante en el sentido más estricto de la palabra, siempre sabía elegir el comentario, el gesto y la mirada para que uno se sintiera feliz a su lado. También era tremendamente generoso. Daba mucho más de lo que pedía y eso que lo que pedía era muchísimo. Pero lo que Enrique pedía se podía conseguir en cualquier parte y lo que él te daba solo te lo podía dar él. Era un hombre noble, leal y con código. Actor talentosísimo, cariñoso y generoso con los compañeros hasta el nudismo. Los que alguna vez nos hemos tomado una caña con él lo recordaremos como una persona asombrosa e irrepetible. Una persona coherente y sin contradicciones. Fuerte y frágil”, nos comenta Luis Piedrahita, humorista, escritor y colaborador de ‘El hormiguero’.

Ingobernable en la vida, ¿se dejaba dirigir Quique San Francisco sobre el escenario de un teatro? Gabriel Olivares es uno de los directores teatrales más exitosos del panorama nacional y dirigió al actor en tres montajes: ‘El enfermo Imaginario’, ‘Arte’ y ‘Se quieren’. Esto es lo que nos cuenta sobre San Francisco: “Con Quique empecé mi carrera como director. La primera vez que trabajé con él fue en ‘El enfermo imaginario’. Yo era un chaval, tendría apenas 30 años. Para mí era la primera vez que trabajaba con una estrella oficial de la escena, de la televisión y del cine. Me lo puso muy fácil aunque era profundamente libre y un ácrata en el sentido más total del término. Con él no valían las reglas. El proceso de este montaje fue muy feliz. En el reparto coincidían actores jovencísimos, como Mar del Hoyo, que apenas se habían subido a un escenario, y viejas glorias como la fallecida Julia Trujillo, otro mito de la escena. Al final, Quique se los ganó a todos a pesar de que el proceso de ensayo tuviera sus peculiaridades. Da igual cómo fueras. Finalmente caías rendido a sus pies”.

placeholder Quique San Francisco, en la obra de teatro 'Arte'. (EFE)
Quique San Francisco, en la obra de teatro 'Arte'. (EFE)

“Quique, cuando se abría el telón y ya estaba delante del público, se transformaba completamente. Ya no era ese actor libre que a veces no te lo ponía fácil en los ensayos. Se entregaba totalmente al público. Él tenía una cultura de lo que es el público y tenía un profundo respeto por el mismo. Sí que le vi muchas veces llegar tarde a un ensayo, pero nunca a una representación. Eso dice mucho de la sangre artística que corría por sus venas”, añade.

“En ‘Arte’, yo ya tenía un recorrido profesional más establecido y el proceso de trabajo fue diferente que en ‘El enfermo imaginario’. El texto de ‘Arte’ era endiabladamente difícil, muy a pie, muy rápido. Me costó más. El trabajo que había que hacer con Quique era el de ir llevándolo sin que él se diera cuenta hasta meterlo en las funciones. Era uno de los tipos más inteligentes que yo me he encontrado en mi vida y a veces era un trabajo que te desesperaba. Pero, al final, la función se estrena y él está espectacular. Era uno de esos actores de raza que tienen un don que o naces con él o no lo aprendes”, comenta con admiración.

“En ‘Se quieren’, creo que sus intereses y los míos se separaron de alguna manera. Siempre fantaseábamos con volver a colaborar juntos, pero nunca ocurrió. Pero esos 5 o 6 años en los que dirigí a Quique en tres espectáculos seguidos, en los que no hubo ningún otro director entre medias, los guardo en mi corazón y me enseñó muchas cosas aunque él no lo pudiera ni imaginar. Parte de lo que yo soy como director de escena ahora se la debo, en gran parte, a él, sin duda. Nunca he vuelto a tener procesos de ensayo como los que tenía con él. Cada día era nuevo de verdad, era una aventura cómo tratar de llevarlo al redil y que durante un tiempo dejara ese espíritu libre que era para ponerlo al servicio de la función. No siempre era fácil conseguirlo, pero el recuerdo que deja es infinito”, finaliza.

placeholder Quique San Francisco, en una imagen de archivo. (EFE)
Quique San Francisco, en una imagen de archivo. (EFE)

Actores menos veteranos que muchos de los que se convirtieron en grandes amigos de Quique San Francisco, procedentes de las nuevas generaciones que aún sueñan con una prolongada y destacable carrera, también lo conocieron y trabajaron con él. Cuando lo hicieron, no eran tan conscientes, quizás, del personaje con el que iban a compartir tiempo y espacio. La impresión, a falta del cariño que se genera con los años, podría haber sido de extrañeza ante la peculiaridad de San Francisco, esa que lo alejaba de todo lo convencional. Ángela Chica fue una de esas actrices jóvenes que tuvo la suerte de trabajar con él. Lo hizo para un proyecto creado por la productora Lucky Road, la cual propuso un docu-reality sobre Quique que se llamó ‘Follow San Francisco’. “Era un programa pensado para que él improvisara y para que se grabara su vida. Necesitaban una figura para ficcionar y conducir el guion y la idea fue meter a una chica que hiciera de su community manager y le introdujera en el mundo de la redes para así acercar su imagen al público más joven”, cuanta Ángela para Vanitatis. “Hice las pruebas para ese personaje y me cogieron. Yo no conocía a Quique personalmente. Nunca lo había visto en persona", recuerda.

Para Ángela, aquel trabajo, que duró desde finales de enero de 2019 hasta marzo, fue de las mejores experiencias de su vida laboral: “A Enrique había que dejarlo hacer, tenía la comedia en sí y todo era tan natural y fácil… Estuvimos siempre juntos durante las grabaciones. Aunque existía un guion algo preparado, todo el rato me ponía en situaciones inesperadas”, cuenta entre risas, al igual que con una carcajada rememora una anécdota en la que la cerveza, una vez más, fue protagonista en un momento del rodaje con Enrique: “Un día íbamos en dos furgonetas a casa de Jorge Sanz. De repente, la primera, que era en la que iba Enrique, paró a mitad de camino. Pensamos que había pasado algo, pero lo único que ocurría es que Enrique había hecho parar la furgoneta porque quería una cerveza”.

A Ángela, perteneciente a un mundo mucho más políticamente correcto que los irreverentes y liberadores años 80 y 90, le marcó la autenticidad de San Francisco: “Me impresiona lo importante que ha sido como personaje. Era muy consecuente con lo que decía y pensaba. Ha sido muy sincero en la vida y eso lo valora mucho la gente”.

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Enrique San Francisco. (EFE)

Con ella, asegura, Enrique generó “una relación muy especial. Estábamos siempre juntos. Compartimos cosas muy chulas. Él tenía mucha experiencia y yo era primeriza en esto de la actuación. Era uno de mis primeros trabajos y me hizo ilusión conocerlo y aprender de él. Siempre fue muy cariñoso y atento. A mí no me resultó dificultoso trabajar con él. Aquel trabajo supuso meterte dentro de su vida, amistades y vivir su esencia. Un privilegio”.

“Era una persona muy inteligente, ingeniosa, con un corazón gigante y es una de las pocas personas que ha sido muy fiel a su forma de vivir y pensar hasta el final. Una persona muy querida por sus amigos y muy entrañable. Tenía un carisma brutal y por eso está en la mente de todo el mundo”.

Significativo en esa forma tan particular de ser y de vivir fue el hecho de que en los últimos años de su vida, San Francisco viviera en un hotel. Hasta el confinamiento, se alojó durante tres años en el hotel Princesa de Éboli de Pinto. Antonio Encabo, maître del hotel, ha hablado con Vanitatis para contarnos cómo el actor generó una relación muy familiar con los trabajadores.

“Tenía su habitación propia. Si no recuerdo mal, era la 307. Se iba a hacer los bolos y esa habitación no la ocupaba nadie. Era como su casa. Yo le tenía mucho aprecio y me ha dado mucha pena su muerte. Con él tenía una relación diaria”.

Antonio recuerda la familiaridad con la que San Francisco lo trataba: “Me llamaba Gordo”, comenta entre risas.

Asegura que era un tipo un tanto solitario. “Cuando veía mucha gente se escaqueaba. Se subía a la habitación y solía pedir todo desde allí. Hasta el desayuno. Se acostaba muy tarde y desayunaba tarde. Nunca bajaba al bufet por las mañanas”, comenta.

“Comía muy poco, pero era muy sibarita. Cuando no le gustaba algo, se cabreaba”, añade, recordando esos momentos de mal humor del actor con cariño.

Antonio describe a un Quique un tanto dependiente del personal del hotel: “No sabía hacer nada, era como un niño. Había que hacérselo todo. Recuerdo que un día aprendió a hacer gazpacho y estaba tan contento que nos lo hacía probar a todos”. “A veces nos desquiciaba porque nosotros teníamos trabajo y si pedía algo y tardabas en subírselo a la habitación se enfadaba. Aunque también vivimos muy buenos momentos junto a él. Una vez le llevamos una tarta por su cumpleaños, con velas de las que no se apagan. Estuvo un rato soplando y nos reímos mucho con él”.

Antonio Encabo concluye elogiando la forma de ser de San Francisco: “Tenía sus rarezas como todo el mundo, pero era un tío muy culto y muy divertido. Me gustaba hablar con él por eso. Creo que vivió la vida como quiso”.

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