David Otero: "A Willy Bárcenas la vida se lo ha puesto complicado y tiene una fuerza brutal"
  1. Famosos
ENTREVISTA

David Otero: "A Willy Bárcenas la vida se lo ha puesto complicado y tiene una fuerza brutal"

El cantante triunfa con su último disco y se encuentra en un momento vital pleno junto a su mujer y mánager, y sus dos hijos

placeholder Foto: David Otero, en una imagen de archivo. (EFE)
David Otero, en una imagen de archivo. (EFE)

'Otero y yo', que inevitablemente nos lleva por asociación de ideas a 'Platero y yo', de Juan Ramón Jiménez, es el título que ha elegido David Otero para revisitar algunos de los grandes éxitos que cosechó junto a su primo Dani Martín en El Canto del Loco y de su carrera en solitario. Para dar nueva vida y otra dimensión a estas canciones, ha contado con un plantel de artistas como Funambulista, Dani Fernández, Carlos Sadness, Adelén, Taburete, Ana Guerra o Cepeda con un resultado que ha sido refrendado por la sexta posición que ha ocupado en su semana de lanzamiento en la lista de ventas elaborada por Promusicae. Un buen augurio para un trabajo cuyas ediciones físicas ha cuidado mucho para que los fans también puedan tener una grata experiencia táctil y visual.

Nos conectamos vía Zoom con David, quien nos atiende rodeado de instrumentos en su propio estudio, y es todo sonrisas desde los primeros compases de la entrevista. A veces hace pequeñas pausas antes de responder, quizás para ordenar sus ideas, que suelta a borbotones, pero siempe aborda las cuestiones de frente y sin eufemismos. Pasamos por las aristas de su vida sin que fluctúen ni su estado de ánimo ni su actitud, porque, podríamos jurarlo, da la sensación de ser una persona muy feliz y que ha encontrado su lugar en el mundo.

PREGUNTA: ¿Has sentido nostalgia al regrabar las canciones que forman parte de este disco?

RESPUESTA: La nostalgia es necesaria porque es parte del recuerdo de nuestros tiempos pasados, pero tampoco hay que pasarse demasiado. Bien administrada es superbuena y superpositiva, pero si te pasas de sal en la comida igual no está tan rica. En este caso tenía que ser un porcentaje de mi historia, porque si la idea era hacer un repaso por toda mi carrera y mis canciones, era ilógico no incluir aquellas que había compuesto para El Canto del Loco porque son parte de mi vida musical y de mi historia. No por no cantarlas yo dejaban de ser parte de mí. No he querido, sin embargo, hacer un disco que solo estuviera centrado en eso, sino poner en conjunto y en valor todo lo que había pasado en mi carrera, que ha sido muy bonita desde esa etapa hasta ahora.

P: En este disco nos encontramos tus tres personalidades, como componente de El Canto del Loco, como El Pescao, tu anterior nombre artístico, y ahora como David Otero. ¿Te ha costado que te reconozcan tu voz propia?

R: A mí en la vida me ha costado todo mucho en general. Nunca he sido una persona de encontrarme las cosas sin esfuerzo y creo que es bueno. De mi etapa escolar a mis primeros años de El Canto fueron muy duros, porque no nos conocía nadie y a base de currar y currar salió el proyecto adelante. Y lo mismo ha pasado en mi trayectoria en solitario. Llevo ya once años sacando canciones y discos, y todavía sigo trabajando para consolidar el proyecto. Ni mucho menos me creo que están las cosas hechas, ni de lejos. Me queda muchísimo y ojalá me quede muchísimo por currar. Que esa es la pena de este trabajo, que a veces ya no te queda nada, por cosas de la vida, porque no te quieren escuchar o no tienes donde mostrarte. Tengo la suerte de que sigo ahí.

Sí es cierto que siempre he sentido que me tenía que esforzar para llegar a los sitios, en todo, en cualquier chorrada. Desde el hecho de construir mi propio estudio con mis manos y hacer todo a mi medida para poder trabajar en ello y sentirme supercómodo, hasta el hecho de aprender a tocar un instrumento no para ser un virtuoso, pero sí para tener las capacidades para grabar un disco o para que me llamen como guitarrista para otros proyectos. Todo eso son horas y horas. Está bien que la gente joven que está empezando ahora a sentir atracción por la música escuche un poco el valor que tiene dedicarle tiempo a algo. La 'teoría de las 10.000 horas' es superbonita. Dicen que es lo que le tienes que dedicar a algo para hacerlo bien, sea lo que sea. Serían siete años, cuatro horas al día. En mi caso me he pasado ya... -dice, entre risas.

placeholder El artista, en plena promoción de su nuevo disco. (EFE)
El artista, en plena promoción de su nuevo disco. (EFE)

P: En este disco cuentas con la colaboración de diversos artistas, entre ellos, dos salidos de 'Operación Triunfo', Cepeda y Ana Guerra. Por fin se está quitando el estigma a los cantantes que salen de un talent show, ¿no?

R: Sí, pero aún te sigues encontrando comentarios, cada vez menos, que tienen un punto de clasismo en ese sentido. Yo mismo lo he sufrido en mi época de El Canto del Loco, porque nos atizaban de lo lindo y eso que no había redes sociales. Si las hubiese habido, hubiéramos estado en el top de los grupos más odiados sin duda. Teníamos muchos haters sin las plataformas que hay ahora. Había gente a la que le daba mucha rabia que nos fuera tan bien. Ellos pertenecen a una generación en la que este tipo de cosas se han desinflado un poco. En nuestra época era muy difícil que alguien que venía del mundo del rock, por así decirlo, aceptase algo que tenía que ver con El Canto del Loco. De hecho, nos tenían como una especie de tirria enorme y, sin embargo, luego artistas como Fito o Mikel Erentxun le preguntaban a la gente si nos habían visto en directo.

Nos pasó algo muy divertido con Sidonie, que me encantan y son muy amigos nuestros. En una entrevista se refirieron a nosotros como "esa mierda de grupo que no saben ni tocar". Compartíamos discográfica y les dijimos que vinieran a vernos a un concierto, que no nos pusieran a caldo. Los tíos, que por eso molan tanto, vinieron a vernos y les encantamos. Nos escribieron para decírnoslo y reconocer que tenían unos prejuicios enormes hacia nosotros. Luego lo dijeron en otras entrevistas: "Nos equivocamos, son buenísimos". Y nos hicimos muy amigos a partir de entonces. En ese momento estábamos en la diana, como lo están Cepeda o Ana Guerra, que tienen mucho éxito y seguidores. Es muy fácil atinar en una diana muy grande.

P: También ha colaborado contigo Willy Bárcenas. ¿Cómo es en las distancias cortas?

R: Es un tío alucinante y tengo con él una relación espectacular. Nos queremos mucho y nos llamamos habitualmente. Nos tenemos muy en cuenta en lo personal y hablamos de lo personal sin ningún tipo de tapujos, con mucha naturalidad. Lo que a mí me gustaría es que toda esa gente que tiene prejuicios hacia él, por las circunstancias que le rodean, que tuvieran una conversación con él diez minutos tomando un café, porque así se cura todo esto. Yo incluso, que a veces también tengo prejuicios con gente, porque todos los tenemos, considero que los que los tienen hacia él deberían escucharle hablar en las entrevistas, porque es un tipo supersensato. Deberían escuchar lo que dice entre líneas. La vida se lo ha puesto muy complicado y tiene una fuerza brutal para soportar y sostener la coyuntura de lo que le pasa.

Admiro mucho que sea una persona que es capaz de sostener la ilusión y la emoción, pese a un montón de cosas que le pueden distraer de ahí. Sigue manteniendo el foco y no solo lo mantiene sino que además parece que todo ese ruido de alrededor le hace como enfocar cada vez más y ser más preciso. Es como ese jugador de basket que está a punto de lanzar el tiro libre en el último momento y tiene todo el estado abucheándole y deseándole lo peor y la clava. Me parece algo parecido...

placeholder El Canto del Loco. (EFE)
El Canto del Loco. (EFE)

P: Hay mucha literatura respecto a la separación de El Canto del Loco. Tu primo decía que había dos razones fundamentales para él, la muerte de su hermana y el haber caído en manos de unos malos gestores. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

R: Yo creo que hay muchos motivos y al final como esto fue algo de emociones y de sentimientos, esa fue la causa. Aparte de las circunstancias, fue el detonante, la emoción que sentíamos juntos a la hora de hacer música la dejamos de sentir, al igual que pasa en una relación. Considero que eso fue lo más importante a la hora de tomar la decisión. Que fuese detonado por muchas circunstancias, además de esto, es muy posible, que había un desgaste y unas ganas de hacer reset tremendas también, por parte de todos. Y era muy difícil hacer reset mirando alrededor y viendo lo mismo. Necesitábamos ver otras cosas diferentes, tocar con otra gente, componer con otra gente. Sentir la música de otra manera, desde otro punto de vista.

Tal vez lo que más nos alejaba era la perspectiva musical, porque a nivel personal nos lo hemos pasado genial juntos y lo hemos disfrutado mucho. Sin embargo, no éramos personas que compartíamos la vida como tal. Compartíamos nuestro trabajo, éramos grandes socios de curro y creativos, pero luego cuando acababa la fiesta de la música, por así decirlo, teníamos una vida personal muy distinta. Lo que nos fortalecía era nuestra relación profesional. Cuando nuestros objetivos profesionales cambiaron y él tuvo una gran revelación en su vida y le cambió la perspectiva, sintió la necesidad de alejarse de todo lo que había vivido. Y yo también, como consecuencia. Es algo natural. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿Lo sentí yo porque lo sintió él o viceversa? Yo creo que lo sentimos los dos a la vez.

P: Dices que tu relación con Dani fue fundamentalmente profesional. Ahora que ya no lo es, ¿se ha fortalecido la personal?

R: Ha seguido un poco igual sin la parte profesional de por medio: con dos vidas muy distintas, con dos enfoques de lo que tenemos alrededor muy diferentes... Sobre todo con el modo de ver el tiempo que no es profesional muy distinto. Está muy bien que haya sido así. No tenemos una relación muy cercana de llamarnos todos los días, esa es la verdad, pero nos respetamos una barbaridad y nos queremos mucho. Tenemos mucho aprecio por lo que creamos juntos y cada uno lo ha interpretado después como ha querido. Él desde el minuto uno cantaba las canciones de El Canto del Loco y yo lo veía en los conciertos, era parte de su historia y de su vida. A mí me han llegado ahora, diez años después, las ganas de reencontrarme con esas canciones.

placeholder David Otero, en un concierto. (Getty)
David Otero, en un concierto. (Getty)

P: El desencanto por la música te llevó a hacer terapia, lo que podemos interpretar también como un gesto de humildad, porque te tuviste que poner en manos de alguien para desvelarle tus cosas más recónditas. ¿Qué te estaba dañando? ¿Cómo fue ese camino? ¿Volverías a hacerlo?

R: Por supuesto, yo ya le perdí el miedo a la hora de decir 'estoy mal' hace mucho. Me encanta hablar de esto para que se rompa el estigma. Todos tenemos momentos en la vida que estamos mejor y peor. Al final, todo lo que he hecho yo en este proceso ha sido tener diálogos con una persona. En los diálogos se basa nuestra evolución como ser humano. No debemos perder la perspectiva de lo que es esto. Como tú decías, es encontrarte con una persona que no conoces y mostrarle lo que te duele, lo malo, porque lo bueno ya lo ve y lo escucha la gente que tienes a tu alrededor y que te quiere.

Hay una parte de ti que no se ve tanto, que tiene dolor, sufrimiento. A veces cuando ese lado se convierte en protagonista en tu cerebro, en tu química cerebral, empieza a generar un cauce en tu cerebro por el que empieza a caer todo. Es como si cavases un cauce y todo el agua de emociones y sensaciones en lugar de ir hacia varios sitios van hacia el lado de lo malo, de lo negativo, de lo que te apesadumbra y de lo que te duele. Lo que hay que hacer con este tipo de terapias es crear otros cauces, que vaya a todas esas partes incluso a la mala, porque a veces también tiene que ir por ahí. Tiene que haber dolor, sufrimiento y tristeza, pero no se te puede ir toda la vida por ahí. Es como una especie de fontanero de las emociones, que saca distintos tubos.

Cuando empiezo a pedir ayuda y buscar el porqué fue un día muy concreto. Me subí a un avión y pensé que si se caía y me moría me daba igual. Ahí me quedé parado y me dije que esto no estaba bien. Venía de unas semanas en las que me planteaba dejar la música. Todo venía por situaciones externas a mí que me provocaban dolor, sufrimiento, incomprensión. No entendía por qué me pasaban esas cosas ni por qué me hacían ese daño. Cuando di con la persona con la que me traté durante un año y pico empecé a entender que tenía que reforzar mucho más lo que yo hacía para satisfacerme a mí mismo y dejar de atender lo que hacían u opinaban los demás para sentirme realizado. Había aprendido durante muchos años que lo que pasaba fuera era lo que te daba el éxito, la felicidad, había dejado de creer que había una satisfacción personal propia, que era a la que tenía que atender. Al reforzar esto volvieron las ganas de hacer música, de conectar conmigo, de mostrarme como soy.

P: Llevas ya más de una década con tu mujer, Marina Roveta, con quien te has casado dos veces, una en Valencia y otra en Buenos Aires...

R: Sin separación de por medio, que quede claro... -dice, divertido.

P: Sois padres de un niño y una niña y además es tu mánager. ¿Cómo funciona este cóctel que podría ser explosivo si no se gestionara bien?

R: Hay una ventaja: ella también es psicóloga y tiene unas capacidades muy grandes a la hora de ayudarnos a manejar todo lo que son flujo de emociones, de trabajo, personales, de cómo dividirlas, de hacia dónde ir... Nos planteamos muchas cosas y cuando pensamos en trabajar juntos reforzamos las ventajas. Y esa fue la clave, porque había ventajas y desventajas. Pusimos mucho en lo bueno y en disfrutar mucho compartir esto. Nos costó su tiempo y hubo sus encajes y sus crisis. A partir de ahí todo fluyó muchísimo más. Ahora me resultaría muy difícil trabajar con alguien que no fuera mi mujer.

placeholder David, en otra imagen de la sesión de fotos. (EFE)
David, en otra imagen de la sesión de fotos. (EFE)

P: Luna ya tiene 14 años y Gael, siete. ¿Qué tipo de padre eres?

R: Creo que soy un padre en lo físico y afectuoso muy cercano. Desde ahí construimos nuestra relación. Pasamos mucho rato juntos, pero me refiero a encima de mí, hablando. Muchas veces le digo a Gael, como los abueletes, que se siente en mi regazo, y me cuente. O no me cuesta nada en medio de la noche, porque tiene una pesadilla, meterme en la cama y consolarle. Es él el que está más cerca del cariño físico. Mi hija siempre me dice: "Aprovéchate ahora que estoy de mimitos que ya me queda poco" -comenta, riendo-. Nos encanta este tipo de relación. Somos mucho de demostrar el cariño muy cercano. No solo decirnos 'te quiero', que también, sino de estar muy muy cerca, como si fuéramos lobitos en una manada. A partir de ahí hemos construido esta relación, como mamíferos, entre comillas. A mi hijo le gusta jugar a los dinosaurios y yo soy un dinosaurio, él me ataca, yo le ataco...De repente es un Tyrannosaurus rex, me da un bocado en el brazo y se parte de la risa.

No debemos perder esa parte que nos acerca a los animales mamíferos, porque como especie estamos más cerca de ellos de lo que parece, y a partir de ahí acompañarles a nivel intelectual, a nivel educación y sobre todo a nivel emocional. Cuando estás muy cerca en ese tipo de relación es muy fácil también estar muy cerca en todo lo demás. Creo que pasa como con las relaciones de pareja, abrazarse mucho y quererse mucho es algo muy positivo a la hora de estar cerca intelectualmente. Es como si pudieses escuchar su mente.

P: No pruebas casi el alcohol, no has llevado una vida salvaje, ahora juegas al golf... Eres como la antítesis de la estrella del pop y del rock, ¿eras ya así de jovencito?

R: ¡Y me encanta! Igual lo hago todo por llevar la contraria. Si a mí me dan a elegir entre dos caminos para llegar a un sitio, siempre elegiría el que no te esperas. A mí me gusta generarme mi concepto de la vida con mis propias reglas, siempre que no hagan daño a nadie y con respeto. Siempre que tomo caminos alternativos, me he divertido más. Hay algo que me enseñó mi hermano y que me encanta y me parece muy gráfico en relación con lo que me pasa. Él, que tiene diez años más que yo, era muy buen estudiante y yo muy malo. Cuando hice selectividad, él me ayudó en física, química y matemáticas, porque él era muy bueno y yo muy de letras. Después de trabajar mucho conmigo analizó y se dio cuenta de que siempre tomaba la decisión equivocada. Me dijo que en el examen, cuando estuviera muy seguro de que la opción de la fórmula era la A, hiciera la B, sin miedo. Saqué unas notazas brutales siguiendo esa regla. Me enseñó mucho esa reflexión. Me ha ido muy bien siguiendo esa premisa, es muy inspiradora para mí: hacer lo contrario de lo que esperaba de mí mismo.

Señor con maletín

Detrás de toda gran historia hay otra que merece ser contada

Conoce en profundidad las 20 exclusivas que han convertido a El Confidencial en el periódico más influyente.
Saber más
Dani Martín Ana Guerra