10 años sin Marisa Medina: musa televisiva, descenso a los infiernos y reconciliación
La popular presentadora superó una difícil y oscura etapa de adicciones a las drogas y al juego. Logró morir en paz con ella misma y con los suyos
En los años 60 y 70, salir en la televisión significaba entrar en el hogar de prácticamente toda España. En aquella época, la ciudadanía veía el mismo canal. No había más. Eso significaba que la persona que aparecía en la pequeña pantalla entraba a formar parte, al mismo tiempo, del día a día de millones de casas en las que las familias se reunían frente al televisor.
Marisa Medina fue uno de esos rostros que alcanzaron una gran popularidad. Durante esos años vivió su etapa profesional más dorada, convirtiéndose en una de las musas del medio televisivo.
Este lunes 11 de abril se cumplen 10 años de su muerte. La afamada locutora y presentadora que conquistó a todos con su penetrante voz y su gran capacidad para elaborar discursos sin guion, murió un 11 de abril de 2012 a los 69 años, víctima de un cáncer de colon e hígado. Lo hizo dejando atrás una vida de altibajos en la que igual que rozó el cielo, descendió a los infiernos, tal y como ella misma dejó por escrito en sus memorias. "Mi madre era un alma libre. Viva, vital, positiva y libre. Asi es como ella quería que la recordáramos", nos cuenta una de sus hijas, Laura Santiesteban, en esta fecha tan señalada en sus vidas.
En pleno pico de popularidad, Marisa Medina contrajo matrimonio el 25 de mayo de 1970 con el compositor Alfonso Santisteban. Fruto de esa relación nacieron sus tres hijas: Silvia, Alexandra y Laura.
Mujer polifacética, tras sus inicios en el mundo de la televisión, en la década de los 70 dio el salto al cine. Trabajó en 12 películas. Después se atrevería con la literatura. Escribió el poemario ‘Quien espera’, ejerció como dramaturga con el texto ‘La noche de los maridos infieles’ y en 1980 dirigió la obra ‘Burguesa de día, burguesa de noche’, escrita por ella. Incluso firmó la novela con el título de ‘Muñequita linda’.
Su hija Laura Santiesteban destaca la brillante y artística inteligencia que poseía su madre: "Era una poetisa con un gran intelecto y mucho, mucho arte. Era luchadora, inteligente, generosa y divertida. Tenía mucho sentido del humor y un corazón inmenso. Respetaba todo y a todos. Un ejemplo de tolerancia absoluta".
En los años 90 regresó a la televisión, pero sus intervenciones en la misma fueron escaseando con el paso del tiempo.
En 1994 se divorció. En un momento de crisis personal y profesional, Medina cayó en las redes de la cocaína y el juego. Las timbas de póquer fueron su perdición. Sus hijas, desesperadas ante la gravedad de la situación, decidieron internarla en un centro en Asturias. Fue en el año 2003 cuando el público descubrió toda esta sórdida realidad, cuando Marisa Medina decidió publicar sus memorias ‘Canalla de mis noches’. En sus páginas, confesó sus secretos más oscuros y sus problemas de adicción con las drogas, el alcohol y el juego. El poemario ‘La droga solitaria’, publicado en 2008, fue otro testimonio más de sus experiencias más duras.
A raíz de estas confesiones, Marisa Medina habló de ellas con más claridad que nunca y sin tapujos en algunas entrevistas que concedió en televisión: "Las drogas y el alcohol me han pasado factura, pero sobre todo mi adicción al juego. He sido ludópata, me he jugado mucho dinero y lo he perdido todo", llegó a verbalizar.
Las páginas de su biografía revelan episodios detallados que reflejan a la perfección la vorágine de desenfreno en la que se había metido: “Enganchaba una partida con otra. Perdí todo lo que tenía y lo que no tenía, también. Y fue mucho, unos 600.000 euros. Joaquín Sabina y yo permanecimos 48 horas hablando de banalidades y metiéndonos sin parar rayas de coca, a las que Joaquín invitaba sin medida”.
A pesar de las declaraciones que en el libro realizó sobre su exmarido, Alfonso Santiesteban, cuando Marisa Medina cayó enferma este la acompañó hasta el final y aseguró no guardarle rencor.
Durante un tiempo, sumió a los suyos en una gran preocupación, pero a pesar de los fallos que cometió en su vida, Santiesteban aseguró tras la muerte de Medina, que esta logró irse tranquila y en paz con todo el mundo.
Sus hijas la acompañaron hasta el final y suelen recordarla con cariño y admiración. "Mi madre significa todo para mí. Es mi pilar y mi referente por sus valores y su manera de enseñarnos la vida. Priorizaba nuestra felicidad a cualquier título académico. Ella sigue con nosotras en cada palabra, en cada lágrima, cada conversación, cada paso que damos", comenta su hija Laura Santiesteban a Vanitatis.
Antes de morir, Medina dejó una nota escrita y pidió a sus familiares que la hicieran pública tras su fallecimiento. En la misma decía lo siguiente: “Cuando se lea este comunicado, yo ya no estaré en este mundo. No habrá tanatorio, ni entierro, porque he cedido mi cuerpo para investigación de la ciencia a la Facultad de Medicina. Recordadme siempre viva, vital, positiva y libre. Os espero”. Sus últimas palabras son una prueba más de la gran personalidad que poseía. Su forma de ser y de vivir, con sus aciertos y sus fallos, la hizo memorable e irrepetible. Así lo cree su hija Laura, que la describe de la siguinte manera: "Era natural, ella misma, auténtica. Marisa era única".
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En los años 60 y 70, salir en la televisión significaba entrar en el hogar de prácticamente toda España. En aquella época, la ciudadanía veía el mismo canal. No había más. Eso significaba que la persona que aparecía en la pequeña pantalla entraba a formar parte, al mismo tiempo, del día a día de millones de casas en las que las familias se reunían frente al televisor.