Carta abierta de Paloma Barrientos a Mariví Fernández Palacios 72 horas después de su muerte: "Fuiste una mujer importante en mi vida"
La adjunta a la dirección de Vanitatis homenajea la figura de su amiga, una de las grandes cronistas sociales de la televisión en España, tan solo unos días después de su fallecimiento
Mariví Fernández Palacios, en una imagen de archivo. (Gtres)
El domingo pasado era un día tranquilo. El sábado había acudido a 'Fiesta', el programa en el que colaboro los fines de semana, y no imaginaba la noticia que recibiría al día siguiente. Esas llamadas que no quieres nunca recibir. Primero fue un mensaje por WhatsApp: "Hola, ¿puedes hablar? ¿Sabes lo de Mariví?". Dos frases que no me aclaraban nada. Quien me las enviaba era mi queridísimo amigo Nacho Fresno. Le llamé y fue entonces cuando me contó que Mariví había muerto. Nos quedamos un rato sin hablar. Él aún estaba impresionado y yo no era capaz de procesar lo que me estaba contando. ¿Cómo?
Y sí, la realidad no tenía disfraz. Mariví, la colega discreta, buena compañera y, sobre todo, buena persona, estaba ya en otra dimensión. Nunca hablamos de temas religiosos y no sé cuáles eran sus conceptos en este asunto tan personal. A estas alturas da igual. Una vez que cerré la conversación con Nacho Fresno me puse a recordar nuestra vida en común y encendí una vela. Ese era mi homenaje.
Con Nacho y con Mariví habíamos compartido historias, ruedas de prensa, photocalls, hasta que ella decidió que prefería vivir otro tipo de periodismo y abandonó el mundo televisivo. El otro, el de escribir, nunca lo dejó y mantuvo sus colaboraciones en radio y revistas. La tele le había defraudado. Me decía: "Hoy quieren tus informaciones y al día siguiente no. Hoy les pareces bien lo que haces y a la semana siguiente te quitan para poner a un mendrugo". Esa era una de sus palabras favoritas para no utilizar un calificativo más acorde con el colega que medraba a costa de hacer la pelota a los jefes.
Durante años formábamos parte de la Peña Primera Plana y nos reuníamos una vez a la semana en el Hotel Miguel Ángel. Compartimos programas en 'El Día a Día' de Teresa Campos y, antes, en la tele pública también con la Campos. Era rigurosa en sus informaciones, que chocaban con las de algunos periodistas que ni habían estado en el sitio del que hablaban, ni conocían al personaje.
Viajamos a la boda de la infanta Elena en Sevilla. Los días de antes nos encontrábamos con princesas europeas por la calle Sierpes comprando posesiones de ropa marca española. Nos íbamos después a La Campana, una cafetería de las de toda la vida, y allí comentábamos lo que íbamos a contar al día siguiente en la tele. Ella además tenía conexiones con su programa en la SER, donde trabajó muchos años. Sentadas en la mesa del local preparábamos las notas: Mariví para su radio y yo para la revista Tiempo.
Además de rigurosa, era generosa a la hora de compartir información. La transmitía para el especial de Gabilondo y después nos la pasaba. Una manera de trabajar que fue desapareciendo y por eso, un buen día, dijo: "Paso de esto". No tenía necesidad de hacerse mala sangre por temas que realmente no la afectaban personalmente.
Durante años formábamos un grupo de mujeres que nos bautizamos como "Las chicas de oro". Dos veces al mes (más o menos) nos reuníamos por la tarde-noche en el Hotel Palace. A esas cenas invitábamos a personajes de primera fila: políticos, empresarios, modelos, futbolistas, artistas en todas sus variantes acudían a nuestra llamada. Julio Iglesias, Suker, Ramón Mendoza, Fernández Tapias, Lorenzo Sanz, Naty Abascal, Rocío Jurado, Pantoja, Michel, y así una lista interminable de VIPs que nos contaban sus intimidades. Unas se podían publicar y otras se mantenían off the record.
Mariví formaba parte de este grupo que, con el tiempo y por los horarios y agendas de cada una, fue decayendo. Mi relación con Mariví se mantuvo y a veces quedábamos para vernos en el Círculo de Bellas Artes. La última vez fue hace dos años, también en la misma zona. En vez de ir al Círculo, nos fuimos a Lardy. Allí tomamos unas barquitas de ensaladilla y croquetas, y brindamos una vez más con champán por nosotras.
Querida Mariví, lo único que se me ocurre es decirte que fuiste una mujer importante en mi vida. Buen camino, compañera.
El domingo pasado era un día tranquilo. El sábado había acudido a 'Fiesta', el programa en el que colaboro los fines de semana, y no imaginaba la noticia que recibiría al día siguiente. Esas llamadas que no quieres nunca recibir. Primero fue un mensaje por WhatsApp: "Hola, ¿puedes hablar? ¿Sabes lo de Mariví?". Dos frases que no me aclaraban nada. Quien me las enviaba era mi queridísimo amigo Nacho Fresno. Le llamé y fue entonces cuando me contó que Mariví había muerto. Nos quedamos un rato sin hablar. Él aún estaba impresionado y yo no era capaz de procesar lo que me estaba contando. ¿Cómo?