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Shakira, Rosalía y más amigos desvelan al Alejandro Sanz más desconocido en su documental: "Nadie hace reír como él"
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Shakira, Rosalía y más amigos desvelan al Alejandro Sanz más desconocido en su documental: "Nadie hace reír como él"

A través de los testimonios de su círculo más cercano, el documental 'Cuando nadie me ve' repasa la vida artística del cantante desde sus inicios, atraviesa sus momentos más oscuros —incluida su depresión— y llega hasta su presente vital y creativo

Foto: Alejandro Sanz, en el estreno de su documental, 'Cuando nadie me ve'. (EFE)
Alejandro Sanz, en el estreno de su documental, 'Cuando nadie me ve'. (EFE)

"La gente que estamos a su alrededor conocemos a alguien que está siempre intentando encontrarle la vía divertida y el humor a las cosas", da comienzo a su testimonio Íñigo Zabala, una de las personas más cercanas a Alejandro Sanz. El artista lleva más de tres décadas formando parte de la banda sonora sentimental de varias generaciones, pero 'Cuando nadie me ve', el documental que acaba de estrenar en Movistar+, propone un giro en la historia que conocíamos hasta ahora.

A lo largo de tres capítulos —'Lo que soy', 'Partío' y 'Ya no duele'— y con una duración aproximada de una hora cada uno, el proyecto construye un retrato coral del artista madrileño a través de amigos, colaboradores, exparejas, productores y compañeros de oficio que han sido testigos de su ascenso, de sus caídas y de su forma muy particular de estar en el mundo.

El resultado no es una hagiografía ni una sucesión de grandes éxitos, sino una mirada íntima a un creador que ha vivido el éxito como impulso y como peaje, y que ha aprendido —no sin heridas— que la fama no siempre va de la mano del reconocimiento personal. O eso al menos es lo que han reflejado los que han caminado a su lado.

De la primera guitarra al brillo del 'starmaker'

El primer capítulo, 'Lo que soy', se adentra en los orígenes. Alejandro Sánchez Pizarro descubre la música muy pronto, con una guitarra que le regala su padre, una figura que atraviesa todo el documental como un faro emocional. "Era simpático, era carismático y con esos temazos, lo tenía todo", le resume Rosa Laguirre, su mánager durante más de dos décadas.

placeholder Alejandro Sanz, en un concierto en 1990. (Gtres)
Alejandro Sanz, en un concierto en 1990. (Gtres)

Aquellos primeros pasos pasan por un grupo de “rumba graciosa”, Sol y Arena, junto a uno de los hijos de su profesor de guitarra, Antonio Arenas. Es precisamente el entorno de Arenas el que conecta a Alejandro con Miguel Ángel Arenas, 'Capi', el productor que acabaría siendo clave en su carrera.

Capi recuerda el flechazo inmediato. Habla de un chico al que le encantaba ir al estudio, que se ofrecía a lo que hiciera falta —"aunque fuera servir cafés"— y que tenía claro que quería formar parte de ese mundo. En sus palabras aparece una idea que se repite a lo largo de la serie: la certeza temprana de quien ha nacido para crear. "Alejandro, como todos los grandes, tiene un brillo especial", afirma, señalando esa chispa que diferencia al artista que sueña del que está dispuesto a luchar.

Alejandro Sanz y la construcción de un artista

En ese proceso de crecimiento aparecen nombres clave del engranaje industrial. Íñigo Zabala, mánager del cantante en los primeros años y exdirector general de Warner Music Spain, describe a un Alejandro obsesionado con el detalle, pero también con el humor como vía de escape. Para Zabala, todo lo que vive acaba filtrándose en sus canciones, una idea que conecta con la manera en la que Sanz ha utilizado siempre la música como diario emocional.

placeholder Alejandro Sanz, en un concierto en 1998. (Gtres)
Alejandro Sanz, en un concierto en 1998. (Gtres)

El documental muestra cómo cada disco respondía a una estrategia distinta: primero el impacto, luego la consolidación como artista de calidad y, más tarde, la búsqueda del gran éxito masivo. No siempre fue un camino recto. El cantante recuerda el desconcierto al ver cómo, tras vender un millón de copias, el siguiente trabajo se quedaba muy por debajo. Desde fuera eran años de triunfos, pero por dentro se acumulaban las dudas, muchas de ellas heredadas del miedo de su propio equipo.

Si hay una constante en los testimonios, es la relación casi sagrada con su público. Capi lo dice sin rodeos: "Por encima de todo, lo que más ama es que la gente salga feliz de sus conciertos". Rosa Lagarrigue habla de un Alejandro al que le dolían profundamente las críticas, especialmente aquellas que despreciaban su música por tener un público mayoritariamente femenino.

Esa devoción explica uno de los episodios más recordados del documental: el concierto de Ciudad de México en 1998, cuando se quedó sin voz. La escena es relatada con tensión por quienes estaban allí. La preocupación, la visita del médico, la decisión de salir al escenario y ser honesto. Alejandro logra transformar el miedo en conexión, y el concierto acaba siendo uno de los más memorables de su carrera. Los músicos lo sacan a hombros; él llora. El escenario, dirá después, es su refugio.

‘Corazón Partío’, su la pelea por la autenticidad

El segundo capítulo, 'Partío', funciona casi como una declaración de principios. La gestación de 'Corazón Partío' resume la tensión entre industria y autenticidad que ha marcado toda su trayectoria. La canción generó reticencias internas por su sonido flamenco, por su dicción y por alejarse del pop más radiofónico que se esperaba de él.

El intérprete recuerda cómo se intentó suavizarla, incluso cambiar el título. Fue entonces cuando tomó una decisión que marcaría su identidad artística: no renunciar a lo que era. Rosa Lagarrigue reconoce, como el artista, que la primera versión no tenía alma y que el resultado final fue un acto de afirmación personal. El tiempo le dio la razón. El tema se convirtió en un himno internacional y en el punto exacto en el que Sanz descubrió que ese era su estilo.

Rosalía y la herencia artística

Entre quienes reflexionan sobre esa huella está Rosalía, que habla de Alejandro como alguien que abrió un camino. Para ella, 'Corazón Partío' demostró que era posible hacer pop con identidad, integrar el flamenco sin pedir permiso.

También se detiene en 'Cuando nadie me ve', una de sus canciones favoritas, por su capacidad para hablar del pudor, de la intimidad y del mundo interior sin artificios. Sus palabras sitúan al cantante no solo como un creador de éxitos, sino como un referente que ha influido en cómo las nuevas generaciones entienden la fusión y la honestidad artística.

Shakira y Alejandro Sanz: una relación bajo la lupa

Uno de los bloques más comentados del documental es, inevitablemente, el dedicado a Shakira. Su amistad con Alejandro Sanz lleva años alimentando rumores, carpetas forradas y teorías que ambos han negado siempre, pero 'Cuando nadie me ve' aporta matices inéditos.

placeholder Alejandro Sanz y Shakira cantan en 2006. (Gtres)
Alejandro Sanz y Shakira cantan en 2006. (Gtres)

Shakira aparece relajada, cómplice, incluso divertida, compartiendo avión con Alejandro y su entonces pareja, Candela Márquez. Habla de él como un amigo leal, alguien que siempre aparece en las buenas y en las malas. Recuerda su primera impresión: "Me pareció muy amable y no sabía que iba a ser tan gracioso".

Es durante la entrevista con la colombiana cuando se deja entrever cómo es el protagonista a las distancias cortas. "Estoy con él y lloro de la risa. Nadie me hace reír así. Y como lo sabe, se aprovecha", comenta.

Su gran colaboración no podía no tener hueco en el metraje. Shakira bromea con la letra de 'La Tortura' y con la fama de Alejandro de no haber sido "un santo". Entre risas, responde con misterio sobre su conexión: "Hay mucha química con Alejandro. Somos muy traviesos los dos". Para el intérprete, ella es una de las mejores amigas que tiene en la industria, y lo que comparten es demasiado bonito como para estropearlo con "pamplinas".

placeholder Alejandro Sanz y Shakira, en una imagen de sus redes sociales. (Instagram/@alejandrosanz)
Alejandro Sanz y Shakira, en una imagen de sus redes sociales. (Instagram/@alejandrosanz)

Más allá del tono ligero, hay una reflexión profunda sobre la amistad como una calle de doble sentido y sobre la certeza de poder contar el uno con el otro a cualquier distancia. "La vida está llena de picos y valles, pero sabemos que siempre hay alguien del otro lado, aunque sea a millas de distancia".

El golpe de 2004 y la depresión

A partir de 2004, el relato se oscurece. La muerte de su padre, la separación de Jaydy Michel y una sensación creciente de soledad marcan uno de los periodos más duros de su vida. Laguirre asegura que "se sintió muy solo en esa época". A lo que él añade que su soledad es "muy seca": "Quieres hacer de menos tus dolores y eso es error porque están ahí y, si no los dejas salir, te dominan. A mí me retorcieron el brazo, pero bien".

En ese contexto aparece Raquel Perera, que empieza a trabajar con él en pleno bache y describe con detalle los efectos del desgaste: insomnio, falta de apetito, dificultades físicas para terminar canciones. "Los efectos de lo que estaba sufriendo empezaron a tener unos resultados negativos a nivel de salud mental y física", explica.

placeholder Alejandro Sanz y Rosalía, durante la gala a la Persona del Año de los Latin Grammy. (Reuters)
Alejandro Sanz y Rosalía, durante la gala a la Persona del Año de los Latin Grammy. (Reuters)

Decide parar, desaparecer, dejar de ejercer de Alejandro Sanz durante un tiempo. "Nunca mostró la profundidad de la tristeza, dolor y herida que tenía", asegura su también exmujer. Se refugia en la naturaleza, en la pintura —oscura e invasiva— y en un proceso de reconstrucción que desemboca también en su historia de amor.

"La primera vez que le vi después de su retiro no se me olvidará. Lo primero que vi fue la luz de su mirada, unos ojos transparentes, llenos de vida y de esperanza, había recobrado la vida", dice emocionada. Entonces vino el momento de la remontada y, años más tarde, el del fin de la pareja. "Tú puedes tener a Alejandro de alguna manera en tu vida, pero no puedes poseer a Alejandro", reflexiona acerca de su final.

La fragilidad como motor creativo

Artistas como Laura Pausini, Camila Cabello, Nathy Peluso, Juanes, Residente o Juan Luis Guerra coinciden en señalar esa mezcla de fragilidad y verdad como la clave de su permanencia. Hablan de un cantante que transmite dolor y ternura, que canta con el alma y que ha sabido conjugar melodía, flamenco y palabra con una gracia muy especial.

Quizá, como dice su amiga y cantante Elena Rose, la gente le llame maestro y él siga siendo un estudiante, al menos de la vida. El documental muestra a un Alejandro consciente del precio que ha pagado por el éxito, crítico con la fama y con la presión de la industria, pero fiel a una idea: la pasión por lo que hace es el motor de todo. "Cuando lo tienes de cerca, dices: 'Ha venido a este mundo a hacer algo muy especial'". La serie deja al espectador la última palabra.

"La gente que estamos a su alrededor conocemos a alguien que está siempre intentando encontrarle la vía divertida y el humor a las cosas", da comienzo a su testimonio Íñigo Zabala, una de las personas más cercanas a Alejandro Sanz. El artista lleva más de tres décadas formando parte de la banda sonora sentimental de varias generaciones, pero 'Cuando nadie me ve', el documental que acaba de estrenar en Movistar+, propone un giro en la historia que conocíamos hasta ahora.

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