Máximo Huerta se sincera sobre su salida en TV: “Me aburría como una ostra”
Máximo Huerta se sienta en Zodiac para presentar su novela: Mamá está dormida. También habla sin tapujos de su salida en TV y abre una ventana sincera sobre el estado actual de la pequeña pantalla española.
No fue un portazo. No fue un escándalo. No fue una caída. Fue algo mucho más silencioso y, quizá, más incómodo de admitir: aburrimiento. Así resume Máximo Huerta su salida de la televisión durante su paso por el podcast Zodiac, el espacio de conversación presentado por Nacho Gay para Vanitatis.
“Me aburría como una ostra”. La frase, dicha sin dramatismo, contiene años de experiencia acumulada frente a las cámaras. Porque Huerta no habla desde la periferia del medio, sino desde el centro mismo de la televisión española de las últimas décadas.
De los informativos al corazón del magacín
Su trayectoria comenzó en los años noventa en la televisión autonómica valenciana, antes de dar el salto a Telecinco, donde se consolidó primero en los informativos y, más tarde, como uno de los rostros fundamentales de El programa de Ana Rosa. Compartió mesa, titulares y actualidad diaria con Ana Rosa Quintana, convirtiéndose en una figura reconocible para millones de espectadores cada mañana.
Aquella etapa lo situó en primera línea de la conversación pública: política, crónica social, sucesos, entrevistas… El ritmo era vertiginoso. La actualidad marcaba el tono y el tiempo. Pero lo que durante años fue estímulo terminó transformándose en rutina.
En Zodiac, Huerta explica que el problema no era el trabajo en sí, sino la sensación de repetición. El bucle constante de titulares encendidos, debates que comenzaban con intensidad y terminaban en ruido, opiniones diseñadas para generar reacción inmediata. “No me gusta estar en tertulia política”, afirma con claridad. Y va más allá: “Las tertulias políticas son el nuevo Sálvame. Calientan a un país y contratan a quien más polarizado esté”.
No es una frase improvisada. Es un diagnóstico. Huerta observa que la televisión actual, especialmente en el terreno político, ha sustituido el análisis por la confrontación permanente. Donde antes había contraste de ideas, ahora —según su visión— hay tensión calculada. Donde antes se buscaba contexto, hoy se prioriza el impacto.
Presentar o no estar
La televisión, sin embargo, no es para él un territorio clausurado. Durante la conversación con Nacho Gay deja una puerta entreabierta: “Haría algo en televisión, pero si fuese para presentar; prefiero presentar a ser colaborador”.
La matización es clave. Presentar implica construir relato, marcar ritmo, ordenar la conversación. Colaborar, en el ecosistema actual, puede significar reaccionar, polemizar, entrar en dinámicas que no siempre permiten desarrollar un discurso propio. Huerta no rechaza el medio; rechaza el rol que no encaja con su momento vital.
Y la prueba de que su nombre sigue presente en las agendas televisivas es la confesión que realiza en el propio podcast: hace apenas unos días recibió la llamada de Ana Rosa Quintana para proponerle regresar como colaborador a Tardear. El ofrecimiento no es menor. Supone volver al entorno profesional donde consolidó su carrera. Pero su respuesta no nace del impulso, sino de la reflexión. Porque si algo transmite en Zodiac es que ahora elige. Ya no responde únicamente a la oportunidad. Responde a la coherencia.
Una industria que ha cambiado
La televisión española que Huerta conoció en sus inicios poco tiene que ver con la actual. El auge de las redes sociales, la fragmentación de audiencias y la competencia feroz por la atención han modificado las reglas del juego. Los debates se han acelerado. Las posiciones se han endurecido. El espectáculo ha ganado terreno.
Huerta no lo dice desde la nostalgia, sino desde la observación. Entiende la evolución del medio, pero no se reconoce del todo en ella. Su aburrimiento no nace de la falta de éxito —lo tuvo—, sino de la falta de estímulo intelectual y creativo.
Durante años fue parte del engranaje diario que marcaba la agenda mediática. Hoy prefiere otros tiempos: la escritura, los proyectos culturales, las conversaciones sin cronómetro. No es una huida; es una reubicación.
Su paso por Zodiac deja una idea clara: la televisión no es un destino inevitable, sino una elección. Y en su caso, ahora mismo, esa elección pasa por medir muy bien dónde, cómo y para qué regresar.
Porque si vuelve —y no lo descarta— será para presentar, para construir relato, para huir del griterío. Será, en definitiva, para no volver a aburrirse.
Y en esa frase aparentemente ligera se esconde, quizá, la decisión más seria de toda su carrera.
No fue un portazo. No fue un escándalo. No fue una caída. Fue algo mucho más silencioso y, quizá, más incómodo de admitir: aburrimiento. Así resume Máximo Huerta su salida de la televisión durante su paso por el podcast Zodiac, el espacio de conversación presentado por Nacho Gay para Vanitatis.