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Ágatha Ruiz de la Prada: "Nadie sabe cómo derribar mi piscina de Mallorca"
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ENTREVISTA

Ágatha Ruiz de la Prada: "Nadie sabe cómo derribar mi piscina de Mallorca"

La diseñadora habla con Vanitatis sobre el conflicto que rodea a la piscina de su vivienda mallorquina, la orden de derribo que nunca se ejecuta y cómo ha cambiado su forma de disfrutar de la casa

Foto: Agatha Ruiz de la Prada. (Getty)
Agatha Ruiz de la Prada. (Getty)

Giuliana Arioli, viuda de Joaquín Calvo-Sotelo, fue quien vendió la espectacular casa de Costa dels Pins, en Son Servera (Mallorca), a la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada y a quien entonces era su marido. Construida en 1979 sobre un acantilado, la vivienda cuenta con acceso directo al mar y una piscina de agua salada que durante años ha sido objeto de protestas ecologistas y presiones políticas por incumplimiento de la Ley de Costas. En 2022, el Tribunal Supremo ratificó la sentencia que ordenaba su demolición y, aunque el derribo ha seguido avanzando en los últimos meses, la ejecución definitiva continúa marcada por los trámites administrativos.

"Lo primero de todo es que la piscina no es mía", explica la diseñadora a Vanitati. "La concesión original se le otorgó a mi exmarido en 2001 y, cuando nos divorciamos, no se podía traspasar, y menos aún cuando ya no se iba a renovar. Imagino que debe de estar harto de todo este lío". Tras el divorcio, la propiedad pasó a manos de sus hijos, Tristán y Cósima, aunque Ágatha conserva el usufructo.

Cada verano, la polémica vuelve a reavivarse. "Yo no puedo derribar la piscina porque, aunque existe una orden de demolición, hace falta un permiso específico del Ayuntamiento y otros trámites muy complicados de conseguir. No hay precedentes legales y nadie sabe muy bien cómo hacerlo. Destruir una piscina no es tan sencillo: no puedes tirar los escombros al mar. Me he dado cuenta de que nadie quiere asumir la responsabilidad, ni de dejarla como está ni de eliminarla".

placeholder Fotograma del programa de los Kretz en el que se ve la piscina vacía.
Fotograma del programa de los Kretz en el que se ve la piscina vacía.

La diseñadora reconoce que le entristece pensar en su desaparición. "Me da mucha pena destruir una cosa tan bonita de la isla. No quiero taparla: o se queda como está o vuelve a ser una piscina, aunque creo que eso ya nunca ocurrirá. Nosotros nunca la modificamos; está exactamente igual que cuando la compramos. Tiene más de 60 años, está vieja y ponerla en marcha cada verano suponía muchísimo trabajo".

Cuando el Tribunal Supremo anuló la prórroga de 60 años que permitía mantener la concesión hasta febrero de 2074, lo primero que hizo fue consultar con su abogado, Tomás Ramón Fernández. "Le pregunté si montaba la piscina, si colocaba las sombrillas y las hamacas y la preparábamos como todos los veranos. Me dijo que ni se me ocurriera. Así que la he dejado cuatro años sin limpiar y se ha ido acumulando de todo". Con el paso del tiempo, asegura que ha cambiado incluso su manera de disfrutar de la casa. "He empezado a disfrutar más del mar y me he dado cuenta de que, aunque era una piscina preciosa, ya me tiene harta. Me he cansado de la piscina", confiesa.

La diseñadora nunca ha ocultado que siente auténtica debilidad por las casas. Por eso no sorprende su amistad con la mediática familia francesa Kretz, protagonista de una de las series inmobiliarias de lujo más exitosas de Netflix. En la última temporada intentaron vender la joya mallorquina de Ágatha, aunque sin éxito. "Yo les dije que, si me enseñaban una casa mejor que la mía, me mudaba. Pero las dos que me ofrecieron no lo eran. Además, estaban en el interior y yo necesito ver el mar todo el tiempo. En mi casa tienes la sensación de estar en un barco, pero con todas las comodidades. Creo que todavía conocen poco el mercado español, porque yo sé que hay muchísimas casas preciosas en la isla".

placeholder Otra imagen del programa de los Kretz.
Otra imagen del programa de los Kretz.

Este verano, como cada año, la vivienda volverá a llenarse de invitados. "Es mi forma de pasar unos días con muchos amigos a los que durante el resto del año apenas puedo ver. Hay invitados que repiten todos los veranos y otros que vienen una vez y no vuelven porque se portan mal", dice entre risas. Entre los habituales destaca la ginecóloga Isabel Alonso, una de sus grandes amigas. "Se pasa un mes entero conmigo. La pobre es una santa, pero cuando ella llega encuentro una tranquilidad increíble. Incluso duermo muchísimo mejor".

Entre sus planes estivales tampoco faltan las tradicionales fiestas de Mallorca, aunque reconoce que el ambiente ha cambiado mucho. "Ya no son lo que eran. La gente ya no tiene servicio y ahora hace un poco el truco de organizar una sola fiesta, esforzarse muchísimo ese día y dar por cumplido el compromiso. Luego se pasa el resto del verano yendo a las fiestas de quienes ellos invitaron. Así se ahorran organizar comidas y cenas".

Recién llegada de Boston y a punto de viajar a Tánger, Ágatha asegura que su verdadero código postal "es el avión". En apenas unos días instalará su centro de operaciones en Mallorca, donde espera celebrar, como cada año, su cumpleaños el próximo 22 de julio. "Este año será una celebración pequeña. Todavía no he invitado a nadie, imagínate. Y no pongas los años que cumplo", bromea entre risas.

Giuliana Arioli, viuda de Joaquín Calvo-Sotelo, fue quien vendió la espectacular casa de Costa dels Pins, en Son Servera (Mallorca), a la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada y a quien entonces era su marido. Construida en 1979 sobre un acantilado, la vivienda cuenta con acceso directo al mar y una piscina de agua salada que durante años ha sido objeto de protestas ecologistas y presiones políticas por incumplimiento de la Ley de Costas. En 2022, el Tribunal Supremo ratificó la sentencia que ordenaba su demolición y, aunque el derribo ha seguido avanzando en los últimos meses, la ejecución definitiva continúa marcada por los trámites administrativos.

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