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Villalonga y Abascal: matrimonio en la cuerda floja

En su día la relación sentimental de Juan Villalonga con Adriana Abascal, la viuda de Emilio Azcárraga, el todopoderoso dueño de Televisa, se convirtió en tema

Foto: Villalonga y Abascal: matrimonio en la cuerda floja
Villalonga y Abascal: matrimonio en la cuerda floja

En su día la relación sentimental de Juan Villalonga con Adriana Abascal, la viuda de Emilio Azcárraga, el todopoderoso dueño de Televisa, se convirtió en tema de conversación en los consejos de administración y fuente de comentarios en las plantas nobles donde reinan los directores generales.

El tema era lo suficientemente atractivo y llamativo porque pocos sabían de los amores clandestinos del ex presidente de Telefónica. Su entorno más o menos cercano le creía bien casado con la madre de sus hijos. Después se demostró que la irrupción de la bella Adriana en su vida trastocó los cimentos familiares y amistosos.

Los amigos de toda la vida, incluido el matrimonio Aznar, apoyaron incondicionalmente a la mujer abandonada. Sucedió algo parecido, aunque con menos repercusión mediática, con los líos de faldas de Los Albertos, que también acabaron en sendas bodas. Alberto Cortina con Marta Chávarri, de la que después se divorció para contraer matrimonio con Elena Cué y el  primo Alberto Alcocer, mucho más discreto, que se casó con la secretaria Margarita Hernández, con la que tuvo mellizos y vive felizmente alejado de la primera línea informativa.
 

En el caso de Los Albertos el alcance informativo fue impresionante. Y quienes se ocuparon prioritariamente del asunto no fueron las revistas del corazón, sino los diarios generalistas y económicos y las revistas de información general. El divorcio de las Koplowitz de sus maridos dio para mucho. El de Juan Villalonga menos porque no era personaje de primera fila, aparte de ser compañeros de pupitre de José María Aznar.

De Adriana Abascal se sabía muy poco. Y salvo los problemas de herencia que tuvo con los hijos de Azcárraga, los españolitos se percataron de sus hechuras en un memorable reportaje donde la bella viuda aparecía posando para ¡Hola! en la cubierta de su megayate acompañada por una marinería de quitar el hipo.

Juan Villalonga y Adriana se casaron y se instalaron primero en Los Ángeles y después en Londres. Desde esta ciudad se organizó el asalto a la popularidad de la bella señora Villalonga. Durante el último año la hemos visto posar en revistas de alta gama tipo Elle, Marie Claire, Vogue, Telva, dominicales y semanarios. El despliegue fue de una intensidad impresionante y hasta abrumadora. No había semana donde la señora de Villalonga no apareciera en su máximo esplendor aunque no tuviera nada nuevo que decir.

Coincidiendo con su lanzamiento social, la firma Suárez la contrató para una de sus líneas de joyería. Parecía que el duelo Preysler/Abascal iba a funcionar, pero no fue así. A día de hoy la señora de Boyer no tiene sombra. Y, además, como es lista, la ha llevado a su territorio. Alguna vez ha acudido a su casa para hacer yoga con Preysler, pero nada más. 

Hace un tiempo que la bella Adriana no tiene presencia social. Parece que la tierra se la hubiera tragado. O podría ser que fueran ciertos los rumores de desavenencias conyugales. Y de ahí que no estuviera para mucha fiesta. Según hemos sabido, Adriana y Juan Villalonga no están en su mejor momento matrimonial, pero puede ser que, como ocurre con la crisis, también ellos tengan sus propios brotes verdes. Por ahora ni uno ni otro han querido comentar la información y prefieren dar la callada por respuesta. Una decisión que llama la atención ya que ambos son dados a responder los mensajes telefónicos.
 

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