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se llama 'el llanto de los elefantes'

Destripamos la novela autobiográfica de Genoveva Casanova: "Empeñé mi vida por un vestido de lentejuelas"

'Vanitatis' ha tenido acceso en primicia a algunos extractos del primer libro de la exmujer de Cayetano Martínez de Irujo. En él narra cómo pisó la moqueta de los palacios y entendió después el sentido de la vida en sus viajes humanitarios

Foto: Destripamos la novela autobiográfica de Genoveva Casanova: Empeñé mi vida por un vestido de lentejuelas

Una bella joven mexicana viaja a Madrid para empezar una nueva vida. Allí se enamora de un joven y atractivo aristócrata con quien muy pronto tendrá su primer hijo. Se casan, pero el matrimonio no cumple las expectativas y la joven mexicana decide separarse.

A todas luces parece la historia de Genoveva Casanova, pero no. El relato no detalla la biografía de la exnuera de la duquesa de Alba, sino la de Hellena Torner, un personaje fruto de su imaginación.

Torner es la protagonista de El llanto de los elefantes (Espasa), la primera novela de Genoveva, que ve la luz este martes, 14 de abril. Un personaje de ficción a través del cual la exmujer de Cayetano Martínez de Irujo relata algunos de sus episodios biográficos, pero desde la distancia que aporta el relato ficcionado. “Es una historia muy diferente a la mía. Hay anécdotas similares, pero no tienen que ver con mi matrimonio ni con mi situación emocional de ahora. Le aseguro que nadie tiene que preocuparse por mi libro”, declaraba hace unos días la propia Genoveva a Vanitatis.

Cayetano Martínez de Irujo y Genoveva Casanova en 2003 (Gtres)
Cayetano Martínez de Irujo y Genoveva Casanova en 2003 (Gtres)

Los paralelismos se hacen inevitables. Los escenarios elegidos por la autora –México, Madrid y la India– y algunos hechos inconfundibles como que la protagonista termina enamorándose de un político (¿José María Michavila?) hacen de El llanto de los elefantes una obra atractiva por la vía de la identificación.
 

Los primeros extractos de la novela

Vanitatis ha tenido acceso en primicia a varios extractos del libro en los que se demuestra hasta qué punto la experiencia vital de la mexicana ha influido en su novela. Destripamos qué partes de un libro que promete ser un éxito de ventas son autobiográficas gracias a varios textos que mostramos a continuación.

Por ejemplo, Genoveva describe con notable realismo una de las escenas que marcaron su infancia en México, la del terremoto que asoló el país el 19 de septiembre de 1985. Por entonces, la exmujer del conde de Salvatierra tenía nueve años y la catástrofe la pilló de camino al colegio. De aquel momento dice que “fueron dos minutos que le cambiarían la vida a millones de personas”.

Imagen de una de las exposiciones fotográficas de Genoveva Casanova
Imagen de una de las exposiciones fotográficas de Genoveva Casanova

“El caos era indescriptible. Treinta mil edificios que se derrumbaron, sobre todo en el centro de la ciudad, sepultando miles y miles de futuros para siempre. La gente deambulaba por las calles cubierta de polvo, sin reaccionar, como si se acabaran de despertar en un mundo que no entienden en lo más mínimo. Las imágenes de los voluntarios, policías rescatistas y médicos sacando gente de edificios completamente derrumbados; de cientos de cuerpos sin vida rodeados de grandísimos cubos de hielo para retrasar su descomposición; de cajas y cajas de madera sobre el césped de un estadio de béisbol que improvisaban los ataúdes de los cuerpos que ya habían logrado identificar… Una pesadilla…”

A través de uno de los momentos más agónicos para la protagonista de la novela, cuando Hellene es secuestrada en la India, Genoveva describe una de sus reflexiones más personales: “Mi gigantesca vanidad al pensarme más inteligente, más merecedora de la auténtica felicidad que las demás mujeres que conocí en Madrid, porque, según creía, yo estaba por encima de la superficialidad en la que vivía. ¡Qué tonta! ¡Qué vanidad la mía! ¡Esto es lo que me merezco! ¡Esto! El vacío. Día tras día… el vacío. Empeñé mi vida por un mundo de cristal que se resquebrajaba con dudas mínimas, con la palabra que se sugiere indomable, con el sueño que se pretende libre y auténtico. Todo lo real es inmediatamente identificado y aplastado como a un bicho que se expande en una epidemia. Ahí solo funcionan los vestidos de lentejuelas y las cordialidades”.

Unos vestidos de lentejuelas que Genoveva cambió por túnicas en sus viajes humanitarios a la India. De la ostentosidad y el lujo a los que accedió como condesa de Salvatierra consorte, se dio de bruces con las realidades más crudas. Entre ellas las de la esclavitud sexual de las niñas indias sobre las que habla en su novela con todos los detalles que en su día se grabaron en sus retinas. Frente a ellas, Genoveva –bueno, Hellena Torner– reconoce por primera vez la superficialidad de ese mundo al que había pertenecido hasta entonces. Una superficialidad dominada por los trajes caros, las fiestas de alto copete y los fastos de una boda aristócrata que bien pudo ser portada de revista.

Aleccionada por el desmoronamiento de su matrimonio

A lo largo de las 208 páginas que describen la historia de Hellene Torner, Genoveva es capaz de pasar de la acción al relato más intimista. Gracias a sus andanzas por la India, su protagonista termina descubriendo la paz en la práctica del amor a los que más sufren en los arrabales de este país. La de Torner es la historia de una mujer apasionada consciente de que un día lo tuvo todo, pero a la que el desmoronamiento de su matrimonio enseña a poner el sentimiento al servicio de un sentido en la vida.

En la ficción, el personaje que enseguida los lectores asociarán con Cayetano Martínez de Irujo se llama Rohan. Sobre cómo vivió la ruptura de su matrimonio, Hellene dice: “La presencia de Cristo en todos y cada uno de los hombres y la expansión de su bondad a través del servicio en el amor es lo que transforma la energía que constituye la creación entera. Encontré la paz en la práctica de ese amor, que desde que me separé de Rohan, pensé inexistente. Lo que el hombre busca no es un nirvana en donde lo que exista sea la ausencia de todo. No hay individuo, ni amor, ni paz. No. Lo que busca es un estado de felicidad perpetua, pero que nuestra naturaleza humana nos impide. Ahora sabía que en mi trabajo, en mi dedicación a los que más sufren, era capaz de amar y de vivir en el amor de Rohan y en el de Dios, como parte de mi propia esencia”.  

José María Michavila y Genoveva Casanova (Gtres)
José María Michavila y Genoveva Casanova (Gtres)

Sus peores experiencias vitales

El libro que este martes publica Genoveva Casanova trata, desde su propia experiencia vital, de la reconciliación del ser humano con su propia esencia. Esa que la mexicana descubrió de la mano de los horrores que solo bajándose de los altares pudo comprobar. Su estancia en Bombay le dejó uno de los peores episodios que la otrora esposa de un conde pudo presenciar. “Los abusos eran indescriptibles y las huellas que dejaban sobre los cuerpos de estas mujeres eran escalofriantes. Una mujer un día nos mostró sus pechos. La habían cogido entre cuatro muchachos cuando trabajaba en los campos de arroz. La violaron ferozmente y luego se divirtieron con ella apagando sobre su cuerpo desnudo los cigarrillos que encendían entre saltos y carcajadas, Uno de ellos sacó una navaja y le arrancó los dos pezones, vaciándole el alma entre el agua de los arrozales. Se salvó gracias a que su sobrino la encontró cinco horas más tarde, aún sin haber recuperado el conocimiento”.

Genoveva Casanova con sus hijos en Kenia (Gtres)
Genoveva Casanova con sus hijos en Kenia (Gtres)
Pero el escenario indio no es el único que Genoveva conoce bien tal y como plasma en su novela. México también lo describe a la perfección, según se recoge en los siguientes párrafos, y allí también nacen sus reflexiones más profundas. Cuando llovía, el agua escurría por el vidrio y las formas distorsionaban muchísimo más. Esos días parecían hipnotizarme. Me quedaba horas y horas ahí, sin moverme con la mirada puesta en todo lo que quería recordar, pero sobre todo puesta en México… La sensación de México... En esa ventana de la calle Galileo nacía mi necesidad de escribir. Encontré la poesía el caos y el ruido, en el olor a ciudad, en las sombras, en las estrellas que veía morirse detrás del morado de las jacarandas”.

“Desde hace años, ya no siento vivas dentro de mí  las noches de mi ventana en México, la luz que atravesaba los eucaliptos del parque clavándose en mis huesos. No siento mi mitología, ni el ansia perenne, ni la mirada fundida. Soy una mera autónoma que funciona únicamente para cumplir la responsabilidad de proteger a un pequeño ser perfecto al que di vida.”

Para terminar su obra, Genoveva Casanova dedica El llanto de los elefantes a varias personas, pero en especial a sus dos hijos: Luis y Amina Martínez de Irujo. “Ellos atraviesan todo mi sentido con su vuelo. Que su paso por este mundo les llene de toda la maravilla que yo he encontrado aquí y que se vayan algún día, dentro de muchas andanzas, con el alma bien hinchada”.

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