Biarritz: chateaux, surf y los duques de Palma
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es el lugar de veraneo de la clase alta vasca

Biarritz: chateaux, surf y los duques de Palma

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarín lo han vuelto a poner en el mapa. No en vano una reina, la Emperatriz Eugenia, lo puso de moda hace dos siglos

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A 20 kilómetros de la frontera española y con aeropuerto, Biarritz, que en la Edad Media era un pueblo de pescadores de ballenas, ha sido siempre por excelencia el sitio de veraneo de la clase alta vasca (les pudimos ver a casi todos hace unos años en la boda de Marta de la Rica Entrecanales, sobrina del presidente de Acciona, con Guillermo, hijo Jaime Castellanos, presidente de Lazard). En el siglo XIX, la Emperatriz Eugenia decidió construir en Biarritz su residencia secundaria, su esposo Napoleón III construyó la Villa Eugénie y toda la nobleza de Europa comenzó a frecuentar la aldea. Las mansiones, palacios y villas de Biarritz nos hablan de un pasado esplendoroso al que más tarde se sumó la nueva burguesía que nació al amparo de la Revolución Industrial y que no escatimó recursos para competir con la nobleza y que a mediados del siglo XIX comenzó a instalarse en el balneario de moda.

Hoy los famosos siguen acudiendo a sus playas y es uno de los lugares preferidos de la jet set europea (y también de las celebridades internacionales, no olvidemos que Madonna ha elegido más de una vez esta localidad costera para pasar sus vacaciones). Si estos años volvemos a poner en el mapa este enclave plagado de chateaux en rojo y blanco y villas Tudor gracias a que los la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín han elegido sus costas para veranear, no hemos de olvidar que muchos otros famosos vienen atraídos por su playas para hacer surf (no es raro ver un fin de semana al político irundarra Borja Sémper tabla en mano en sus aguas) o por la exclusividad de sus tiendas, como la aristócrata y editora de estilo María León Castillejo.

Biarritz, que no hace mucho que ha dado valor a su Museo del Mar, también quiere potenciar su caché como la primera ciudad por la que se extendió el surf en Francia en los años 50, para lo que ha construido la Ciudad del Surf y del Océano. Por cierto, parte del encanto de Biarritz son sus alrededores. No se olviden de echar un vistazo al blog de la tradicional familia de conserveros vascos e italianos Olasagasti si quieren encontrar lugares secretos, pero no menos elitistas.

Las mejores playas

Si quieres que no le vean, las mejores opciones son la playa La Milady, al sur de Côte des Basques, o la de Miramar, una prolongación de la Grand Plage al otro lado del Hotel de Palais. Pero si lo suyo es codearse con la clase alta:

La Grand Plage.Insultantemente burguesa y concebida para servir al Hotel de Palais, la gran mansión con forma de E que Napoleón ordenó construir en 1854 al borde del mar en honor a Eugenia de Montijo. La Grand Plage es el corazón del turismo en esta ciudad vascofrancesa. Ojo, no es la mejor playa para practicar surf, pero en ella se aprecia perfectamente cómo Biarritz es una ciudad volcada en esta actividad: casi la totalidad de la playa está acotada para surferos y sus multitud de escuelas sin edad. Con seguridad le tocará apiñarse en el resto de la playa y con un poco de suerte podrá ver, como ocurrió el año pasado, a Bruce Springsteen dar unas brazadas. Si no ha visto ningún famoso, vaya a comer después del baño al Hotel de Palais, allí está La Rotonde, uno de los mejores restaurantes de la costa suroeste. Eso sí, a los caballeros, independientemente de la hora del día que sea, se les exige llevar chaqueta.

Port Vieux.A un paso del puerto viejo está la recoleta y resguardada playa del Port Vieux. No solo hay que ir allí si se tienen niños temerosos del fuerte oleaje local, también si se quiere visitar la Roca de la Virgen. Lo más destacable de esta Roca no es la virgen que corona su cima, sino el hecho de que se puede atravesar. Fue Napoleón III quién decidió excavar la roca tras unirla a la costa a través de un puente, obra de Eiffel. Además, este lugar esconde una leyenda que dice que un día de fuerte tormenta que los balleneros de Biarritz regresaban a casa apareció una luz resplandeciente que condujo a la gran mayoría a puerto. Los supervivientes colocaron en el lugar unas cruces y una virgen.

La Côte des Basques. Cuidado con la marea alta, que prácticamente hace desaparecer esta larga extensión de arena donde, aquí sí, el surf es el rey. A la playa se accede a través de las escaleras construidas en un acantilado. En la parte superior hay una animada terraza, donde también picar unos deliciosos mejillones y ensaladas.

Copas, eat & Fun

Todo con permiso del restaurante La Rotonde, donde el chef Jean Marie Gautier hace las delicias de la aristocracia internacional, el el Hotel de Palais también alberga otro gran restaurante, Villa Eugénie, en el que también se requiere chaqueta a los caballeros. Cuenta con una estrella Michelin y su menú degustación cuesta 130 euros.

Otro restaurante que destaca en Biarritz es el también laureado Les Rosiers, condecorado con una estrella en la Guía Roja. Tampoco olvidar el famoso Chez Albert, materia prima excelente sin más.

Un sitio que está cada vez más de moda por su impresionante terraza sobre el mar y su lounge es el restaurante Transat, del Hotel Radisson Blue. Muy agradable para tomar una copa por la noche.

También es habitual encontrar a famosos, incluso a miembros de la realeza británica, en el Casino de Biarritz, un precioso edificio art decó con dos restaurantes. Para un almuerzo más ligero la Brasserie Le Royalty en Place Clemenceau, con su típica ensalada francesa Niçoise. Si queremos algo que no sea un palacete ni un hotel ultramoderno, el restaurante de Chez Philippe hace cada vez más guiños a las celebridades, un espacio íntimo muy chic. Sus cursos de cocina son una buenísima opción para compaginarlos con unas vacaciones.

Shopping & Tea

Un imprescindible es la mejor tienda de quesos de la zona: Mille et un Fromages, a un paso de Maison Arosteguy, donde encontrar productos gourmet de primerísima calidad, como el delicioso pimiento del Espelette, el oro local. Para el postsurf o la posplaya, nada mejor que degustar un poco de foie en la informal terraza de Le Comptoir du Foie Gras, una antigua tienda de ultramarinos reconvertida en bar con buenos vinos, un gran foie y bravos embutidos de la zona. Está junto al mercado (Rue des Halles), que tampoco conviene perderse. La jet en Biarritz también es muy amante de su exquisita repostería, hay cientos de salones de té con deliciosos pastelitos. Destacan la preferida de Alfonso XIII, Patisserie Miremont.

Samantha: “Los balnearios públicos de Biarritz y alrededores están muy limpios y los servicios son de diez. Hay que mirar el bolsillo con cuatro niños”

Samantha Vallejo-Nágera descubrió su vocación por la cocina mientras estudiaba paisajismo y, tras una apuesta con Moppi Horcher, empezó a trabajar en los fogones de Horcher, en Madrid. Allí pasó casi dos años. Tras ese tiempo, en Lyon, asistió a la escuela de Paul Bocuse, donde amplió sus estudios sobre cocina, el trabajo en equipo y dirigir. Nada menos que Arzak, en San Sebastián, y el Hotel Miramar, en Biarritz, también fueron escenario de sus comienzos. Luego vino una estancia en Nueva York, un negocio de paellas a domicilio que ella misma repartía en patines (aquí se empezó a ganar la fama de curranta) y su catering Samantha de España se ha ampliado con su negocio de bodas De Natura, en su querida Pedraza (Segovia), así como con la venta de productos con sus Samy Box para niños y adultos.

Su aventura televisiva como jurado en el concurso culinario Masterchef ha incrementado su popularidad. Está de vacaciones con sus cuatro pequeños en Menorca, pero como casi todos los años ha pasado unos días en casa de unos amigos en Biarritz, una localidad a la que tiene mucho apego (su madre Sabine Déroulède es francesa) y en la que estuvo trabajando hace 20 años.

“Volver a Biarritz siempre es un placer. Cuando vamos a San Sebastián es visita obligada pasar unos días allí. Las playas son estupendas, hay muchas escuelas de surf y clubes y chiringuitos donde improvisar comidas a base de bocatas y crêpes. Los niños y nosotros disfrutamos mucho de toda la oferta que hay tan divertida”, explica a Vanitatis sin dejar de contar que es una ciudad cara, que con cuatro hijos exige mirar el bolsillo.

Una de las apuestas de Samantha para comer toalla en mano es La Plancha con “pescado fresco muy rico en Bidart, en una hermosa playa entre San Juan de Luz y Biarritz. Si queremos algo más cool para comer y luego salir de copas, el sitio de moda es el Blue Cargo. Su club es estupendo”.

Dice que es obligado recorrer la carretera al borde del mar Le Corniche. “Es una pena que mucha de la gente que se acerca a conocer San Juan de Luz, que es una ciudad maravillosa con mercadillos y tiendas estupendas donde comprar mis alpargatas preferidas, elija un peaje y se pierda esta maravillosa carretera litoral, sobre acantilados y con vistas al mar y a los prados. Ir a Biarritz y no coger esta carretera es imperdonable. Hay dos formas de hacer el recorrido: a pie, por un sendero habilitado que empieza en Hendaya, o por carretera, un poco más arriba en una rotonda cerquita del Château d'Abbadia. Antes de empezar la ruta podemos dar un paseo por la playa de la villa y ver la desembocadura del Bidasoa, con Fuenterrabía guardando la orilla española justo enfrente. En esta ciudad hay un plan de pinchos perfecto en la siempre creativa apuesta de Gran Sol, un lujo de lugar”. Samantha cuenta que tampoco descuida ir a comprar carne y productos lácteos a Hendaya, donde compra Martín Berasategui .

“Francia es maravillosa. Su cosmética, su producto agrícola, sus quesos y ¡¡sus balnearios!!”. La chef explica que va con su madre a hacer tratamientos de talasoterapia a su querido Hotel Miramar (aquí también se hizo un tratamiento Caritina Goyanes), pero que cualquier pueblo cercano a Biarritz tiene unas estupendas instalaciones públicas. “Los balnearios públicos están muy limpios y los servicios son de diez. Hay que mirar el bolsillo con cuatro niños. Mi madre es una enamorada de Biarritz, de sus tiendas, sus playas, sus paseos, sus antigüedades. Y nos ha contagiado”. Le preguntamos si echa de menos vivir en Francia. “¡En absoluto! Me conformo con estas escapadas. ¡Soy muy fan de España¡”.

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