Cómo nacen las alianzas de boda: guía práctica para elegir el mejor anillo
Marisa Hernández, fundadora de eme Jewls, explica el proceso de diseño y creación de estas piezas y da algunos consejos para encontrar el modelo que mejor se adapte a tu enlace
Un par de alianzas creadas por Marisa Hernández Navarro. (Cortesía / Carolina Peinado)
En medio del caos de Madrid, en plena calle Mayor, se puede encontrar un remanso de paz. La puerta la abrirán Marisa Hernández Navarro y su compañera, Amaia Zearra Lezamiz. Si las pillas fuera de cita, las hallarás tras un delantal manchado. "La joyería es sucia", explica la fundadora de eme Jewels entre risas. Su taller es el epicentro de la creatividad en cuanto a diseño nupcial. Y sus alianzas, unas de las más cotizadas.
La distribución del piso donde dan vida a estas piezas invita a conocer la firma, con varios muestrarios que dejan claro que en la diferencia está su sello. Sin embargo, lo más interesante está tras una puerta que los clientes nunca atraviesan. Son las entrañas de la marca formadas por un taller, seña de artesanía, y un espacio de trabajo con una mesa que no tiene un único uso.
El jueves pasado llevaron a cabo un taller con su nuevo lanzamiento: el anillo Oliver, que está inspirado en el nacimiento del hijo pequeño de Hernández Navarro. Un evento que ha dado pie a que la experta comparta su experiencia a la hora de elaborar alianzas. "Dedico mi vida a convertir una pieza negra en algo precioso y eso me encanta", ha comentado a Vanitatis.
Un modelo de alianzas conectadas en V. (Cortesía / Carolina Peinado)
El primer paso es una cita con los novios para decidir algunos detalles, como las tallas, el modelo, el acabado y el grabado. "Una vez que se define todo, nosotros más o menos tardamos dos meses en tener las alianzas finales", explica. Sin embargo, antes de llegar a ese punto, hay un millón de elecciones que tocan tomar y la primera tiene que ver con el punto de partida.
La pareja puede optar por crear una pieza desde cero, pero una de las tendencias que las expertas observan en los últimos años es la de reutilizar material familiar por el valor sentimental que le da a los anillos. "Les hace ilusión que las alianzas sean con oro de sus abuelos. Es como tenerlos presentes en el día de la boda y en tu día a día", comenta.
De hecho, eso es uno de los reclamos de su taller: la confianza que inspiran. "Mucha gente prefiere ponerle cara a quien les va a hacer las piezas", explica. ¿El motivo? Se fían de que no habrá cambiazo, ya que es mucho más complicado el proceso de elaboración cuando tú llevas la materia prima. Para empezar, porque ese proceso necesita pasar por fábrica para que todo esté aleado al mismo plataje. "Lo fácil sería mandar un montón de oro y que lo devuelvan en oro puro", desvela Hernández Navarro. Pero eso sería hacer trampa porque la parte de unos se junta con otros y perdería ese valor sentimental.
El lingote de oro que da tras la fundición. (Cortesía / Carolina Peinado)
Una vez se tiene el material, se pasa a la fundición. Para ese proceso se utiliza gas y oxígeno para alear el oro. "Lo que se busca de una joya es su durabilidad y para ello hay que mezclarlo con otros metales, lo que se conoce como aleación, porque de por sí es blando", especifica. Es por ello que en alta joyería se utiliza el de 18 quilates, dado que el que cotiza en bolsa es de 24 y no sirve para trabajar.
Tras esta técnica, se obtiene un pequeño lingote, cuyo tamaño depende de lo que se vaya a utilizar. Es entonces cuando entra en juego la laminadora, una máquina de los años 40 que tiene un sistema parecido a cómo se hace la pasta fresca. "Primero lo estiramos y después pasamos a laminarlo, que no es otra cosa que extenderlo en plano", escenifica Hernández Navarro.
A la hora de darle forma, utilizan la astillera, que es una mesa de joyería que recibe este nombre porque en un extremo tiene una madera que sobresale. "Lo que hacemos es soldar las alianzas con fuego; lastrarlas, que significa ponerlo en una lastra donde le damos forma redonda perfecta; las lijamos y ya luego empezamos a hacer virguerías", explica.
Marisa Hernández Navarro y Amaia Zearra Lezamiz, en la laminadora. (Cortesía / Carolina Peinado)
Sus diseños son tan ricos como gustos tienen sus clientes. Las alianzas de media caña son las clásicas, pero la tendencia en el sector nupcial es que tengan algo diferente. "Nuestro bestseller son las alianzas que están conectadas", comenta la joyera. Son aquellas que por separado tienen significado, pero que se entienden mejor cuando se ven las dos juntas. Y cada vez más novios reclaman estos modelos.
Una vez todo está correcto y homogéneo, se pasa a pulir y a grabar. Menos en el caso del oro blanco, que hay un paso más: el baño en rodio, que le da el color que conocemos de este metal. El último paso es la limpieza y los anillos ya están listos para sellar el compromiso.
Guía para escoger las alianzas
La experta señala cuatro aspectos a tener en cuenta a la hora de encargar y comprar las alianzas. El primero es la aleación. En su opinión, dado el simbolismo que tienen, deben estar forjados con oro de 18 quilates, que es el que se utiliza en alta joyería. "No por la resistencia, porque un anillo de 14 o 9 quilates es superresistente. Es porque tiene mucho más valor", asegura.
Marisa Hernández Navarro trabaja en la mesa astillera. (Cortesía / Carolina Peinado)
Asimismo, hay que prestar atención al ancho y el grosor. Uno es lo grande o pequeño que sea el tamaño y el otro lo que se levanta el anillo de la piel. En los dos casos, la justificación de los profesionales para hacerlos de mayor calibre es la durabilidad, pero Hernández Navarro apunta que lo fundamental es "el equilibrio, es decir, que sea fuerte, pero que la persona esté cómoda todos los días".
Y el último punto es el grabado. "Quedan muy pocos grabadores a mano en el mundo, lo más habitual es que sea a láser. La gente suele darle poca importancia porque va por dentro, pero es lo que le da el toque personal", sentencia.
La única joya que permanece cuando termina la boda
La joyera reivindica la importancia de dedicar tiempo y presupuesto a la elección de las alianzas, un elemento que considera mucho más trascendente de lo que a menudo se piensa en plena organización de una boda. "Si las cosas te salen bien, la vas a ver todos los días", explica.
La joyera ultima los detalles de un anillo. (Cortesía / Carolina Peinado)
A su juicio, frente a otros gastos asociados al enlace, esta joya constituye una auténtica inversión porque es el único recuerdo material que acompaña a la pareja de forma permanente. Por eso, defiende que merece la pena dedicarle "un poquito de mimo, tiempo y dinero". Además, recuerda que, aparte de su carga sentimental, también posee una dimensión patrimonial: "Hazlo y guárdalo porque el oro ha salvado a muchas familias a lo largo del tiempo de algún apuro y, si sale mal, venderlo puede ser una venganza divertida".
La experta invita a ver la compra de las alianzas como una de esas pocas ocasiones especiales en las que merece la pena apostar por una pieza de calidad. "Yo no voy a tener el joyero de la Casa Real, ¿cuántas veces más voy a tener la excusa en mi vida de hacerme algo bueno?", reflexiona.
Sin embargo, reconoce que algunas tendencias recientes le generan cierta preocupación. Cuenta que cada vez recibe más parejas que solicitan una alianza masculina de menor calidad porque el novio no tiene intención de llevarla después del enlace. Una decisión que lamenta porque, a su entender, resta valor al significado simbólico y emocional de la pieza.
Aunque tradicionalmente se asocian al momento de la boda y al compromiso que representan, son el único elemento de aquel día que permanece intacto con el paso del tiempo. "El vestido te lo vas a poner un día. Las flores se van a marchitar. Los globos se van a desinflar. Mientras que la alianza está contigo para siempre", señala.
En medio del caos de Madrid, en plena calle Mayor, se puede encontrar un remanso de paz. La puerta la abrirán Marisa Hernández Navarro y su compañera, Amaia Zearra Lezamiz. Si las pillas fuera de cita, las hallarás tras un delantal manchado. "La joyería es sucia", explica la fundadora de eme Jewels entre risas. Su taller es el epicentro de la creatividad en cuanto a diseño nupcial. Y sus alianzas, unas de las más cotizadas.