Es fácil recordar cambiar y lavar las sábanas con regularidad, pero ¿qué pasa con las almohadas y los edredones? Estos elementos esenciales en nuestra cama acumulan con el tiempo polvo, células muertas de la piel y ácaros, elementos que pueden afectar tanto nuestra salud como el estado de nuestra ropa de cama. Lavar almohadas y edredones con la frecuencia adecuada ayuda a mejorar la calidad del sueño y a prolongar la vida útil de estos accesorios.
Las almohadas deben lavarse cada tres a seis meses, es decir, al menos dos veces al año. Esta frecuencia puede variar según factores como alergias, climas húmedos o uso intensivo. Las personas que sufren de alergias o asma, por ejemplo, pueden beneficiarse de un lavado cada tres meses para reducir la acumulación de alérgenos. Del mismo modo, en climas húmedos es importante lavarlas con frecuencia para evitar la proliferación de ácaros y bacterias.
Los edredones acumulan ácaros, sudor y polvo. (Nienke Witteveen pra Unsplash)
Para lavar las almohadas de forma adecuada, es fundamental seguir las recomendaciones del fabricante. Las almohadas de fibra sintética suelen lavarse en la lavadora con agua tibia y detergente suave, mientras que las de plumas requieren un ciclo delicado y un secado completo para evitar la acumulación de humedad. Las almohadas de espuma viscoelástica, por otro lado, no deben lavarse en lavadora; en su lugar, deben limpiarse con una aspiradora y un paño húmedo para remover manchas.
En cuanto a los edredones, la recomendación general es lavarlos dos veces al año, idealmente al cambio de estaciones. Esto ayuda a mantener su frescura y evitar la acumulación de ácaros y bacterias. No obstante, si no se usa una funda protectora, si se tienen mascotas que duermen en la cama o si se suda en exceso durante la noche, es recomendable lavarlos cada tres meses.
Las almohadas se manchan con el uso y deben lavarse. (Pexels/ Tatiana Syrikova)
Para lavar los edredones, especialmente los de plumas o plumón, es mejor utilizar una lavadora de gran capacidad o llevarlos a una lavandería. Además, deben secarse completamente antes de volver a usarlos, ya que la humedad atrapada podría causar moho o malos olores. Los detergentes suaves también son recomendables para conservar las fibras de los edredones y evitar el desgaste.
Incluso con un buen mantenimiento, tanto almohadas como edredones tienen una vida útil limitada. Las almohadas de fibra sintética deberían reemplazarse cada uno o dos años, mientras que las de plumas o memory foam pueden durar hasta tres años. En cuanto a los edredones, un buen edredón de calidad puede durar hasta 10 años si se cuida adecuadamente.
Es fácil recordar cambiar y lavar las sábanas con regularidad, pero ¿qué pasa con las almohadas y los edredones? Estos elementos esenciales en nuestra cama acumulan con el tiempo polvo, células muertas de la piel y ácaros, elementos que pueden afectar tanto nuestra salud como el estado de nuestra ropa de cama. Lavar almohadas y edredones con la frecuencia adecuada ayuda a mejorar la calidad del sueño y a prolongar la vida útil de estos accesorios.