El hígado es uno de los órganos más importantes y activos del cuerpo humano. Participa en más de 500 funciones vitales, entre ellas, regular los niveles químicos en la sangre, producir bilis para ayudar en la digestión, procesar la hemoglobina, sintetizar colesterol y proteínas esenciales, y eliminar toxinas del organismo. Sin embargo, cuando el hígado se ve sometido a una carga excesiva o prolongada, sus tejidos pueden empezar a deteriorarse de forma progresiva.
Si no se interviene a tiempo, ese daño puede convertirse en fibrosis, una cicatrización que altera su estructura normal y puede evolucionar hacia cirrosis hepática, una enfermedad crónica y potencialmente irreversible.
La cirrosis puede tener diversas causas, entre ellas, infecciones virales como las hepatitis B y C, acumulación de grasa en el hígado (lo que se conoce como hígado graso), enfermedades genéticas como la fibrosis quística o trastornos autoinmunes. No obstante, una de las causas más frecuentes sigue siendo el consumo excesivo y prolongado de alcohol. Según datos epidemiológicos, más de 50 millones de personas en el mundo viven con una enfermedad hepática crónica, y se estima que entre el 4,5 % y el 9,5 % de la población mundial padece cirrosis, lo que refleja la magnitud de este problema de salud pública.
El gastroenterólogo Edgmar Parra, a través de sus redes sociales, ha compartido una lista con las principales señales de alerta que podrían indicar que el hígado ya está demasiado comprometido. La primera es la fatiga persistente: sentirse constantemente cansado, incluso después de descansar bien, puede ser un signo de que el hígado no está depurando adecuadamente las toxinas.
El hígado graso es la enfermedad hepática crónica más prevalente hoy. (Foto: iStock)
La segunda es la hinchazón abdominal o ascitis, una acumulación de líquido en el abdomen típica de la cirrosis avanzada. En tercer lugar, Parra menciona la ictericia, es decir, la coloración amarilla de la piel y los ojos, provocada por la acumulación de bilirrubina cuando el hígado no puede procesarla correctamente. La cuarta señal son las alteraciones en el color de las excreciones: heces pálidas y orina oscura, indicativas de fallos en la producción y eliminación de bilis.
Ante cualquiera de estos síntomas, los especialistas recomiendan acudir al médico para una evaluación adecuada. Parra insiste en que cuidar el hígado no es solo cuestión de evitar el alcohol, sino de adoptar un estilo de vida saludable, mantener una dieta equilibrada, hacer ejercicio regularmente y realizar controles médicos periódicos.
El hígado es uno de los órganos más importantes y activos del cuerpo humano. Participa en más de 500 funciones vitales, entre ellas, regular los niveles químicos en la sangre, producir bilis para ayudar en la digestión, procesar la hemoglobina, sintetizar colesterol y proteínas esenciales, y eliminar toxinas del organismo. Sin embargo, cuando el hígado se ve sometido a una carga excesiva o prolongada, sus tejidos pueden empezar a deteriorarse de forma progresiva.