Gracias a la neurociencia, hoy en día sabemos que existen diferentes tipos de diálogo interno y que cada uno tiene una función distinta. El diálogo interno forma parte de nuestra vida cotidiana y condiciona la forma en que nos vemos a nosotros mismos y enfrentamos el mundo que nos rodea.
El primer diálogo que describe Alba Cardalda en su intervención en 'Aprendemos Juntos 2030', de BBVA, es el diálogo de identidad propia, que es el más reflexivo, el que tenemos cuando nos preguntamos quiénes somos, por qué estamos aquí y cuál es el sentido de nuestra vida. Este tipo de preguntas son existenciales y tienen mucho valor en nuestra salud mental porque nos permiten conectar con lo que somos.
El segundo diálogo es el diálogo motivacional, que como su propio nombre indica, nos motiva y nos ayuda a gestionar las emociones. Es un diálogo positivo que nos impulsa a avanzar y afrontar los retos que surgen en nuestro día a día, y es considerado por la experta como el mejor de todos los diálogos internos que podemos tener.
Después está el diálogo instruccional, que es el que utilizamos para llevar a cabo procesos, como cuando nos damos indicaciones a nosotros mismos. Este diálogo nos ayuda mucho a conseguir metas porque nos permite organizarnos y planificar los pasos que necesitamos para llegar a nuestros objetivos.
La experta señala 6 tipos de diálogo que nos ayudan a conocernos mejor. (Pexels / Gary Barnes)
El cuarto diálogo es el diálogo disociativo, que consiste en esa conversación que tenemos con nosotros mismos, pero que parece que mantenemos con muchas personas a la vez dentro de nuestra cabeza. Escuchar esas diferentes “voces” internas nos permite conocernos mejor, saber cuáles son nuestros miedos, nuestros deseos, nuestros sueños y nuestros anhelos más profundos.
A continuación está el diálogo social, que es el diálogo que todos hemos tenido alguna vez al recrear conversaciones en nuestra mente. Es ese momento en el que pensamos en lo que podríamos haber contestado a alguien horas después de que ocurriera la situación, cuando llegamos a casa y le damos vueltas a lo que pasó.
El diálogo social o disociativo son algunos de los ejemplos que señala. (Pexels / Ilya Komov)
Este tipo de diálogo social se utiliza para reducir los nervios o la ansiedad que a veces nos generan las interacciones sociales, porque nos permite ensayar mentalmente cómo podríamos haber actuado o qué podríamos haber dicho, ayudándonos a sentirnos más seguros en futuras situaciones similares.
Por último, está el diálogo compulsivo, que es la voz de nuestro peor enemigo. Es ese diálogo que da vueltas y vueltas a las cosas, que empieza a analizarlo todo, que nos hace sobrepensar cada detalle y cuestionarnos constantemente: ¿y si hubiera dicho esto?, ¿y si hubiera hecho lo otro?, ¿y si pasa aquello?, ¿y si sucede lo otro?
El compulsivo puede ser el más dañino. (Pexels / cottonbro studio)
Es precisamente este diálogo compulsivo el que tenemos que aprender a redirigir o acallar cuanto antes, porque si no lo detenemos, puede convertirse en un obstáculo para nuestro bienestar emocional y en un ciclo que alimenta la ansiedad y la inseguridad de forma continua.
Gracias a la neurociencia, hoy en día sabemos que existen diferentes tipos de diálogo interno y que cada uno tiene una función distinta. El diálogo interno forma parte de nuestra vida cotidiana y condiciona la forma en que nos vemos a nosotros mismos y enfrentamos el mundo que nos rodea.