Según diversos expertos en conducta y lenguaje no verbal, recogerse el cabello con frecuencia puede reflejar ciertos rasgos de personalidad e incluso estados emocionales. Por ejemplo, quienes optan por coletas, moños o trenzas con regularidad suelen estar asociadas a una personalidad ordenada, práctica y enfocada. Estas mujeres tienden a priorizar la funcionalidad y el control en su día a día. Además, se ha observado que muchas personas que llevan el pelo siempre recogido se sienten más seguras así. El acto de peinarse de esta forma puede proporcionar una sensación de protección, como si se tratara de una barrera simbólica que separa el mundo exterior del interior emocional. También puede denotar una necesidad de mantener todo “bajo control”, especialmente en situaciones de estrés o exposición social.
Suelen ser personas ordenadas y prácticas. (iStock)
Desde la perspectiva del lenguaje corporal, tener el cabello atado puede interpretarse como una señal de disciplina y autocontrol. Incluso hay estudios que sugieren que este tipo de peinados se relacionan con una mayor concentración y disposición para afrontar tareas exigentes, como el trabajo o los estudios. No obstante, también hay una lectura emocional interesante. Algunas mujeres recurren al cabello recogido como una forma de evitar mostrarse demasiado. Es una manera sutil de “replegarse”, de mantenerse a salvo de miradas ajenas o de esconder momentos de vulnerabilidad. Ahora bien, no hay una única interpretación universal. El peinado también está influido por modas, el tipo de cabello o la rutina diaria. No es lo mismo una coleta pulida y firme que un moño deshecho a última hora. Cada estilo habla de estados de ánimo diferentes y del contexto en que se lleva.
Así que si somos de las que no pueden vivir sin una coleta o un moño alto, quizá haya algo más detrás de esa elección diaria. Más allá de la estética, nuestro cabello recogido podría estar diciendo mucho de nosotras sin que apenas lo notemos.