Con la llegada del verano y los planes al aire libre, muchas personas optan por llevar su propia comida a la playa o la piscina. Sin embargo, el calor intenso puede jugar una mala pasada y favorecer la aparición de bacterias que provocan intoxicaciones alimentarias si no se conserva bien la comida.
Según las autoridades sanitarias como el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) y la web FoodSafety.gov, los alimentos perecederos nunca deberían mantenerse fuera de refrigeración más de dos horas, y ese margen se reduce a una sola hora si la temperatura exterior supera los 32 °C. La razón es sencilla: entre los 4 °C y los 60 °C se encuentra lo que los expertos denominan la “zona de peligro”, en la que microorganismos como Salmonella o Listeria se multiplican rápidamente.
Pero no basta con llevar una nevera: los especialistas recomiendan enterrarla parcialmente en la arena, mantenerla a la sombra y cubrirla con una toalla o manta. Esta técnica ayuda a aislar térmicamente el contenido, al reducir la exposición directa a la radiación solar y aprovechar la temperatura más fresca de la arena húmeda.
Unos vendedores ambulantes venden bebidas y bolsas de patatas. (EFE)
Además, se aconseja llevar dos neveras diferentes: una exclusiva para las bebidas, que se abre constantemente, y otra para los alimentos, que se debe mantener cerrada el mayor tiempo posible. Esta separación evita que el continuo acceso a las bebidas comprometa la temperatura de los alimentos más delicados. Otro consejo útil es usar botellas de agua congeladas en lugar de cubitos de hielo, ya que además de mantener el frío, se pueden beber una vez descongeladas, lo que permite aprovechar mejor el espacio y el contenido.
Desde la Universidad de Maine hasta instituciones como la AARP (Asociación Estadounidense de Personas Jubiladas), todas coinciden en la importancia de enfriar los alimentos desde casa y transportarlos en envases herméticos, bien protegidos y rodeados de elementos refrigerantes. También es fundamental mantener la higiene en la manipulación de la comida, sobre todo en entornos sin acceso a agua corriente, por lo que se recomienda llevar toallitas húmedas o gel desinfectante.
Con la llegada del verano y los planes al aire libre, muchas personas optan por llevar su propia comida a la playa o la piscina. Sin embargo, el calor intenso puede jugar una mala pasada y favorecer la aparición de bacterias que provocan intoxicaciones alimentarias si no se conserva bien la comida.