Javi Maeztu, experto en microbiota, sobre la jabuticaba: "Aporta vitamina C en cantidades similares a la naranja, clave para defensas y colágeno"
Su acción antioxidante resulta relevante porque ayuda a proteger las células frente al daño oxidativo y a reducir el impacto del estrés oxidativo en el organismo
La jabuticaba es un fruto originario de Brasil que sorprende tanto por su aspecto como por sus propiedades. A simple vista puede confundirse con una uva, pero al observar cómo crece se entiende por qué es considerada tan especial. En lugar de colgar de ramas, brota directamente del tronco del árbol, creando una imagen llamativa que forma parte de los paisajes rurales brasileños.
Más allá de lo curioso de su crecimiento, la jabuticaba se ha ganado el interés de los especialistas en nutrición por su composición rica en nutrientes y compuestos bioactivos. El experto en microbiota Javi Maeztu explica que se trata de una fruta con un perfil muy completo y que su consumo puede aportar beneficios en distintos ámbitos de la salud.
La jabuticaba es un fruto muy único muy conocido en Brasil. Crece pegada directamente al tronco del árbol y, aunque parece una uva, esconde un perfil nutricional muy diferente. Tiene mucha fibra, maravillosa para la microbiota. Aporta vitamina C en cantidades similares a la naranja, clave para defensas y colágeno. Su piel es riquísima en antocianinas (los pigmentos morados con efecto antioxidante): hasta 8 veces más que los arándanos (una burrada) Además contiene taninos y otros polifenoles, estudiados por su papel antiinflamatorio y metabólico. Lo mejor de todo es que está buenísima ¿La habías visto alguna vez?
Uno de sus principales valores está en la fibra. Al igual que otros frutos con piel comestible, la jabuticaba aporta una cantidad significativa de este nutriente, fundamental para el buen funcionamiento del sistema digestivo. Según Maeztu, esa fibra es “maravillosa para la microbiota”, ya que favorece el crecimiento de bacterias beneficiosas que forman parte del equilibrio intestinal y que participan en procesos clave como la digestión, la absorción de nutrientes y la regulación del sistema inmunitario.
Otra de las virtudes que destaca el especialista es su contenido en vitamina C, comparable al de la naranja. Este micronutriente cumple una doble función esencial, en el que refuerza las defensas del organismo frente a infecciones y actúa en la síntesis de colágeno, una proteína que sostiene estructuras tan importantes como la piel, los huesos, los cartílagos y los vasos sanguíneos.
La jabuticaba aporta vitamina C en cantidades similares a la naranja, clave para defensas y colágeno (Eduardo Gorghetto/Pexels)
La piel de la jabuticaba esconde quizá el aspecto más sorprendente. En ella se concentran las antocianinas, pigmentos naturales que le otorgan su característico color morado. Estas sustancias antioxidantes son especialmente abundantes en este fruto. De hecho, Maeztu señala que la jabuticaba puede llegar a contener hasta ocho veces más antocianinas que los arándanos, considerados uno de los frutos más ricos en estos compuestos. A estos componentes se suman los taninos y otros polifenoles, estudiados en distintos ámbitos por sus posibles efectos antiinflamatorios y en la regulación metabólica.
El sabor de la fruta también resulta atractivo. Su pulpa es blanca, dulce y jugosa, lo que la hace agradable de consumir fresca. En el interior guarda una semilla que no se ingiere. Sin embargo, su carácter exótico tiene una limitación importante ya que es difícil encontrarla fuera de Brasil, lo que reduce de momento su disponibilidad en otros países.
La jabuticaba es un fruto originario de Brasil que sorprende tanto por su aspecto como por sus propiedades. A simple vista puede confundirse con una uva, pero al observar cómo crece se entiende por qué es considerada tan especial. En lugar de colgar de ramas, brota directamente del tronco del árbol, creando una imagen llamativa que forma parte de los paisajes rurales brasileños.