Es noticia
Menú
Por qué debería preocuparte si te cuesta disfrutar incluso de los días buenos, según los expertos
  1. Vida saludable /
saber disfrutar

Por qué debería preocuparte si te cuesta disfrutar incluso de los días buenos, según los expertos

Los expertos advierten que esta dificultad para disfrutar no es simple desánimo, sino una respuesta del cuerpo y la mente ante años de estrés, exigencia o miedo a perder el control

Foto: No se trata de simple pereza emocional ni de una falta de gratitud, sino de un bloqueo más profundo (Helena Lopes/Pexels)
No se trata de simple pereza emocional ni de una falta de gratitud, sino de un bloqueo más profundo (Helena Lopes/Pexels)

A veces todo parece estar en orden. La rutina fluye sin contratiempos, los problemas más urgentes se han resuelto y, en apariencia, no hay motivos de preocupación. Sin embargo, algo no termina de encajar. Hay una sensación sutil de desconexión, una incapacidad para relajarse del todo o para disfrutar de los pequeños placeres cotidianos. Aunque todo vaya bien, cuesta sentirse en paz.

Muchos psicólogos coinciden en que la sociedad glorifica la productividad y la exigencia constante, y disfrutar puede convertirse en un reto. No se trata de simple pereza emocional ni de una falta de gratitud, sino de un bloqueo más profundo que involucra la forma en que nuestro cuerpo y nuestra mente se han acostumbrado a funcionar.

placeholder Leer antes de dormir puede ayudar a descansar mejor. (Unsplash/Annie Spratt)
Leer antes de dormir puede ayudar a descansar mejor. (Unsplash/Annie Spratt)

Después de largos periodos de estrés o incertidumbre, el organismo puede quedarse atrapado en un estado de alerta permanente. Durante semanas, meses o incluso años, el cuerpo aprende a responder ante cualquier estímulo con tensión o preocupación. Cuando finalmente llega la calma, esa activación no desaparece de inmediato. El silencio o la tranquilidad pueden sentirse incómodos, como si algo no estuviera bien.

Los especialistas explican que el sistema nervioso tarda en reajustarse. Cuando ha vivido mucho tiempo en modo defensa, la serenidad se interpreta como una amenaza. Aparecen pensamientos que buscan recrear el estrés perdido. Se revisa el correo una y otra vez, se anticipan problemas que aún no existen o se llenan los espacios vacíos con nuevas tareas. En el fondo, el cuerpo intenta recuperar el nivel de tensión que considera normal.

placeholder El estrés en el trabajo puede desequilibrar toda tu vida. (Pexels/ Andrea Piacquadio)
El estrés en el trabajo puede desequilibrar toda tu vida. (Pexels/ Andrea Piacquadio)

Este hábito tiene raíces biológicas y psicológicas. Las hormonas del estrés, como el cortisol, alteran la forma en que el cerebro percibe el placer. Lo que antes generaba disfrute ahora produce indiferencia o incluso inquietud. Y lo que debería traer calma se convierte en una fuente de incomodidad.

Otra de las causas más frecuentes es la autoexigencia. Desde la infancia, muchas personas aprenden que su valor depende de lo que hacen, no de lo que son. Se interioriza la idea de que descansar equivale a perder el tiempo, que disfrutar es un lujo o una muestra de debilidad. Esa creencia se refuerza con el tiempo y acaba construyendo una identidad basada en la productividad.

placeholder Desconectar y lograr así un descanso profundo. (Pexels)
Desconectar y lograr así un descanso profundo. (Pexels)

Quienes viven bajo ese esquema suelen sentir culpa cuando intentan desconectar. Su mente se llena de frases internas que cuestionan el descanso y que les empujan a seguir ocupados. Incluso el ocio se convierte en una tarea más, una actividad que debe justificarse con resultados. De este modo, el bienestar deja de experimentarse como una necesidad y pasa a ser una meta imposible.

También existen causas más invisibles que tienen que ver con la desconexión emocional. Algunas personas aprendieron, consciente o inconscientemente, a no sentir demasiado. En algún momento de su vida, apagar las emociones fue una forma de protegerse del dolor o del conflicto. Con el tiempo, esa estrategia deja de ser útil y empieza a generar vacío.

placeholder El lenguaje corporal puede revelar emociones que las palabras intentan ocultar. (iStock)
El lenguaje corporal puede revelar emociones que las palabras intentan ocultar. (iStock)

Cuando se suprimen las emociones desagradables, se atenúan también las agradables. La alegría, la ternura o el deseo se vuelven difusos. Nada emociona demasiado ni tampoco hiere del todo. Esta falta de intensidad emocional recibe el nombre de anhedonia y puede afectar la manera en que una persona percibe el mundo. Las cosas siguen ocurriendo, pero ya no conmueven.

El cerebro no olvida lo que un día le hizo daño. A veces, los momentos de calma fueron el preludio de un cambio brusco o de una pérdida. Esa asociación queda grabada en la memoria emocional. Aunque la vida actual sea estable, el cuerpo reacciona como si estuviera a punto de repetirse la historia.

TE PUEDE INTERESAR

Los psicólogos coinciden en que reaprender a disfrutar es posible. No se trata de alcanzar una felicidad constante, sino de reconciliarse con los momentos tranquilos sin sospecha ni culpa. Esto implica reeducar al cuerpo y a la mente, permitiéndoles experimentar la calma sin miedo.

El proceso comienza con gestos sencillos. Detenerse unos minutos al día sin hacer nada. Escuchar el propio cuerpo sin intentar cambiarlo. Agradecer los detalles que suelen pasar inadvertidos. Disminuir la exposición a la comparación constante que imponen las redes sociales. Y, sobre todo, aceptar que descansar también es una forma de cuidado.

A veces todo parece estar en orden. La rutina fluye sin contratiempos, los problemas más urgentes se han resuelto y, en apariencia, no hay motivos de preocupación. Sin embargo, algo no termina de encajar. Hay una sensación sutil de desconexión, una incapacidad para relajarse del todo o para disfrutar de los pequeños placeres cotidianos. Aunque todo vaya bien, cuesta sentirse en paz.

Vida saludable Bienestar Psicología
El redactor recomienda