Lejos de recomendar cantidades fijas, Molina insiste en que las necesidades de hidratación varían de una persona a otra y cambian incluso en el mismo individuo según el momento. “Depende del día, del ejercicio, de la actividad que estés haciendo, del calor y del lugar donde vivas”, explica. Por eso, asegura, algunos necesitarán más líquido y otros menos, sin que exista una cifra válida para todos.
Beber un vaso de agua contribuirá a una buena hidratación. (Pexels)
Molina recuerda que el cuerpo no tiene las mismas necesidades en todas las circunstancias. Un día de calor intenso, una jornada laboral físicamente exigente o una sesión de ejercicio aumentan la demanda de líquidos. En cambio, en días más tranquilos o con temperaturas suaves, esa necesidad disminuye de forma natural.
El mensaje del nefrólogo es claro: hidratarse bien no consiste en cumplir con un número exacto de litros, sino en aprender a interpretar las señales del cuerpo. Forzarse a beber cuando no hay necesidad puede ser tan innecesario como quedarse corto cuando el organismo pide más.