Durante años, caminar 10.000 pasos al día se ha considerado casi una regla universal para mantenerse saludable. Aplicaciones móviles, relojes inteligentes y pulseras de actividad han popularizado esta cifra como un objetivo diario aparentemente imprescindible. Sin embargo, cada vez más especialistas cuestionan que este número sea una meta obligatoria. El cardiólogo José Abellán ha explicado recientemente que los beneficios para la salud aparecen mucho antes de alcanzar esa cifra.
En uno de sus últimos vídeos divulgativos, el especialista responde de forma clara a una pregunta muy extendida: ¿es realmente necesario llegar a los 10.000 pasos diarios? Su respuesta es contundente: no. Según explica, a partir de unos 6.000 pasos al día ya se observan beneficios médicos claros, especialmente en personas mayores de 60 años. “A partir de esa cifra vemos mejoras evidentes”, señala el cardiólogo, desmontando así uno de los mitos más repetidos en torno a la actividad física cotidiana.
Los datos científicos respaldan esta afirmación. Diversos estudios indican que incluso cifras mucho más bajas pueden aportar ventajas para la salud. Entre 2.600 y 2.800 pasos diarios ya se asocian con mejoras en la mortalidad general y en la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares. A medida que aumenta el número de pasos, los beneficios también lo hacen: alrededor de 7.200 pasos diarios se relacionan con un menor riesgo de infarto y cerca de 8.000 pasos con una menor mortalidad. Aun así, caminar más sigue siendo positivo, ya que los efectos beneficiosos continúan acumulándose hasta los 10.000 pasos o incluso más.
La clave, por tanto, no está en alcanzar una cifra exacta, sino en moverse con regularidad. Organismos como la Organización Mundial de la Salud destacan que la actividad física ayuda a prevenir y controlar enfermedades no transmisibles como las cardiovasculares, el cáncer o la diabetes. Además, contribuye a mejorar la salud mental, reduce síntomas de ansiedad y depresión y favorece el bienestar general.
Las claves para decidir si salir a correr o a caminar. (iStock)
Caminar también tiene efectos metabólicos importantes. Según explica Abellán, la actividad física mejora la sensibilidad a la insulina porque el músculo —uno de los principales tejidos responsables de captar glucosa en sangre— trabaja de forma más eficiente. Este efecto es especialmente interesante cuando el paseo se realiza después de comer, ya que facilita que la glucosa entre en las células y ayuda a mantener más estables los niveles de azúcar en sangre.
Sin embargo, no basta con caminar de cualquier manera. El especialista insiste en que la intensidad también importa. Caminar a buen ritmo se asocia con mejores indicadores de salud que hacerlo de forma muy lenta. De hecho, algunos estudios han analizado formas de caminar más activas, como la conocida “caminata teabag”, que puede llegar a generar un gasto energético hasta 2,5 veces mayor que el de un paseo convencional.
Durante años, caminar 10.000 pasos al día se ha considerado casi una regla universal para mantenerse saludable. Aplicaciones móviles, relojes inteligentes y pulseras de actividad han popularizado esta cifra como un objetivo diario aparentemente imprescindible. Sin embargo, cada vez más especialistas cuestionan que este número sea una meta obligatoria. El cardiólogo José Abellán ha explicado recientemente que los beneficios para la salud aparecen mucho antes de alcanzar esa cifra.