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Emiliano Bruner, biólogo: "Hay dos tipos de soledad, y la primera es la mala"
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Emiliano Bruner, biólogo: "Hay dos tipos de soledad, y la primera es la mala"

Según explica, existen dos formas de vivirla y entender esa diferencia puede cambiar por completo la manera en que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos

Foto: Emiliano Bruner, reconocido paleoneurólogo e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). (YouTube: Alex Fidalgo)
Emiliano Bruner, reconocido paleoneurólogo e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). (YouTube: Alex Fidalgo)

La soledad suele presentarse como una experiencia incómoda, casi siempre asociada a la falta, al aislamiento o al malestar. Pero el biólogo Emiliano Bruner propone mirarla de una forma más matizada. Según explica, no toda soledad es igual y no siempre tiene un sentido negativo. De hecho, distingue entre dos formas muy distintas de vivirla, y asegura que la primera es la que más daño hace.

Bruner se refiere, en primer lugar, a esa soledad que pesa, que duele y que empuja a buscar fuera una validación urgente. Es la sensación de sentirse solo y necesitar de inmediato el respaldo, la atención o el reconocimiento del grupo. Para él, esta forma de estar solo resulta problemática por un doble motivo: porque genera sufrimiento y porque, además, condiciona la manera en que uno se relaciona con los demás.

Cuando una persona se acerca a un grupo desde esa falta, explica, lo hace desde la necesidad y no desde la libertad. Y eso puede terminar afectando al vínculo. “Me acerco desde la carencia”, resume. En otras palabras: no busco compartir, sino llenar un vacío. Y ahí es donde muchas relaciones empiezan a torcerse, porque se construyen sobre una dependencia emocional más que sobre una elección real.

Frente a esa experiencia, Bruner plantea una alternativa que no pasa por aislarse, sino por aprender a estar bien con uno mismo. Habla de una segunda soledad, una que no se vive como abandono, sino como espacio de descubrimiento personal. Una etapa en la que uno aprende a sostenerse, a conocerse y a encontrar cierto bienestar sin necesitar constantemente la aprobación externa.

Su planteamiento resulta interesante porque rompe con una idea muy extendida: la de que sentirse bien a solas equivale a cerrarse al mundo. Para el biólogo ocurre justo lo contrario. Cuando una persona deja de depender emocionalmente del grupo, puede volver a él desde otro lugar: no desde la urgencia, sino desde la voluntad. “Te puedes acercar al grupo desde la voluntad”, señala.

placeholder Sentirse solo en una relación tiene solución (Pexels)
Sentirse solo en una relación tiene solución (Pexels)

Ese matiz cambia mucho la forma de entender los vínculos. Desde esa segunda soledad, la presencia de los demás deja de ser un salvavidas imprescindible para convertirse en una elección libre. Ya no se trata de buscar que el grupo repare algo roto, sino de compartir desde una posición más estable, más sana y también más consciente.

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La reflexión de Bruner conecta con una idea cada vez más presente en el ámbito del bienestar: aprender a estar solo no significa resignarse a la desconexión, sino desarrollar una relación más sólida con uno mismo. Y eso, lejos de alejarnos de los demás, puede ser precisamente lo que permita construir relaciones menos dependientes y más equilibradas.

Su mensaje no idealiza la soledad ni niega el dolor que puede traer consigo. Lo que propone es distinguir. Porque no es lo mismo sentirse apartado y vacío que encontrar, en el tiempo a solas, una forma de independencia emocional. Y esa diferencia, aunque a veces cueste verla, puede cambiar por completo la manera en que nos vinculamos con el mundo.

La soledad suele presentarse como una experiencia incómoda, casi siempre asociada a la falta, al aislamiento o al malestar. Pero el biólogo Emiliano Bruner propone mirarla de una forma más matizada. Según explica, no toda soledad es igual y no siempre tiene un sentido negativo. De hecho, distingue entre dos formas muy distintas de vivirla, y asegura que la primera es la que más daño hace.

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