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Silvia Severino, psicóloga: "Muchas personas creen que poner límites es discutir, pero en realidad es mucho más simple"
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Silvia Severino, psicóloga: "Muchas personas creen que poner límites es discutir, pero en realidad es mucho más simple"

Poner límites no siempre significa discutir ni entrar en conflicto. La psicóloga plantea que, en muchos casos, se trata simplemente de comunicar con claridad qué te ha incomodado, qué necesitas y qué harás si eso no cambia

Foto: Silvia Severino en su vídeo de TikTok (@silviaseverinopsico)
Silvia Severino en su vídeo de TikTok (@silviaseverinopsico)

Poner límites sigue siendo una de esas tareas emocionales que muchas personas asocian automáticamente al conflicto. Decir que no, marcar una distancia o frenar una conducta ajena suele vivirse como algo incómodo, casi como si implicara discutir, enfadarse o romper una relación. La psicóloga Silvia Severino plantea justo lo contrario: para ella, establecer límites no tiene tanto que ver con entrar en una pelea como con comunicar con claridad qué no estás dispuesto a aceptar.

Su punto de partida es muy concreto. "Muchas personas creen que poner límites es discutir, pero en realidad es mucho más simple", explica. La clave, según plantea, está en dejar de entender el límite como una queja o una protesta y empezar a verlo como una decisión personal sobre lo que una persona va a permitir en su vida.

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En esa línea, Severino introduce una idea clave: un límite no es expresar lo que te molesta, sino definir lo que no vas a permitir. No basta con decir que algo no ha gustado. Lo esencial es poder expresar con claridad hasta dónde llega tu disponibilidad y qué comportamiento no vas a seguir tolerando.

Para la psicóloga, un límite bien planteado tiene tres partes fundamentales. La primera es nombrar con claridad qué ha ocurrido y qué te ha incomodado. La segunda pasa por explicar qué necesitas a partir de ahí. Y la tercera, quizá la más difícil, consiste en actuar si eso no se respeta.

Ahí es donde, a su juicio, muchas personas fallan: confunden expresar una necesidad con haber puesto un límite real. "Un límite sin consecuencia no es un límite, es solo una sugerencia". Esta idea resume una dificultad bastante común: decir lo que molesta, pero no sostener esa posición cuando la situación se repite.

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Por eso, otro de los puntos importantes de su enfoque es que el límite se valida a través de la acción, no solo de las palabras. No se trata de convencer al otro, sino de actuar en coherencia con lo que has marcado como línea personal.

También rompe con otra creencia muy extendida: que poner límites aleja necesariamente a las personas. Desde su perspectiva, ocurre algo diferente. "Las personas que respetan tus límites se quedan, las que no, se rebelan". Es decir, los límites no rompen vínculos sanos, sino que los clarifican.

placeholder Aprender a poner límites es su tarea pendiente. (Pexels)
Aprender a poner límites es su tarea pendiente. (Pexels)

Desde ahí, los límites dejan de verse como una herramienta agresiva y pasan a entenderse como una forma de cuidar el bienestar propio sin necesidad de conflicto constante. No implican discutir, sino posicionarse. No exigen controlar al otro, sino decidir cómo quieres relacionarte.

La propuesta de Severino conecta con una idea cada vez más presente en psicología: protegerse emocionalmente no siempre pasa por grandes enfrentamientos, sino por pequeñas decisiones claras y sostenidas en el tiempo. A veces, poner un límite no es levantar la voz, sino dejar de estar disponible para aquello que te hace daño.

Poner límites sigue siendo una de esas tareas emocionales que muchas personas asocian automáticamente al conflicto. Decir que no, marcar una distancia o frenar una conducta ajena suele vivirse como algo incómodo, casi como si implicara discutir, enfadarse o romper una relación. La psicóloga Silvia Severino plantea justo lo contrario: para ella, establecer límites no tiene tanto que ver con entrar en una pelea como con comunicar con claridad qué no estás dispuesto a aceptar.

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