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CASAS REALES

Los amores de verano de los Borbones durante 'los años dorados' en Estoril

Primero fue un relato sobre doña Sofía y los supuestos escarceos de su marido en La soledad de la reina. Después llegaron los sucintos Un té

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Los amores de verano de los Borbones durante 'los años dorados' en Estoril
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    Primero fue un relato sobre doña Sofía y los supuestos escarceos de su marido en La soledad de la reina. Después llegaron los sucintos Un té en el Savoy y Despídete de tu madre y serás rey, retratos del matrimonio de don Juan Carlos y de su juventud, respectivamente. Faltaban los episodios de la vida de los condes de Barcelona y el tiempo que estos pasaron en su exilio de Estoril, aunque sin olvidarse de los consabidos primeros amores del rey y de su padre, don Juan, en cuya figura se centra Estoril, los años dorados, el último libro sobre la Familia Real que ha visto la luz en lo que va de año.

    Ricardo Mateos Sáinz de Medrano, coautor de Felipe y Letizia. El compromiso real, y de libros como La familia de la reina Sofía, Nobleza obliga, o La reina María Cristina, entre otros, asegura que don Juan era “un hombre de gran encanto personal. No le faltaban algunas aventuras galantes que eran la comidilla de muchos de los que le trataron en aquellos años. Ya antes de llegar a Portugal había sentido una gran pasión por una señora griega de identidad hasta ahora desconocida y, según José Luis de Vilallonga, a poco de llegar a Estoril había tenido un lío con Zsa Zsa, una de las bellas hermanas Gabor".
    La obra justifica la debilidad de don Juan por las mujeres escudándola en la situación de desamparo y soledad en la que se encontraba su esposa, doña María, tras el trágico episodio de la muerte de Alfonsito, sumiéndola en el alcohol y los problemas psicológicos. Eso explicaría que el conde de Barcelona tuviera una "fuerte necesidad de compañía femenina (...). En años posteriores hubo otras: acaso una condesa de origen belga, una condesa portuguesa hija de una gran familia, u otra dama de su círculo cercano de Estoril. En palabras de alguien que le conoció bien, el hecho de ser un gran conquistador, pues las señoras no le dejaban tranquilo, podía hacer pasar por affaires amorosos aquello que quizá no eran sino los frutos del poder de atracción de su marcada personalidad (...). A don Juan le perseguían las señoras. Asimismo,‘Don Juan perdió la cabeza por muchas’, según afirmaba la esposa de un viejo infante español”.

    Los consabidos amores de juventud de don Juan Carlos

    El autor no ha dejado pasar la oportunidad de hacer un repaso por los primeros amores del rey, entre los que se encontraba "una Poser de Andrade, Chantal Stucky de Quay (...). A Juanito llegó a gustarle Hélène de Orleáns y hasta mantuvo un flirteo con una guapa peruana que le presentó Babá Espírito Santo. Juanito -recuerda Diane de Orleáns- gozaba de un éxito loco con las chicas. Mis hermanas Hélène e Isa estaban ciertamente locas por él".

    Con Chantal Stucky de Quay tuvo su “amor de juventud”, un romance que constituyó únicamente una “flor de un día, ya que en quien el príncipe de Asturias había posado sus ojos era en la singularmente bella y atractiva Ella de Saboya, que ya había flirteado con varios jóvenes sin llegar nunca a comprometerse a fondo con ninguno (…). No hay duda de que el príncipe bebía los vientos por aquella princesa, su gran amor, a decir de algunos, aunque ella le hacía sufrir por momentos eligiendo otras parejas para los bailes”.
    Ricardo Mateos asegura, sin embargo, que el noviazgo entre Gabriela y el rey no tuvo el alcance del que hablan los libros que se han escrito sobre este tema hasta el momento. “No hay duda de que entre ellos fraguó un noviazgo, pues él tenía fotos de ella en su cuarto de la Academia General Militar de Zaragoza, pero esta relación fue, con toda probabilidad de carácter más platónico e ingenuo de lo que hasta ahora se ha escrito (…). La propia Gabriela tampoco le da gran trascendencia al asunto, pues en el verano de 2010 afirmaba: ‘Salíamos juntos, era mi novio de juventud, un noviete (…). Yo no tenía ningunas ganas de casarme, ni vocación para ser reina. También el sha de Irán me pidió en matrimonio y tampoco acepté. Afortunadamente’, confesaba”.
    Cabe recordar, asimismo, que el Papa había vetado este último proyecto de matrimonio y que The Observer llegó a publicar que María Gabriela de Saboya también había rechazado un posible matrimonio con don Juan Carlos, una posibilidad que contaba con todas las bendiciones de don Juan, aunque encaraba toda la oposición de Franco.
    Pasado un tiempo y justo cuando la relación entre Gabriella de Saboya y don Juan Carlos daba sus últimos coletazos, el ahora rey ya había comenzado su noviazgo con Olghina Nicolis de Robilant, de la que el autor asegura que fue “un lío más que otra cosa, una tórrida e intensa relación amorosa” con una mujer "a la que había conocido una noche".
    Los rumores sobre los flirteos del rey alcanzaron también a las hijas de Isabelle de Orleáns. Y los de Gabriella de Saboya no se quedan atrás. Atribuyeron a la princesa affaires con el rejoneador Ángel Peralta, Nicolás Franco hijo o el conde Paolo Nicolis de Robilant, pariente curiosamente de Olghina, su rival en el corazón de don Juan Carlos.
    Pero quien dio más quebraderos de cabeza a los Saboya no fue Gabriela, sino su hermana Beatriz, Tití, quien llegó a protagonizar sonados y tormentosos romances. “Tití se había enamorado locamente del torero Victoriano Valencia. Pero su naturaleza posesiva hizo que su enamorado acabara dejándola por imposible. A ello siguió un sonado intento de suicidio que la prensa y las autoridades del régimen español taparon informando a la prensa que se trataba de un accidente sufrido por la princesa cuando limpiaba un arma de pequeño calibre que se disparó fortuitamente. Corrieron ríos de tinta y se habló de dos balazos, uno cerca del corazón y otro en una pierna, si bien personas que supieron de aquel asunto apuntan a que jugaba a la ruleta rusa”. Meses después, se especularía con la posibilidad de que tras el incidente y su posterior ingreso en una clínica con un nombre falso, se había refugiado en casa de los padres de Natalia Figueroa.
    Estoril, el paraíso de la realeza europea
    Si bien la obra se detiene en los primeros flirteos de don Juan Carlos y en la paciente espera de don Juan en Estoril a la espera de que Franco designara sucesor y las tensiones de los Barcelona con éste, no olvida las vivencias de los Barcelona -como serían siempre conocidos- desde que llegaran al país vecino procedentes de Lausana, bajo la falsa justificación de visitar a la familia de doña María, aunque en realidad el viaje escondía un trasfondo político y diplomático.
    Allí, don Juan, el royal que más estrechamente vinculó su vida a Estoril, se dedicó a fomentar los encuentros sociales, jugar al golf, cazar y realizar excusiones, mientras insistía en rechazar todas las atenciones que el régimen dispuso para él y su esposa a su llegada a Portugal, ya que su hijo Juanito se quedó estudiando en Friburgo, y los hermanos de éste, en Lausana, junto a su abuela paterna.
    Estoril era el paraíso de la realeza europea, un lugar diferente que carecía, no obstante, de los lujos, derroches y excesos de otros enclaves reales y por el que, sin embargo, pasaron celebridades de la talla de Sza Sza Gabor, Ortega y Gasset, Lola Flores, Pastora Imperio, Carmen Amaya, la propia Carmen Polo Franco –que les daba tratamiento de Majestad con reverencias incluidas-, Rocío Jurado, Audrey Hepburn, Gina Lollobrigida, la Begum Aga Khan, el barón Thyssen y su entonces esposa, Denise… y un largo etcétera.
    En el país vecino tuvieron lugar algunos de los grandes eventos de la Familia Real española en el exilio, como la puesta de largo de la infanta Pilar y la intención de don Juan de casarla con el rey Balduino de Bélgica, las bodas de ésta y de su hermana la infanta Margarita, o la trágica muerte de Alfonsito, sobre la que el libro cuenta que sucedió mientras éste limpiaba la pistola de su hermano, al tiempo que añade dos detalles más sobre la dramática historia: que don Juan no tuvo fuerzas para cerrar el féretro y que la nanny de Alfonsito, Anny Wicky, "casi se volvió loca" y volvió a su país de origen.
    Además de recoger los inicios de la relación de los reyes, de los nacimientos de sus hijos y de los fallecimientos de los condes de Barcelona, el libro detalla anécdotas como la broma que gastó don Juan Carlos, junto con varios de los hijos de Manuel Espírito Santo e Isabel Pinheiro –amigos íntimos de los condes de Barcelona en el país vecino y de los que don Juan Carlos se consideraba un hijo más-, cuando recogieron bosta de caballo para hacer con ella una especie de albóndigas envueltas en papel de aluminio que se parecían a un plato típico de Portugal. El presidente del país las habría probado si los bromistas no hubieran confesado su travesura.
    El libro recoge, además, testimonios de José Luis de Vilallonga y de Olghina Nicolis de Robilant, sobrina de Olga Cadaval y una de las jóvenes con las que se relacionó a don Juan Carlos, que conoció muy bien a los Saboya y fue invitada en multitud de ocasiones a Portugal.
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